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Última parte en la que se nos revelará el destino, que los dioses del Olimpo dorado han trazado, con gráficas de barras y de quesitos sobre las tiernas cabecitas de estas niñas, que recogidas en flor por sabias manos, han sido traídas a la capital ¡Como un rebaño! Y atadas con hilo invisible que no se rompe, a una fiera máquina que bebe y se deleita con su sangre.

¡Nudos que no se desenlazan! ¿Ha de aparecer en el cuarto cuarto de la hora nona el salvador de armadura brillante que lanza impolutos reflejos de sol blanco como la nieve y ciega a los villanos, que las recogerá con rasante guante de entre las fauces del dragón de lata, que cada mañana entre rugidos las -uuuUUUuuuUUUuuu- reclama?

Las que tienen que servir, cuarta y última parte.

Relatado por Xia Yan, y traducido como su chino le dio a entender por Querido Mister Holmes.

Habitualmente, estas cortesias -gritos, castigos y palizas- solo corresponden a nuestras chicas con contrato. Para las trabajadoras externas se reservan metodos más ingeniosos, como hacerles la vida imposible o encargarlas los trabajos que nadie quiere hacer, entre estas que reciben esta clase de atenciones de las capataces, las hay que para ganarse su favor les ofrecen pequeños regalos, o algo de dinero, todo para asegurarse una vida más fácil. Por supuesto para ellas, tener que dar algo del dinero que tan duramente han ganado a los encargados, es otra carga odiosa, pero para las pobres chicas contratadas, incluso esta obligación parece un privilegio de las que ellas carecen. Cuando unas amargamente se quejan de esta extorsión, las otras las envidian el derecho a disponer de la libertad de usar algo de su dinero para evitarse la furia de los capataces.

Bajo una regulación especialmente favorable y contando con con una mano de obra barata y abundante de la que alimentarse, las industrias japonesas en China crecen saludables. Si tomamos como ejemplo la gran fábrica de tejidos japoneses de la calle Fulin1, cuando en el vigésimo octavo año del reinado del emperador Guangxu los inversores de la firma Mitsui2 compraron el terreno y levantaron la primera nave industrial, dentro de ella contaban con menos de 20 mil ejes de hilado. Treinta años después se alzan seis plantas de hilado, equipadas con 250 mil ejes, cinco plantas de tejido y seis mil maquinas de estirado, todo ello atendido por 8 mil obreras y sostenidas sobre una inversión de 13 millones de dolares. Dicen que en Estados Unidos bajo cada traviesa que sujeta los raíles de sus vías férreas, está enterrado el cuerpo de uno de los obreros que las construyó, nosotros podemos decir de la gran fábrica japonesa de tejidos de la calle Fulin, que en cada una de sus bobinas de hilo esta encantada por el espíritu una de las trabajadoras que trabajó en ella.

Después de la invasión japonesa de 1932, se llevó a cabo una reforma de los planes de producción, persiguiendo una mayor productividad. El computo global de los últimos años muestra un aumento de la maquinaria y un descenso de los trabajadores empleados. Sin embargo, dentro de esta reducción del número de trabajadores, podemos apreciar un rápido ascenso en el número de las contratadas, que en la actualidad hacen un importante aporte a las plantillas de las fábricas. Contando las treinta empresas que en la actualidad producen en Shanghai y sus 84 mil empleados, descubriremos que de ellos, unas 25 mil son chicas empleadas bajo el sistema de contrato trianual.

Tecnificación y automatización, si en el pasado cada maquina de hilado del tejido era atendida por un trabajador, en la actualidad solo es necesario uno para cada fila de maquinas, si en el pasado cada obrero se encargaba de treinta órganos, cada uno compuesto por ocho bobinas, en la actualidad cada obrera se encarga de 100, en el pasado por cada cinco maquinas de tejido era necesario un trabajador, ahora solo se necesita uno por cada 20, ¡incluso por cada 30 si contamos con un trabajador capaz! En apariencia, podría suponerse que el aumento de productividad ha de suponer un aumento de salarios, ¡La realidad no es tan sencilla! Menos obreros y peor pagados obran el milagro de producir más por menos, aunque el tema de los salarios no es uno que afecte a las protagonistas de esta historia, cuanto cobran o dejan de cobrar no es asunto que les deba preocupar personalmente, ya que el salario de las chicas contratadas, pasa en virtud al contrato firmado al bolsillo de la parte contratante, el jefe de cuerda.

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Dos tazones de arroz por comida, 12 horas de trabajo, tecnificación y automatización, trabajar en la fábrica y, al volver de ella, seguir trabajando en lo que el señorito quiera mandar, esta es la vida de las cerdas como las llaman sus jefes, poco mejor que la del barro sobre que ellas pisan al caminar… Pero esta maquinaria de carne y hueso, en definitiva, no se puede comparar en calidad a las modernas adquisiciones de acero traídas de ultramar, y pocas veces llegan a cumplir la duración de sus contratos, una estimación aproximada concluye que la mayoría aguantan unos dos años de los tres firmados. Trabaja, aunque estés tan débil que no eres capaz ni de caminar, trabaja, todas igual de delgadas, todas dobladas hacia adelante, como arcos, caras miserables ¡Las muertas sirvientes! Que tosiendo, boqueando pesadamente, cubiertas de sudor frió, son arrastradas a trabajar. Por ejemplo, esa, tan delgada que da miedo, tanto que las oficiales, encargadas supuestamente de revisar el estado de salud de las trabajadoras, no se atreven ni siquiera a tocar con sus manos.

-¡Midela tú!, Es como un esqueleto, si la tengo que tocar yo, esta noche voy a tener pesadillas-

Pero la que no tiene miedo a las pesadillas es la jefa, algunos de sus amigos, asqueados por la visión de la cerda tan flaca le dicen – Hazle un favor, deja que se vuelva al pueblo-

-¿Qué deje que se marche? ¡Vale! Entonces me devuelves tú lo que aún me debe ¡Dos años de alimentación y alojamiento!- Y volviendo la cabeza clava los ojos en su chica y dice:

-¿Marcharte? ¡Ni lo sueñes! Mientras que no devuelvas lo que me debes, prefiero tener que pagar un ataúd y hacerte trabajar hasta matarte-

El salario de esa, es de 38 céntimos por cada jornada de doce horas, el año pasado gano 32 céntimos por día, haciendo la media. Después de los dos años trabajados, ya ha hecho ganar a su jefa ¡Por lo menos 230 dolares!

Otra, después de un año de esta clase de vida, con no poco esfuerzo, consiguió convencer sin que nadie se enterara a una de las trabajadoras externas de que escribiera para ella una carta destinada a su familia, suponemos que el papel, el sobre y el sello salieron de la solidaridad de alguna otra. Escrita y mandada la carta y después de pasar un mes sin recibir respuesta, medio esperanzada y medio muerta de preocupación, aún espera ver aparecer a su madre, venida hasta Shanghai para llevarla de vuelta a casa. Lo que no sabe es que esa carta acabó, por vueltas que da la vida, en manos de su jefa, que cuando vuelva hoy del trabajo la está esperando acompañada de dos de sus capataces. De un salto, con la cara roja de furia la agarra por el pelo y la emprende con una mezcla de palos, patadas, gritos e insultos – ¡Te voy a matar, puta! ¡Estas son las historias que cuentas por ahí!

-¡Tres comidas al día y así me pagas!

-¡Te voy a matar! ¡Vas a servir de ejemplo!

-¡Quien la ha escrito! ¡Habla! ¡Habla!

Todas las rodean, presenciado como corre la sangre y oyendo los gritos de una y otra empiezan a temblar… Parece que el ejemplo, realmente ha surtido efecto. Cuando se ha cansado de la paliza, la arrastran hasta el edificio que sirve como alojamiento a la familia de los jefes, donde la encerraran en algún cuarto para que reflexione sobre sus faltas toda la noche. Esa noche en los dormitorios de las trabajadoras no se escuchara un solo ruido, más que un gemido sordo, el de un ejercito de esclavas que en mitad de la oscuridad, con los ojos clavados en el techo, lamentan su suerte entre sollozos.

