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Mucha gente me pregunta cómo se vive, o sobrevive, en una cultura ya no extranjera, sino ajena hasta casi lo extraterrestre sin saber hablar el idioma. La respuesta corta es que NO se puede, a menos que estés dispuesto a gastarte una obscena cantidad de dinero en intérpretes y no salgas de los guetos laowais, con sus sobreprecios y sus restaurantes finolis. Algo de chino hay que saber.

Como me consta que prácticamente ninguno de nuestros lectores es un hacha en putonghua ni tiene cuentas en Suiza, voy a compartir alguna de mis sofisticadas estrategias y hanyu de supervivencia para llevar bien el día a día del iletrado en La Perla de Oriente sin gastarse una fortuna. He aquí las tablas de la ley de la Sra. Milton

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1. Ser simpatico, educado y expresivo. Esto es una absoluta obviedad, pero resulta sorprendente la cantidad de gente que olvida este pequeño detalle. La regla de oro es la siguiente:

Si no te entienden, la culpa es tuya, no suya. Ellos no tienen ninguna necesidad de entenderse contigo, eres tú el que necesita un taxi, un café cutre, una camiseta de Buscando a Wally, pasta de dientes, tiritas de Doraemon…, lo mínimo que puedes hacer es ser agradable y educado. Nadie va a echarle un cable a un analfabeto borde.

¿Y cómo se expresa una cimmeria y educadamente sin saber el idioma? Fácil. Sonreir hace milagros, no te van a entender de todas formas, pero causarás buena impresión. El lenguaje corporal es clave en tu situación, la mímica es tu amiga. No hay que tener miedo a hacer el ridículo de vez en cuando, es inevitable, el truco es llevarte la comedia a tu terreno. Saber que estás haciendo el canelo para conseguir un paquete de pilas no es ninguna tragedia, lo triste es que se rían de ti por ir por ahí como si la gente te debiese dinero y no conseguir las pilas, no que se rían contigo por ser lo suficientemente payaso como para hacerte con ellas sin saber decir pilas, ni comprar.

2. Tarjeta de teléfono. Es absolutamente imprescindible, te van a pedir un número de teléfono para todo. Hay varias compañías, y para registrar un número con la mayoría de ellas hay que presentarse con el pasaporte en algún establecimiento de la compañía (no todos los establecimientos están autorizados) que puede estar cerca de tu casa o no. Yo con esto he tenido muy mala suerte, la última vez que intenté registrar una tuve que caminar durante horas y al llegar a la oficina casi me escupen a pesar de mi arrollador despliegue de encanto personal, así que os recomiendo las tarjetas de China Mobile, que se pueden conseguir sin registro.

Tienen una pequeña desventaja: cuando quieres recargarlas siguiendo las instrucciones del bono de 100 RMB que te acabas de comprar y llamas al número correspondiente (el 10086), no hay menú en inglés ni teleoperadora en este plano de existencia, lo que hacen es leerte un fragmento del Necronómicon y darte las gracias.

Para recargar la tarjeta hay que  llamar a éste otro número, tan fácil de memorizar 13800138000. Ahí si que hay menú en inglés y no tendréis ningún problema. No me preguntéis como averigüe esto, porque sólo recuerdo un montón de geometría no euclidiana, seres primigenios y caos reptante en las líneas de atención al cliente.

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3. Algunas apps útiles. Vale, ya tenemos nuestro Smartphone con su número correspondiente y queremos descargarnos algunas cosas imprescindibles, por ejemplo, el Candy Crush. Acabamos de descubrir que no podemos instalar Google Play Store, ni Google NADA, y el Baidu Market de momento nos da sudores fríos. ¿Solución? Aptoide. Ahí podéis encontrar casi de todo. Por ejemplo el Pleco, un estupendo traductor inglés chino que os puede salvar la vida más de una vez, VPNs gratuitos para Android, por si tenéis la imperiosa necesidad de subir fotos a Facebook, BaiduMaps, que es vital, Wechat, la joya de la corona de las redes sociales chinas, etc…

4. Cuenta de banco. Viene bien tenerla, a menos que seáis como Jesús Gil y os guste ir por ahí con fajos enormes de billetes de 100 RMB o no os importe pagar una comisión brutal cada vez que usáis un cajero (hay muy pocos establecimientos que acepten Visa o Mastercard aquí, el sistema mas común es Union Pay). Si sois previsores, sabréis que hay bancos españoles que ofrecen cuentas con tarjeta de débito y comisiones razonables (la Caixa e ING) pero si por cualquier motivo necesitáis una cuenta en un banco chino (porque sois unos empanaos o para ingresar una nómina por ejemplo), os recomiendo el Agricultural Bank of China (ABC), por tres motivos:

  • Hay muchísimas oficinas, y en todas ellas hay al menos un becario que habla inglés o al menos lo intenta (con las cosas de comer no se juega)
  • Son rápidos, eficientes y el trato al cliente es muy bueno. Además, los empleados llevan una chapa con una carita sonriente y tienen gafas para leer de cerca en todas las mesas. No pillan el chiste de las gafas de contable de Homer Simpson de todas formas.
  • Si necesitáis recibir o enviar dinero a través de Western Union, hay que hacerlo en un ABC, si tenéis cuenta con ellos el proceso es infinitamente más sencillo.