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La constitución del cuerpo humano es a veces una cosa realmente muy rara, por la fábrica han pasado muchachas gordas y saludables como un cebón, que en cuestión de días se partieron como una rama seca, y antes de pasar un mes ya estaban muertas. Por el contrario, esa, que ya era tan delgada que parecía un esqueleto cuando llegó, ha sido capaz de aguantar un día tras otro. En lucha contra la muerte cada minuto que pasa, aún tiene la fuerza de voluntad para seguir viva. Cada comida dos cuencos de arroz, doce horas de trabajo, entre un ruido, entre humedad y polvo, trabaja, en silencio, mecánicamente, sin parar un momento, una y otra vez, exprimiendo de ese saco de piel y huesos hasta la ultima gota de sangre y sudor que pueda quedar en su interior. Mirando a esta famélica señorita-maquinaria generadora de beneficios, no puedo evitar pensar en las garzas negras que usaban los barqueros cuando era niño, estos pájaros, que se parecen mucho a un cuervo, pasaban todo el día posados en fila sobre la borda, atados con una cuerda larga por una de sus patas a una argolla clavada en la barca. De cuando en cuando echaban a volar, para lanzarse en picado en busca de un pez y volver con su trofeo a la barca, donde el dueño mediante suaves tirones extraía de sus buches el premio. Escupir y volver a pescar, pescar y volver a escupir, después de todo un día de pesca, el dinero de la venta de los peces conseguido con su esfuerzo, no era para ellas, sino para sus dueños. A ojos de un niño, no había con ellas ningún maltrato, los barqueros se ocupaban de criarlas y las daban de comer hasta que se hartaban, pero ahora, que esta relación se ha establecido entre personas ¡Ni siquiera se toman tantos cuidados!

Para estas miles a las que se deja morir de hambre, no existe luz, no existe calor, no existe esperanza…no hay leyes ni humanidad. Solo técnica, mecanismos y sistemas, aplicados hasta las últimas consecuencias y posibilidades descubiertas en veinte siglos de progreso y ciencia, y contra los que no se opone conciencia, ni solidaridad ni protestas. Forjadas entre golpes de martillo y abrasadas por las chispas que saltan desde las urnas en las que se cuela el metal fundido ¿Por qué este calor no produce llamas? ¿Es que el fuego que pueda liberarlas se ha extinguido?

Da lo mismo, contra la llegada del nuevo día que ya se acerca, no sirve de nada oponer resistencia. Alguien habló de los cuerpos de los obreros enterrados bajo cada traviesa, yo también quería advertir a sus señorías que prestaran atención a las protestas de los espíritus encadenados a los ejes de hilado que giran y giran.

Escrito en Shanghai en 1936.

1En el perímetro donde antiguamente se situaba esta factoría, se sitúa un centro comercial, en la que entre otras marcas, tiene un punto comercial ZARA.

2Esta empresa sigue existiendo, Mitsui es uno de los mayores conglomerados industriales japoneses, su casa madre sigue siendo, como entonces, un banco de inversiones.

¡Hambre! ¡Humillaciones! ¡Horror! Arrancadas del famélico pecho de sus madres, arrojadas al metálico vientre de la bestia que se alimenta de carne ¡Humana! Es la naturaleza del lobo, del jefe al que el populacho llama cuerda, que arrastra tras si el ¡Holocausto! que ofrecerá a las chimeneas humeantes a cambio de vil metal…

¿Qué espera a nuestras niñas detrás de la puerta oxidada?

Lo hemos de descubrir en esta tercera entrega de Las que tienen que servir, tal fue narrado por Xia Yan y tal acertó a traducir su querido Mister Holmes.

Las que tienen que servir /3

Las cinco de la mañana en punto, la primera llamada a las obreras ya suena con violencia, las puertas del edificio de ladrillo rojo cubierto por techo de lata se abren, la manada de esclavas desposeídas -incluso de cadenas- entran como pollos en un corral, empujándose sin orden. Cada cual con su cartilla de identificación en la mano, hablando poco y con desgana. Pasada la puerta, la corriente humana se divide, primer grupo a la izquierda, segundo, tercer, quinto y sexto grupo a la derecha1. Antes de haber recorrido cien pasos, se unen al río de las trabajadoras no contratadas, a jornal, o externas, que trabajan con ellas en la fábrica y que también están entrando ahora. Pero aunque fluyan en la misma dirección, la división entre ellas es evidente en la ropa, que las trabajadoras a jornal llevan, más o menos, un poco más cuidada, lo normal entre estas es vestir un qipao y unas zapatillas de goma, amarillas o azules, y a las de dieciocho o diecinueve años, les gusta arreglarse con un poco de maquillaje para parecer más blancas, incluso hay la que se adorna con un ondulado de peluquería.

Ninguno de estos lujos son para las trabajadoras contratadas, que visten sin excepción ropas escuetas, gastadas y sin forma, arriba una camisa sucia de desvaído color verdoso pantano, o verdoso hoja de loto, abajo visten falda de color verdoso sauce o negro apagado, pelo largo, recogido en coletas, zapatos viejirrotos de tela basta y pies vendados según la antigua costumbre2 que impide que estos se desarrollen con normalidad, dotan a todo el conjunto de un aire trastabillante a la ida y vuelta de la fábrica.

Fuera del trabajo las dos clases raramente se mezclan entre si: pueblerinas, carentes de educación, cerebros de barro rellenos de estiércol y paja y acentos que las demás no tienen manera de entender; exceso de arrogancia, desprecio inmerecido por las otras y prejuicios inconscientes de las ciudadanas, son las razones que impiden que se desarrolle alguna cercanía entre ellas -Somos más libres que vosotras, tenemos más derechos- esto es lo que piensan algunas… aunque la libertad siempre vaya de la mano del hambre y esos derechos -a cambiar de trabajo, a pedir mejor sueldo-, nunca hayan sido usados.

El monstruo de ladrillo rojo abre la boca para recibir su alimento diario, los guardias hindus3 que vigilan las puertas de metal inspeccionan los documentos que acreditan que a la que se recibe es mano de obra certificada. A las chicas contratadas les basta con enseñar una cartilla de identificación impresa, las trabajadoras externas deben añadir a esta cartilla un permiso de trabajo con fotografía. El uso del permiso de trabajo es un requisito impuesto tras el incidente -que recibió el nombre de rojo– de hace una década, cuando todas las fábricas de tejidos de Shanghai se pusieron en huelga. Esta medida de seguridad es única de las factorías japonesas. Tanto en los telares chinos como en los ingleses es normal que los familiares de los trabajadores les sustituyan usando su cartilla de identificación cuando estos deben ausentarse, ya sea para estudiar o para cerrar algún negocio y en el interior de la fabrica no es raro ver a los hijos, de cinco o seis años, trabajando junto a los padres, aunque por supuesto estos “becarios” no reciben ningún salario.

Telares produciendo rollo tras rollo de tejido, lineas de producción que tejen y tejen medias, incesantes al servicio de la felicidad satinada y confortable del consumidor, pero -¿Y el proceso?- Convertir el algodón en dinero, no tiene nada de feliz, ni de satinado, ni de confortable. Ruido, polvo y humedad, estos son los tres compañeros y las tres amenazas de las trabajadoras.

Los pasajeros del tranvía, a su paso por Yang Shupu pueden escuchar a su izquierda y derecha, procedentes de las fábricas textiles, una especie de shashashasha como de lluvia cayendo sin parar, mezclado con un longlonglong que recuerda al sonido de un trueno, según nos acercamos la violencia del sonido crece y crece ¿Llegara a parar?… No, seguirá atontando, entumeciendo sus tímpanos, el ladrido de los motores, el golpeo de las cintas sobre el algodón, el ruido del giro de los ejes, el rechinar de las ruedas dentadas, empujándose unas a otras… Sonidos chirriantes, martilleantes, rechinantes, perforantes forman un magma igigcrucruchukluduble que parece como que extrae todo el aire del interior de la nave, que absorbe todo el espacio haciéndola más y más pequeña y aplastando a sus ocupantes contra el suelo.

Las capataces y las encargadas, cuando quieren dar sus ordenes a las trabajadoras, no usan palabras ni gestos, solo el sonido de los silbatos que sujetan en la boca es capaz de romper el velo de ruidos nerviosos que cubre a las que trabajan entre las máquinas

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El polvo. Entre la limpieza y tejido del material se provoca el vuelo de incontables partículas y fibras de algodón, las chicas que barren el suelo lo hacen con escobas que, cubiertas por trocitos de algodón, acaban pareciendo fregonas. Las que andan entre los callejones -así se llama el espacio entre las lineas de máquinas de hilado- lo hacen como en una fina nevada que vuelve a cubrir el suelo nada más acaban de barrer. En la zona de apertura, ablandado, limpieza y cardado de los fardos de material… el trabajo aquí consiste en la apertura a mano de las grandes balas de algodón, en despojarlas de toda la materia no aprovechable y en esponjarlas a golpes. En las fábricas japonesas a este tipo de labor se destina casi exclusivamente a las señoritas contratadas, porque estas son las únicas obedientes, las únicas que hacen un trabajo que todas las demás se niegan a hacer. Aquí da igual la ropa que vistan, que en un momento acabara teñida de color blanco sucio. Los demonios del algodón, amantes de atormentar a los humanos, juegan a meterse en todos los agujeros, no respetan ni nariz, ni orejas, ni boca, ni ojos; cubren las pestañas, las cejas y el pelo de las que se atreven a entrar en su reino. Lo normal entre las chicas dedicadas a esta labor es no tener buen aspecto y los expertos dicen que la razón es que por cada semana de trabajo, se calcula que se acumula en los pulmones algo más de un gramo de este polvo textil.

La humedad, el último de los tres tormentos de las trabajadoras, amenaza especialmente de aquellas que trabajando en la zona de estirado y tejido de la tela, pasan todo el día entre paredes cubiertas por moho amarillo y una atmósfera saturada de vapor de agua. De acuerdo a las características del material, en el que grado de humedad es directamente proporcional a capacidad tensil, o por decirlo sencillamente: cuanta más humedo el hilo se rompe con menos facilidad, en cada uno de los trenes de hilado se instala un vaporizador y sobre las cabezas de las máquinas tejedoras se equipa una boca que expulsa sin pausa una niebla que lo cubre todo. Si estiramos el brazo no vemos nuestros propios dedos, incluso si tenemos a alguien enfrente ¡Tampoco lo podremos ver! Cualquier arañazo, herida, incluso una picadura de mosquito se ulcera con facilidad. Como es trabajar aquí en pleno verano, cuando la temperatura alcanza en el interior los 45 grados, no es fácil de imaginar para los que no hemos tenido que hacerlo.

Nos habremos hecho una idea del desgaste sufrido por cualquier mecanismo de carne y hueso obligado a trabajar bajo estas condiciones, especialmente en el turno de noche, en el que a estas amenazas artificiales para el correcto funcionamiento se le une la natural del sueño. Por supuesto, ni el cansancio ni la somnolencia tienen cabida en la fábrica moderna, y son evitadas por la vigilancia feroz y la pronta represalia sobre la que, por falta de concentración o esfuerzo, permita la rotura de una pieza de tela, coloque incorrectamente los carretes de hilo o sencillamente permita una acumulación de material en su puesto. Hay que decir que en estos últimos años, las palizas han ido reduciéndose gradualmente, pero este avance solo ha beneficiado a las trabajadoras externas, ya que estas pueden devolver golpe por golpe el castigo que sufren dentro de la fabrica en el exterior de ella, con la ayuda de unos amigos y familia siempre dispuestos a corregir los excesos de carácter de sus superiores. Pero las chicas contratadas carecen de amigos, o de ayuda, y cualquiera puede abusar de ellas, cualquiera puede maltratar a este escalafón de lo más bajo entre lo bajo, y estas se convierten en el objetivo del genio y las amenazas y los golpes de los capataces y de las jefas.

En la fábrica para penalizar la indolencia entre las trabajadoras, se cuenta con estos tres tipos de medidas: castigo físico, multa o despido temporal. Para los dueños de las trabajadoras contratadas los dos últimos tipos de castigo resultan en una merma de sus ganancias, cada multa repercute en sus beneficios y el despido temporal no solo supone el cese de ingresos, sino la carga de seguir alimentando -un cuenco de arroz por comida, tres comidas al día- a la parada. Ni que decir tiene, los jefes de cuerdas de trabajadoras contratadas prefieren que se aplique entre sus chicas el primero de los métodos de castigo, la paliza. Cuando visitan al director de la fabrica en las fiestas de fin de año, tras la entrega de regalos, los cuerdas piden muy educadamente que esto se tenga en cuenta.

-Por favor, hágase cargo de mi situación, si mis chicas se portan mal, péguelas, si las tiene que matar a golpes, mátelas, pero hágame este favor, no las multe, y por lo que más quiera, ¡No me las deje sin trabajar!-

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Si hay que matarlas a golpes, mátalas. Bajo estas circunstancias, las muchachas reciben palizas un día sí y otro no. En cierta ocasión, una de las contratadas a la que las reprimendas no habían conseguido remediar de su reiterada falta de esfuerzo, estaba siendo golpeada por los capataces… En aquel momento quiso la fortuna que una señorita de ultramar, familia del dueño japonés de la fábrica, se encontrara de paseo en la factoría y sorprendida por la saña con la que se golpeaba a la pobre chica, afeo la brutal conducta de la jefa de planta. Quien sabe si aquel tipo de castigo tan poco civilizado la disgustara, quien sabe si quería educar a sus subordinadas en métodos punitivos apropiados, acercándose en persona hasta la pobre tirada en el suelo, puso su mano en la oreja de esta y de un tirón la obligó a arrastrarse hasta la toma de agua más cercana y la hizo quedarse en pie, cara a la pared. La jefa las seguía obedientemente y rauda comprendió que es lo que se esperaba de ella, agarrando una de las tapas del hidrante que estaba abandonada en el suelo.

-Esta señorita no se comporta nada bien ¡Que vaga!- Declamó la japonesa entre carcajadas. A lo que la jefa respondió, con tono y porte de institutriz aprendidos con objeto de complacer a su ama -Sostener esta tapa sobre su cabeza la enseñara que no se debe remolonear en la labor-

Este castigo, adecuado en una fábrica civilizada, puede alargarse durante más de dos horas, en las que no se permite ningún movimiento, y que son restadas del salario diario, si esta reducción de los ingresos es castigada por su jefe con una nueva paliza, eso es asunto de cada cual…

¡Oh cruel Edipo de metal! Mecánico mecanismo obsesionado por destruir la semilla que te ha engendrado, así esclavizas a las débiles y a las desesperadas.

Dulces corderitas como pompones de algodón ¿Podréis dormir al fin? ¿Seguiréis trabajando en sueños, turbina tras turbina tras turbina os turbarán aún en brazos de Morfeo?

De todo lo que las depara su destino daremos cuenta en el próximo, y último, capítulo de Las que tienen que servir, el desenlace que no se querrán perder del folletín que sus amigas se arrepentirán de haberse perdido.

¡Les esperamos!

1Si, no hay cuarto grupo, el cuatro es un numero de mal augurio para los chinos ya que en su idioma cuatro si4 suena muy parecido a muerte si3.

2El vendaje de los pies, para conseguir lo que se llamaba pies de loto, fue una costumbre que se llevo a cabo entre familias campesinas hasta el siglo XX, dicha modificación corporal por un lado aumentaba el valor, como objeto de casamiento, de la niña y por otro era un vestigio de unos días de cierta prosperidad hace mucho tiempo pasados.

3En el Shanghai colonial, y supongo que por influencia inglesa, era de buen tono contar con hindúes como guardias de seguridad en la entrada de fabricas y otros edificios, su fiera estampa tocada con turbante y barba dejaron una profunda impronta en el imaginario shanghaines.

Bien hallados, señoritos.

En este su blog, anunciamos complacerles con estreno de arrelatatada miseserie, que sin movernos sobre el mar, viajamos un siglo atrás en un DeDorian Grey, retrato del capital sin mascara de niu dial, de un Shanghai imperial, concesión internacional. Contemplamos, las miserias del pasado, ¿Presienten su conjugación presente? Acertaran, al concluir, que el futuro ya hubo estado.

Cuando lo futuro y el pasado que se cogen de la mano, entre chimeneas y humo describen un claroscuro de vidas de baratillo, producidas a porrillo en maquiladora infame, el foxcomm de los mil años que ríe que ríe desde su trono construido con mil manos de sangre, de sudor y lloros, vidas pagadas al peso y sueños que solo quedan en eso. Esclavos de deudas antepasadas y de postales del mañana, ayer, hoy y pasado, suena esta canción de nana, con la que bebotes convierten, gordos rostros sonrientes, a su reflejo enfrentados…¡Lean y conozcan hermanos!

Las que tienen que servir, folletín por entregas.
Traducido de aquella manera del original(包身工)de Xia Yan por su querido Mister Holmes.

Ya estamos a mediados del cuarto mes, como se contaban antes, 4 de la mañana y cuarto, cuando el lucero ya ha desaparecido entre las débiles nubes que pasan y es la hora en que las celdas, como de colmena, del taller empiezan a, crep, crep, crep, crep, crepitar.

Cortando ya, fuera de la cama, levantaos.

Grita como enfadado un hombre vestido con unos pantalones casi cortos y una camisa de verano, da igual que sea invierno, otoño o primavera.

Tú, a la cocina, ¿Como, aún tumbadas en la cama? Venga, arriba cerdas.

En el cuarto del taller de dos metros de ancho y cuatro de largo, en el que seis o siete cerdas se tumban de cualquier manera, entre ruidos amenazantes, olor a sudor, a excrementos y a humedad, se levantan rápidas y agitadas, como si fueran abejas al notar que alguien está moviendo su colmena. Suspiros, bostezos, encuentra la ropa, ponte por equivocación los zapatos de otra, sal entre los gritos de los cuerpos que vas pisando y mea en el orinal que está a menos de un pie de las cabezas de las que aún están tumbadas. La timidez que atribuyen los mayores a las niñas, entre estas, a las que llaman cerdas, hace mucho que se ha perdido. Se pelean por el orinal, los pantalones en la mano, salen medio desnudas, se visten delante del hombre y de todas, solo cubriéndose un poquito.

Este hombre, que entrando en las habitaciones, vigorosamente despierta a las más perezosas a patadas, de un salto se planta en la escalera y grita en dirección a la piara que aún está en el piso de arriba.

-Ahora veréis, ¿Todavia no estáis de pie? Bichos perezosos ¿Hoy habéis decidido despertaros a mediodía?-

Una maraña de pelo, un pie sin zapato, abotonándose la camisa con una mano, quitándose las legañas, los bichos pasan, lanzándose escaleras abajo. Llegan a unos grifos, en los que una multitud de ellas ya se está empujando y dando codazos, se restriegan la cara con un poco de agua. Aquella a la que han llamado tú da, nerviosas vueltas a unas gachas de arroz, que calienta en una gran olla, y cuando un humo espeso empieza a salir de ella, comienza a toser violentamente. Tendrá quince o dieciséis años, y porque cuando nació sus brazos y piernas eran tan delgados, sus padres la llamaron junco ¿Pero qué más da, si eso, ademas de la jefa, no lo sabe nadie?

Esta es la fábrica japonesa de tejidos de la calle Fulin, Yang Shupu, ciudad de Shanghai. Delimitado su perímetro por un rectángulo de muralla de ladrillo rojo, aislado del mundo, bien definidos sus bordes, que se encuentran situados entre un canal de agua y una acumulación larga y estrecha de viviendas. A cada lado ocho filas, cinco bloques en cada fila, hacen un total de ochenta barracones de dos pisos que recuerdan al paseante a un palomar, entre arriba y abajo cada barracón contiene unas 30 de las que la jefa llama, unos días bichos y otros cerdas. Así que, si no contamos a las jefas, a los jefes, a la familia, a los capataces de camisa de verano y a los que vigilan en la puerta, dentro del perímetro de la muralla de ladrillos vivirán, unas 2000 cerdas que, vestidas con harapos, fabrican la tela con la que se hará la ropa que vestirán otros.

Pero ni cerdas ni bichos es su nombre oficial. De acuerdo a los papeles, estas son trabajadoras contratadas, unidas por acuerdo de fabulosa especie a un jefe, convertido en virtud a estas misteriosas artes en dueño y señor de lo que llaman una cuerda de obreros, y al que por este nombre se conoce.

Cada año, especialmente en época de sequía o durante las inundaciones, estos cuerdas, cuyo honor y sustento en la vida es el ser hombres y mujeres de confianza del empresario extranjero, recorren de propio pie o destinan embajadores a visitar las zonas afectadas por la catástrofe, que en muchos casos conocen bien por haber venido, en primer lugar, ellos desde ellas a la gran ciudad, y en segundo, por haber sido allí donde durante años han pulido unos picos de oro capaces de convencer a los brutos de que este trozo de madera que ve, en realidad está hecho del más precioso metal, boquitas con las que cosechan el preciado fruto, entre unos paisanos sin fuerzas para criar a sus hijos y sin valor para dejar morirlos de hambre.

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Y me quedo corto, residencias construidas al estilo occidental, todos los días carne y pescado, descansando todas las semanas, y no un día, dos como se lleva en el extranjero, no vean como se lo va a pasar, edificios de treinta plantas, autobuses de dos pisos, de todo, de to do, que no vean lo que traen de más allá del mar, que cosas más bonitas como no las había visto yo en la vida, ni se lo imagina, que ingenio, que inventiva ¡Paisano! Usted también debería ir a verlo, por lo menos una vez en la vida.

Mire, firme aquí y me ocupo de ella tres años, el dinero que ganen se lo traen de vuelta, a dólar1 el día que trabajan, haga cuentas, a esa ni aunque me lo pida de rodillas, a usted se lo ofrezco porque somos como parientes, vaya, que hay confianza.

Me la llevo y…. ¿Qué problema podría haber? Ya me conoce, aquí estoy como en mi casa, y para lo que necesite aquí me tiene.

Mientras así hablan, la pobre chica que les escucha mientras muerde unas hierbas, o un trozo de corteza, o cualquier cosa con lo que se le ocurra engañar el hambre, no dice ni pío, no vaya a ser que sus padres se acuerden de culparla de todas sus desgracias. Y así, redactado el contrato del trabajador, queda firmado con una cruz, los gastos ascienden a 12 dolares, aquí lo pone, la duración de tres años, aquí, se incluye la formación, el alojamiento, el transporte, y dios no lo quiera, cualquier gasto por enfermedad o fallecimiento del trabajador, primero me paga 10 dolares, que lo demás ya lo podremos arreglar siendo como somos casi parientes.

Trato hecho y pierda cuidado, que ningún problema puede haber habiendo firmado un contrato.

Las 2000 contratadas de la fábrica de la calle Fulin, se reparten entre algo más de 50 cuerdas, a los que obedientemente sirven como herramientas de generación de ingresos. Consecuentemente, el número de trabajadores de su cuerda también sirve como símbolo de estatus y representación del bienestar y el triunfo empresarial de cada uno de los jefes. Los que menos, se tienen que conformar con treinta o cuarenta, los que más, exhiben sus cuerdas de más de 150 trabajadores. Estos últimos, los peces más gordos, también se dedican a la extensión de prestamos, a la inversión en bienes inmuebles, la construcción, la gestión de casas de te, saunas, peluquerías y compra ventas de toda clase.

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La empresa de tejidos japonesa, alquila a razón de 5 dolares al mes cada uno de sus barracones a los jefes, los jefes dentro de estas residencias de estilo occidental, que recuerdan a palomares, instalan unas 30 de sus máquinas-herramienta semovientes de generación de ingresos, estas residencias no cuentan con lo que en las viviendas normales de similares proporciones se conoce como puerta principal, sino una pequeña puerta como las que se suelen usar como puertas traseras. En las columnas que la bordean, se clava un tablero de madera sobre el que se escribe, usando caracteres extranjeros “Chen Yongtian, Taizhou”, “Xu Fuda, Weiyang” o como sea que se llame el arrendatario y cual sea su lugar de origen. Sobre la puerta, acostumbran a pegar pegar carteles de papel color rojo como los que se usan en año nuevo, sobre los que se recortan lingotes, trigramas y otros símbolos de buen augurio entre frases auspiciosas… “El bisabuelo Jiang2 vive aquí y perdona todas nuestras ofensas”… “Caminamos por el camino de la virtud3 y nada entorpece nuestros pasos”… Que no se sabe si son signo de orgullo dirigido a otros o de sarcasmo contra si mismos…

Sucio, miserable laoban ¿A que sevicias y vicisitudes someterás a nuestras queridas señoritas?… Pobres chicas ¿Habréis de conocer la prosperidad, la felicidad y los autobuses de dos plantas?

Descubranlo, mis queridos, en el próximo capitulo de Las que tienen que servir, el folletín favorito que les ofrece su blog preferido.

1Lo que traduzco como un dólar en realidad se refiere en el original como un yuan extranjero, medida de valor más o menos fijo que incluía todas las monedas acuñadas en plata de similares medidas que circularon por Shanghai a principios de siglo, las más habituales eran el dólar y la libra de comercio internacional de la ceca de Borneo. Los diferentes gobiernos provisionales que se establecieron tras la caída de la House of Qing también acuñaron monedas de similares características, cuyas imitaciones se pueden encontrar en cualquier puesto de antigüedades de la ciudad.

2Figura mística, basada en sabio de carne y hueso, arquetipo de la benevolencia al que se le invocaba para perdonar todas las ofensas y violaciones de las buenas costumbres que el invocante hubiera podido cometer

3 Se refiere a li (礼) el código de conducta y etiqueta establecido por la escuela de Confucio.

Muchas veces cuando los privilegiados laowais culogordo emigramos, o nos emigran, aquí al Mandato del Cielo, venimos con una serie de imágenes y clichés en la cabeza importados de distintas películas, libros y productos culturales. Cada culogordo tiene su lista y es el propio País del Centro y sus habitantes  y costumbres los que se ocupan  de desmentir o confirmar estas ideas con mayor o menor dureza.

Por ejemplo, no es raro encontrarse aquí a laowais culogordo, (normalmente varones cisgénero heterosexuales, a partir de ahora LCVCsH) que después de consultar un par de foros de internet, viajan ilusionados  al Zhong Guo pensando que esto va a ser como un vídeo de Biggie Smalls, con la gente ofreciéndoles billetes de 100 yuanes por su cara bonita y un montón de chinas faldicortas y despatarradas esperando que las impregnen, biológicamente hablando. Sobra decir que la realidad no es así, ni mucho menos, y la carita de decepción y los comentarios en consecuencia van de lo risible a lo directamente grotesco, pero de esto, del infame Bar Rouge y de las moscas y la mierda y la fauna que comenta en shanghaiist hablaremos más a fondo otro día.

Al tema. En mi lista de clichés culogordo particular hay un poco de todo:  El Imperio del Sol y todos los libros de memorias (bueno, todos los libros en general) del gran JG Ballard; los cómics sobre las aventuras asiáticas de Guy Delisle (en concreto Shenzen y en menor medida Pyongyang); La Linterna Roja de Zhang Yimou; el pabellón chino de la Feria de Muestras de Gijón; el Nihao y el ChinoPlazaEspaña de Madrid, con sus fabulosas empanadillas; El Último Emperador de Bertolucci, Blade Runner, El expreso de Shanghai, el rollo expat asquerosete de Los Nombres de Don DeLillo…

Pero la perla de la corona y niña de mis ojos, en lo que a prejuicio chinófilo se refiere siempre ha sido y siempre será la tienda del dueño original de Gizmo en Gremlins I. No sé si os acordareis de ese sótano de iluminación tenue lleno de trastos de inspiración Ming y cosas raras, con su dueño opiómano y tuerto y su becario de ocho años de edad, a mi me vuelve loca.

En el año y pico que llevo aquí en Shanghai, en general me he encontrado mucho más Ballard del que imaginaba y bastante más DeLillo del que me hubiese gustado, la dosis justa de Blade Runner y de Shenzen (de momento y gracias a CROM) y toneladas de deliciosas empanadillas y otros manjares, pero eso si, muy, muy poco rollo Gremlins, y a la Niña Gafotas Interior, con su debilidad por lo fantástico-sobrenatural la tengo algo decepcionada, porque venirte a la otra punta del mundo, a la patria de los Mogwai y el misterio oriental para encontrarte un Zara detrás de otro… pues ya me diréis.

Por suerte para ella, hace un par de semanas hicimos una pequeña excursión al Kai Xuan Men Dasha, que es un sitio que aunque tiene de Ming lo que yo de rubia y está desde luego, bien iluminado (muy a la china, con neones de esos cegadores que hacen que la gente tenga la piel verde) desde luego está lleno de cosas MUY raras, por no decir rarísimas, y mas chinas y misteriosas que el culo del Gran Timonel. Bienvenidos, señoras y señores al Mercado de la Salud y el Juguete Sexual de Shanghai

El edificio, desde fuera, con su forma de U invertida, no anticipa en absoluto las maravillas que nos vamos a encontrar en el interior. El vestíbulo, con sus floripondios y su suelo lleno de serrín recordaba vagamente al que sale en Dawn of the Dead, la de Romero, o a cualquier otro centro comercial chino sólo que mucho mas sucio, pero en cuanto te pones a dar vueltas por las tres primeras plantas…

Sacos llenos de pétalos de flores secas para infusiones,de todos los colores imaginables, setas desecadas del tamaño de la palma de mi mano, lagartos listos para infusion, penes de ciervo, estrellas de mar, todo tipo de vegetales secos llenando sacos a rebosar, frascos con bichos raros en formol, astas de animales desconocidos, pequeños moluscos y raices y cortezas sumamente misteriosas, caballitos de mar secos… Todo a mayor gloria de la virilidad, fertilidad, potencia y calidad de los diversos aspectos de las artes amatorias. Como una enana me lo pase.

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En la cuarta planta, estaba la zona moderna del asunto. Detrás de un enorme cartel que decía, “niños no” se escondían toneladas de ropa interior sexy de ínfima calidad, disfraces diversos, dildos y similares de todos los colores y formas imaginables, algunos con un packaging muy divertido, como vereis a continuación, y una asombrosa cantidad de artículos BDSM, látigos, esposas, elementos restirctivos, fucking machines, y bueno, de todo un poco.

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Aunque la iluminación recordaba vagamente a la difunta Librería Sexológica de Madrid, el ambiente en general se parecía bastante mas al de cualquier mercado chino, como el de mascotas de Xizang Lu o el de ropa de Qipu Lu aunque con menos afluencia de público (gente pegando voces, mercancía amontonada, batiburrillo de chismes llenos de polvo, señoras haciendo punto, regateo salvaje…) que al de cualquier sex shop al uso, vamos, que no había señores furtivos, ni tufo a ambientador de fresa, ni desde luego vibradores caros expuestos en elegantes vitrinas con amables dependientes. La visita merece la pena, aunque no seais fans de los Gremlins y si en algún momento pasáis por aquí, os recomiendo que os acerquéis a echar un vistazo y comprar un té de lagarto, un poco de hongo tibetano o un gigantesco vibrador fucsia. Aquí tenéis la dirección.

NOTA: Como se que me lo vais a preguntar: SI, me he comprado algo, en concreto un disfraz de ninja sexy, compuesto por un bañador de manga larga y capucha que deja los ojos al descuberto y unos nunchakos, todo de riguroso plástiquillo negro. Costaba 10 euros y no pude resitir la tentación, que queréis que os diga. Y NO, no voy a subir fotos de como me queda puesto, así que menos cachondeo, que nos conocemos.

Querido blog.

Hoy te hablaré de los nombres de Shanghai.

¿Cómo que qué que nombres?

¿Acaso desconoces, oh mi blog, que la bella Shanghai no solo es famosa por muchas otras cosas bellas, si no que además lo es por sus bellos nombres?

Eso no esta bién ,no señor, sed  tan amables mis queridos, de convenir en que me solace en tratar de deleitaros, explicando aquí en extensión e intensión los nombres, pues tiene varios, de la ciudad en la que vivo. Cultivando mi blog y cultivandoos a vosotros, si se me permite expresarlo en estos terminos, en estas sucias palabras que me impiden acariciar vuestras almas de hortalizas llenas de pepitas.

El dao, que es el camino, nos da a conocer que el uno engendra al dos y que el uno es del dos como el dos lo es del tres. Pero son los nombres de Shanghai cuatro y no tres .

Y sin más dilación.

Primer nombre de Shanghai: Shanghai 上海.

Antiguamente, es decir hace mucho, mucho tiempo, lo que hoy conocemos como la más populosa urbe del orbe eran en todo lo que alcanza la vista sembrados y más sembrados, y entre sembrado y sembrado, pequeñas aldeas que hacían vida pequeño-aldeana, sencilla, pequeña y rural.

Una de ellas, conocida como Shanghai, habría por ser la más pujante, de ser la que se convertiría en el núcleo sobre el que se desarrollaría la ciudad amurallada de Shanghai, semilla de donde hoy vivimos.

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La flor floreció  donde hoy se situan los jardines Yu1, el templo de los dioses de la ciudad y el templo de Confucio. Es decir, al sur del Bund. De aquella muralla se conserva hoy una pequeña parte. Pequeña parte que se puede visitar, como se puede visitar el  pequeño templo daoísta a ella adjunto.

Quien tuviera curiosidad por comprobar lo pequeño que este templo es, facilmente podría hacerlo, dirigiendose justo detrás del famoso mercado de grillos, peces y otros bichos situado en Xizang Nan lu (calle Tibet sur en nuestro idioma). Citado mercado tiene enfrente otro mercado, especializado en antiguedades falsas, que también merecería vuestra visita. Cerca , muy cerca, en los alrededores del templo de Confucio, se situa aún otro mercado, en esta ocasión de japonesaditas. Ver a la chavalada china en pleno delirio consumista y comer los mejores xiaolongbao de todo Shanghai son sus dos principales atractivos.

Dentro de la misma zona, esta vez en las calles que rodean al primero de los citados mercados, dispondreis de una concentración de pequeños restaurantes y puestos de comida en la que que se pueden degustar, entre otras cosas deliciosas, los mejillones más grandes del mundo. Tan grandes que no casi no caben en los pequeños restaurantes de grandes.

Haceos un favor con esta excursión y pasad con ella el perfecto día Shanghai.

Recuerden, Xizang Nan lu en sus 400s y pico está el mercado de grillos, peces y otros bichos, saliendo desde la Plaza del Pueblo y yendo hacia el más alla o si no buscando en los alrededores del metro Laoximen, que en chino significa vieja puerta del Oeste, por si os lo preguntais.

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Antes de que llegaran los laowais culogordos, esta ciudad era pequeñita, pequeñita, comparada con Nanjing, Suzhou y Hangzhou, apenas una cagada de oveja. Los antiguos shanghaineses y su ciudad eran conocidos por su producción de sal y su pescado y su marisco. Sus platos típicos de la cocina local2 son mis testigos, en ellos es habitual encontrar encurtidos y su pescado y su marisco, destacando el cangrejo peludo como su más famoso ingrediente. De exquisito sabor y suave carne que se derrite en tu boca y la llena de sabor, sabor a mar o sabor a algo parecido. O sabor a yodo, como dirían otros, que gustan del sabor a yodo y de degustar, tras sus comidas, una copita de betadine, que mejor digestivo de ayodado sabor ¿no?

Recordad, cangrejo peludo, mao2xie4 en chino mandarín.

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Y esto tiene mucha  relación con el tema que hoy nos reune, querido blog. Los antiguos shanghaineses eran pescadores y todos los días se iban a pescar y cuando abandonaban su casita lo hacían con un shanghe, que quiere decir literalmente subo al mar, Shanghe, no por casualidad, es como se dice Shanghai en shanghaines.

Segundo nombre de Shanghai: Haishang 海上.

Alguien debió pensar que voy a pescar no era el nombre más poético para la más poética de las ciudades y descubrió que, con una simple inversión de caracteres se podía convertir en sobre el mar ¿No es maravilloso el chino? De tal manera que alguna vez podreis ver 海上 u oir Haishang. Por ejemplo, en el documental que sigue a James Ballard por la ciudad de su infancia.

Luego, más adelante, habrían de llegar gentes barbaras y malolientes de más alla del mar, los franceses. Y decidirían apelar a nuestra querida Shanghaihaishang con nombres que ellos creían poéticos y evocadores de mares lejanos y bisutería barata. Pasare sobre el tema de puntillas, o mejor, no pasare en absoluto, que es lo mismo que pasar totalmente.

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Tercer nombre de Shanghai: Hu 沪.

Aún más antiguamente, es decir hace mucho, mucho, mucho tiempo, los aquí habitantes ya se dedicaban a pescar. Uno de sus métodos era usar una jaula de bambú, en la que el pez podía entrar pero de la que no podía salir. El nombre de esta jaula era 沪, y el nombre de esta jaula pasó a convertirse en el nombre de toda la zona donde se utilizaba, es decir el del de hace mucho, mucho, mucho tiempo aquí.

Hu es una jaula de bambú en la que se puede entrar pero no se puede salir, y aunque Shanghaihaishanghu no está hecha de bambú, para que los que sepan ver vean, se nos recuerda cada día este segundo, tercer o primer signicado de aquel significante.

En las trampas para moscas y mosquitos, que siguen funcionando con el mismo principio que aquellas jaulas.

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En las matrículas de los coches,  沪 es el distintivo que en ellas distingue a los matriculados aquí. Y sin duda los atascos de las 8 saben diferente cuando miras  y sabes lo que los antiguos ya vieron.

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A quien de esto se olvide, sus habitantes se lo recordaran, pues ellos sí recuerdan que pescadores, siguen siendo pescadores, a veces de peces, pero no solo de ellos. Y su aparente apatía solo es paciencia de pescador y el efecto de la concentración de sangre en las sinapsis encargadas de tramar como aliviar la pesada carga de vuestro dinero, que es al fin y al cabo, el principal objetivo de su pesca. Maravillosa, maravillosa ciudad y maravillosas gentes, transparentes y turbias a la vez.

Hu yo te saludo.

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Cuarto nombre de Shanghai: Shen 申

Aun aún más antiguamente, es decir hace mucho, mucho, mucho, mucho tiempo, los ya pescadores de lo que daré a llamar el centro del mundo, por ser donde yo vivo, no vivían en aldeas, sino que lo hacían en villorrios.

China no era entonces un país de países, como diría el pablo exterminador.

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Mi pequeño homage to Spain and to Gimp, los dos me provocan similares sentimientos.

China no era entonces un estado plurinacional, no, si no que estaba formada por muchas unidades de destino en lo universal, unidas a ratos por el dominio de alguna de ellas, pero la mayor parte del tiempo divididas y guerreantes entre si.

Es lo que se conoce como el periodo de primavera y otoño, que bonito, y periodo de los estados en guerra. En aquellos tiempo, aquellos villorios formaron parte del reino de Wu. Hasta que el reino de Yue invadió al de Wu y formaron parte del reino de Yue. Hasta que el reino de Chu destruyó al de Yue y pasaron a formar parte del reino de Chu. Este Chu, además de ser el reino con mi nombre favorito entre todos los nombres de reino, era un Wu revisitado.

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Por eso siempre se ha considerado a Shanghaihaishanghushen y partes de sus dos provincias limítrofes de Jiangsu y Zhejiang como un conjunto continente de los hijos, nietos, bisnientos y tataranietos del reino de Wu, parlantes todos de una misma lengua, la lengua de Wu. Wueyu, como la llaman los shanghaineses,  que es una entelequia si lo comparamos con las lenguas vernáculas de nuestro país de países. Ya que sin órgano regulador que la regule, dos dialectos de la misma lengua de Wu como el Shanghaines y el Suzhounes  se convierten en mutuamente ininteligibles, ya desde el momento de un saludo que sería sin duda tal cual como, Nong hao Don Pepito, Ne hai Don Jose.

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Divide que te divide, estos reinos se dividían en feudos. Uno de ellos, que se extendía desde Suzhou hasta llegar sobre el mar era llamado Shen. Dando por conocido que este Shen era dependiente de Suzhou, capital del reino de Wu  y por tanto el más preciado de los feudos del reino, daré por cerrado y explicado todo lo que necesitais saber por ahora del origen de éste, el más antiguo de los nombres de Shanghaihaishanghushen.

Repetid conmigo, Shanghai, Haishang, Hu y Shen, del dao sale el uno, y del uno, el dos y el tres.

Y aunque seguramente, aún me quedan nombres por descubrir, aún no los he descubierto, pero si los descubriera, mi querido blog, tú serás el segundo en saberlo. Y como ahora aún no los se, solo me queda despedirme a la shanghainesa.

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Nongmin Zewei!

1 Estas son las arenas movedizas preferidas para que cualquier recien llegado o no tan recien llegado pero aún no socializado meta la pata hasta el fondo, sí ganaros una buena mirada de desprecio es el que os antoja en un momento dado, solo teneis que decir en voz alta y clara yu yuan gardens, el equivalente a decir museo del Prado museum, para que os hagais una idea.

2 Ese es el nombre con el que es conocida en cualquier lugar del mundo la gastronomía de Shanghai, comida local. Los shanghaineses, segun fuentes consultadas por Lailolai, son un poquito chovinistas, y este y otros detalles como que cualquiera no nacido en su ciudad es considerado por ellos un paleto, nos lo parecen confirmar.

Hoy es 1 de Octubre, Dia de la Nación aquí en el Mandato en el Cielo. Hace un año exacto que me vine a China a probar suerte, y os puedo decir que pasado este tiempo, las cosas han ido, en general, bastante bien. Muchas veces echo de menos Xipanya con una nostalgia fadista digna de Amalia Rodrigues, adaptarse resulta sumamente duro, amiguitos, (aunque muy divertido a ratos), sigo hecha una analfabeta funcional y en ocasiones, esto no parece otra cosa que un manicomio disfrazado de casino de Las Vegas y rezo a Crom por un lanzallamas portátil, como bien sabéis los que me leéis en facebook. Pero por otra parte, tengo que reconocer que en muchos aspectos, el País del Centro se ha portado bastante bien conmigo, sobre todo en los laborales, y a eso veníamos.


En estos meses, mi status como laowai culogordo ha pasado de pseudo estudiante y freelance ocasional a Alien Worker de casi pleno derecho, ejerciendo además mi profesión habitual, que es el diseño gráfico.  Teniendo en cuenta el panorama en Xipanya, tanto para el trabajador en general como para el dedicado a la cosa gráfica; las condiciones en China (obviando toda su leyenda negra sobre explotaciones diversas y timos al laowai) son en mi experiencia bastante mejores que en mi país de origen, sobre todo en lo que a contratación y trato al empleado se refiere. La diferencia, y ya siento decirlo, viene a ser la misma que la que hay entre comerse un dalky del Día (marca Día) y un coulant de chocolate en un restaurante de una estrella Michelín. Analicemos:

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  • Aunque adoro trabajar como freelance, porque odio vestirme para la oficina, me encanta trabajar en casa y me permite conocer a mucha gente distinta, esa figura laboral no existe como tal aquí en China; o eres empresario, o eres currito, y eso a la larga iba a resultar un problema, cara a visados y sobre todo, a pago de impuestos. Por otra parte, aunque trabajando como freelance con agencias chinas (con base aquí en Shanghai y en Singapur, no chinas 100%) no he tenido ningún problema (gente organizada, muy trabajadora, que paga al día, con un ambiente estupendo, en un entorno en el que tus jefes te valoran el trabajo, etc…) el flujo de trabajo no era ni mucho menos constante, y otros clientes, en concreto, empresas españolas, no respondían ni de lejos tan bien (porque no es normal, o al menos, no muy conveniente que tarden más de seis meses en pagarte por un proyecto, ni que ni se respeten decisiones de diseño, ni se cumplan los plazos de entrega por sistema, ni se incluyan las fotos de agencia en un presupuesto, ni que pretendan sacar lo que cuestan esas fotos del ya escaso presupuesto de diseño, o sea, el mío). Así que decidí sacrificar mi libertad freelancera para conseguir más estabilidad y hacer algún contacto, aunque sé que la cabra tira al monte y volveré a la oficina en casa en algún momento.

 

  • Partiendo de la base de que tengo cierta experiencia profesional en lo mío, un book bastante decente y ya cierta edad, realmente, no sabía a qué atenerme. La lógica indicaba que tenía posibilidades, la experiencia previa en el País del Dalky (marca Día), apuntaba a que me iba a dar una castaña como un piano, pero había que probar suerte. Ni corta ni perezosa, dediqué una semana a pulir mi book y página web, actualizar el linkedin y el domingo, en vez de descansar, me dediqué a mandar correos con mi CV, pretensiones económicas y aviesas intenciones a todos los estudios, agencias de publicidad y editoriales que encontré y a comer patatas fritas con auténtica ansiedad. En total, un paquete de Pringles, una bolsa de Cheetos y unos 200 emails.

 

  • Resultado: el 70% de los correos tuvieron respuesta, y de hecho, me siguen llegando emails de vez en cuando (los envié en junio). De todas estas respuestas, alrededor del 60% fueron amables negativas, bien porque no necesitaban a nadie, bien porque no les interesaba mi perfil chinoanalfabeto y más bien analógico. Las respuestas positivas se tradujeron en un buen número de entrevistas de trabajo, alrededor de 18, que hice en un plazo de quince agotadores días. El trato, en cada una de ellas, fue exquisito. Todos los entrevistadores se habían tomado la molestia, ya no de leerse el CV, sino de mirarse el book de cabo a rabo (y no es un book corto), informarme de la actividad de la empresa y las condiciones económicas, y lo más importante: decirme inmediatamente si el perfil les interesaba o no. Nada de “ya te llamaremos”, nada de esperar correos que nunca llegan, nada de falsos autónomos ni cochinadas con el dinero, ni con la visa de trabajo. También me felicitaron por las ilustraciones, y os puedo jurar que es en Xipanya es algo que no me ha pasado JAMÁS en una entrevista, o al menos no sin que me pidiesen una gratis justo después y llevo en esto unos quince años. Varias de las personas con las que me entrevisté me tienen añadida a linkedin, aunque no llegásemos a un acuerdo, y ya os digo, a día de hoy, me siguen proponiendo freelances, entrevistas, o directamente ofertas de trabajo.

    La única excepción a esta norma fue un estudio de diseño rarísimo. El jefe, que era todo un personaje, hablaba inglés como Emilio Botín (DEP) y estuvo más bien disperso mirándose las uñas hasta que empezamos a hablar de dinero. Me hizo la entrevista en un despacho infecto, con una tonelada de papeles encima de la mesa y una máquina de remos en el suelo. Pagaban poco, unos 900 euros al cambio, me pidieron una ilustración de prueba, se la entregué y nunca más se supo. Os diré que casi me molesta menos que no me hayan pagado la ilustración que averiguar si efectivamente usaba la máquina de remos en horario laboral, o para qué demonios quería allí aquel chisme. Quizás fuese fan de House of Cards, de Van Damme o se le había caído a alguien de un camión. Nunca lo sabremos.

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  • Finalmente, recibí un par de ofertas en firme y me decidí por un estudio pequeño de la zona de Jingan Temple, con gerencia mixta, mitad china, mitad inglesa. Me había recomendado la gente con la que trabajé de freelance, algo que les agradeceré ad nauseam, y en general no me puedo quejar, o no mucho. El sueldo está bastante bien (1200 euros al cambio, impuestos y seguro médico aparte, con el nivel de vida y gasto que tengo aquí, me permite hasta ahorrar y darme algún capricho)  comida incluida ( y nada de piojosos cheques restaurante eh, auténtica y deliciosa comida china casera, preparada por una auténtica y deliciosa señora china que me dan ganas de abrazar a diario), compañeros de trabajo agradables, chinos y franceses; buen ambiente y no demasiado lejos de mi casa (aunque los viajes en metro sean casi como el tren ese de Snowpiercer, en el vagón de cola)

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Resumiendo, la experiencia de buscar y encontrar trabajo aquí, está como decía al principio, a años luz de la que podría haber tenido en Xipanya hoy. Si os dedicáis al diseño, sobre todo al diseño web, tenéis buen inglés, o mejor aún, buen chino y estáis pensando en emigrar, China me parece una buena opción, con muchísimas empresas en las que probar suerte y desde luego ganas de contratar a gente que sepa lo que hace. Y pagarles, obviamente.

Por supuesto, no todo es un camino de rosas, y otro día os contaré, por ejemplo, el rocambolesco proceso administrativo para conseguir el visado de trabajo+permiso de trabajo+permiso de residencia, que aún no he concluido y que hará las delicias de los fans de Franz Kafka,  Kraftwerk  y las fotos de carnet a toneladas.

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Trabajar aquí también tiene sus contras, obviamente. Aquí ya no es que no haya café para todos, es que no hay café PARA NADIE. Trabajan como auténticas mulas, ocho horas sin descanso, ni charletas, ni nada de nada, si acaso un par de cigarrillos furtivos y para de contar. Comen en media hora, o menos, el ritmo de trabajo es infernal y la dedicación absoluta. No es que esto sea en si malo, y a lo mejor estoy quedando de vaga, pero creo que en trabajos creativos, dedicar un rato a charlar con los compañeros, de tipografía, de cine, o del tiempo, buscar referencias y descansar un poco la cabeza es fundamental para la calidad del trabajo, también tomarse las cosas con cierta calma, y mimo, y aquí eso desde luego, se estila poco.

El diseño gráfico es diseño, aquí, en Xipanya y en la luna, y lamentablemente el mercado chino reproduce (o adopta, no me queda claro) muchos de los vicios occidentales en lo que a trabajo diseñil se refiere,  hasta el punto en el que estoy por jurar que hay en algún rincón de China un Álvaro Sobrino velando por la profesión en los mismos términos, o al menos debería.

Muchos clientes, y esto según me comentaban los de la agencia en la que trabajé de freelance es cultural 100%, tiran de despotismo imperial a la hora de trabajar. Negocian presupuestos hasta la ultimísima coma y exigen sumisión total y absoluta a cambio de sus yuanes; si te toca algo de moda o lo que viene llamándose life style, Crom te pille confesada, porque a tu alrededor todo el mundo se convertirá en una Diana Vreeland de quinta categoría,  ojos rasgados y estrecha cartera… Nada nuevo, me diréis, pero si además lo mezclas con las diferencias culturales y de mercado, que son bastantes, el analfabetismo funcional y el inglés ratonero (mío, no de ellos, se entiende, aunque lo del inglés es vicio compartido) que complican enormemente la comunicación, y el ingente volumen de trabajo, puedes acabar volviéndote a ratos un remedo desquiciado de Mad Max o la loca de Audition y echando de menos incluso a Mariano Plasmático y su videoarte, las colas del INEM y el vuelva usted mañana.

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Con todo, diseñatas, os animo a venir y probar. Corremos el riesgo de que esto sea otra burbuja de diseño, como la que vivió Xipanya hasta 2000 y pico, tan vinculada a la inmobiliaria y al síndrome olímpico, y que aquí parece tener un gemelo obeso y desquiciado (aunque comunista y eso puede acabar salvándo los trastos, para bien o para mal) y que en unos años se vaya todo a hacer puñetas, pero al menos estaréis una buena temporada sin probar laboralmente un maldito Dalky, que ya es mucho, y Xipanya no se va a mover del sitio. Hasta otra!

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El viernes pasado tuve mi primer encuentro con el mundo del crimen y el delito aquí en la Perla del Oriente. No te preocupes madre, que la cosa acaba bien y fue bastante gracioso en el fondo.

Venía yo muy contenta de tomarme una cerveza en el ghetto internacional de Yongkang Lu (un sitio curioso que merece un post aparte) con el Sr. Creus y el Sr. Muñoz, pensando en cenar algo si Pablo Laopan estaba despierto y en lo mucho que me agobia tener que coger el metro en Rénmín Guǎngchǎng  (también conocida como People Square, y en círculos hispanohablantes como La Plaza del Pueblo, en honor al mítico tema de Tequila).

Para poneros en situación: el intercambiador de People Square es un asco de sitio, espantosamente grande, muy mal diseñado y lleno de gente con una prisa horrible. Recuerda una barbaridad a los hormigueros furiosos de Cuando ruge la marabunta, pero en deprimente y con empujones de los que duelen. Yo por no tener que pasar por allí pago dinero, o al menos me desvío un par de estaciones para coger la línea 3, que está mucho menos frecuentada y además no es subterránea (y esto si te gusta leer y los paisajes de rascacielos envueltos en niebla y neones siempre es un plus), pero se acercaban las once de la noche, que es cuando el metro se convierte aquí en calabaza, y como no me la quería jugar,  me decidí a coger la línea 8 en People Square.

Y allí estaba yo, en el andén del metro, rodeada por otras mil personas con ganas de llegar a su casa, comiéndome empujones con el bolso al hombro. Consigo introducirme en el vagón, me doy la vuelta y me encuentro el siguiente cuadro: 

Un tipo, en la segunda fila de chinos ansiosos por subir al vagón, sustraía con infinita delicadeza, cuidado y absoluta concentración, mi preciado monedero del bolso. Dada la naturaleza del monedero (enorme y lleno de lentejuelas negras), la mano contorsionada por encima de todas las cabezas orientales, la cara de estar operando a corazón abierto y sobre todo la velocidad de grabación hiperlenta, como a 240 fotogramas por segundo, del evento, resultaba todo más bien ridículo.

Pero me estaban robando, y reaccioné… Muy despacito, con la misma calma pasmosa, le quité el monedero de la mano, lo guardé en el bolso, sonreí y le dije a grito pelado, en perfecto y sonoro castellano:

– PEEEEEEERO TÚ DE QUE VAS, LADRÓN, PAYASO, DESGRACIADO. TE VOY A MATAR!

Una chica que iba a mi lado puso una cara tal que así:

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El tipo se retiró muy lentamente, las puertas del metro se cerraron y le dije a la chica

-¿PERO TU HAS VISTO QUE CARA MAS DURA? ESTO ES INCREIBLE.

Y ella hizo otra vez

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Supongo que habréis oido mil veces esa frase de Carlos I de Xībānyá y V de Déguó : “Hablo en italiano con los embajadores; en francés, con las mujeres; en alemán con los soldados; en inglés con los caballos y en español con Crom.” El Xibanyol también es perfecto para insultar a ladrones y quejarse, os lo puedo jurar.

Aquí el cuerpo del delito

 


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Tengo que reconocer que la primera vez que me robaron en Madrid, por muy estúpido que os parezca el comentario, me hizo cierta ilusión, por motivos de integración principalmente, que te roben la cartera en Madrid es casi un rito de iniciación. También una putada, obviamente, pero no conozco a ningún madrileño que no haya sido atracado, robado o perseguido por skinheads o miembros de otras tribus mas o menos descerebradas y que no lo cuente con cierto orgullo callejero, o al menos como una anécdota graciosa (algunas realmente muy graciosas) sin ningún tipo de drama de por medio. Citando a un amigo mío, “…Antes aquí el chandal de yonki era como el traje regional.”

Sin embargo, que te roben la cartera en una ciudad en la que la policía viaja en carritos de golf, es definitivamente de panoli, Laowai culogordo tenía que ser, aunque hasta cierto punto, que haya sido a cámara lenta, con lentejuelas de por medio y sobre todo que haya pillado in fraganti al infractor, restaura de alguna manera mis puntos de autoestima y la cosa se queda más o menos como estaba.

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