Si estáis de viaje, procurad cambiar en el aeropuerto lo mínimo imprescindible para el taxi y la primera noche de hotel y el resto en cualquier banco al día siguiente. Pagaréis menos comisión y las tasas son bastante mas ajustadas.

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5. Medios de transporte. Ya hemos hablado en otras ocasiones de transporte público, autobuses y metros, que son las opciones más económicas (entre 2 y 5 yuanes), así que hoy toca el taxi. Aquí en Shanghai hay literalmente millones de Wolkswagen Santana de colores pastel conduciendo a velocidades suicidas a vuestra disposición. Si tenéis prisa, no os apetece daros un baño de masas o el metro se ha convertido en calabaza son una buena opción, bastante más económica que en Xipanya, por cierto (un trayecto de una media hora larga sale por unos 50 yuanes y cobran por kilometro, no por hora)

– Cómo parar un taxi. Mucha gente se queja de que los taxis no paran a los laowais. Eso no es verdad, el problema es que estáis borrachos, con el riesgo potencial que eso supone para la tapicería del vehículo, o estáis intentando parar el taxi como en Xipanya, o sea, asi:

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A lo Pocahontas no paran jamás. Hay que hacerlo así (esto es mano de santo, o mas bien mano de gato, probad y me contáis)

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– Cómo decirle al taxista dónde vas. Ésta es una ciudad de calles largas, llena de cruces, pasos elevados y vericuetos. Es verdad que los taxistas se desplazan a la velocidad de la luz y parecen tener el don de la omnipresencia, pero son seres humanos, y como tales no se saben el plano de Shanghai de memoria, ni tienen la mas remota idea de dónde está la casa de tu amigo Paco el de la fiesta. Para evitar broncas y malentendidos lo suyo no es darles la dirección exacta (1800 Wuding Lu), sino el cruce de calles más cercano a tu destino (por ejemplo, Chifeng Lu, Xizang Bei Lu). Si no te entienden, siempre puedes tirar de BaiduMaps y Pleco, pero recuerda el punto 1, discúlpate por tu chino atroz, pon ojos de ShinChan cuando quiere galletas y entonces dales la chapa con el mapita. Los taxistas siempre tienen una prisa loca, y si tardas demasiado en decirles dónde vas o interpretan que te estás poniendo tonto, te echarán del taxi sin contemplaciones y continuarán con su versión de Fast&Furious sin volver la vista atrás, así que tú misma.

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6. Alojamiento. Me han hablado muy bien de AirBnB aquí, pero si sois de los que habéis visto demasiadas veces Henry, portrait of a serial killer, roncáis mucho o buscáis un sitio donde pueda quedarse vuestra madre si viene de visita, la opción obvia es un hotel (otro día comentaremos cómo se alquila una casa, que eso da para un post entero o un par de ellos).

Ojo porque aquí no todos los hoteles admiten extranjeros. Si podéis reservar antes y aseguraros mucho mejor (las reservas no son vinculantes, no hay que pagar por adelantado) Yo aquí me he encontrado tres tipos de hoteles:

A/ Hoteles de pegolín: Ritz, Radisson, Puli, Ambassador etc… no he tenido el placer de alojarme en ninguno, pero como esto es una guía para mileuristas, comentaré de pasada que los bares de estos sitios tan finos suelen estar abiertos al público y muchas veces tienen unas vistas espectaculares, así que merece la pena acercarse a tomar una cerveza.

B/ Antros infectos: Moteles 168, HomeInn, etc… reservar en estos sitios es una lotería, puede tocarte una habitación decente o un zulo que en Xipanya no usarían ni para guardar las escobas pero siempre son una opción en caso de emergencia. También hay miles de albergues para estudiantes si os va ese rollo (yo lo odio).

C/ Rango medio. En esta línea os recomiendo la cadena de hoteles JingAn Inn. Hay tropecientos por toda China, las habitaciones están limpias, el personal suele hablar algo de inglés, admiten extranjeros y no están mal de precio (alrededor de 200 RMB la habitación doble). No te vas a encontrar caramelitos en la almohada pero dan exactamente lo que prometen, y eso aquí ya es mucho decir, creedme.

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7. Comida. Una de las mejores cosas que tiene China es que aquí siendo una analfabestia de hambre no te vas a morir. Muchos de los restaurantes tienen fotos de los platos, así que prácticamente sólo hay que señalar lo que quieres (si no lo tienes claro, siempre puedes dejarte sorprender por el cocinero, lo mas probable es que no te arrepientas). A pesar de toda su leyenda negra sobre carne milenaria y naranjas pintadas, personalmente no tengo queja alguna, en cuestión de calidad ni de cantidad, más bien al contrario. En la segunda parte de esta guía, os daré unos cuantos palabros en chino, facilitos, para comunicaros con camareros y dependientes.

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8. Aspectos psicológicos de la cuestión. Probablemente, a menos que tengáis algún problema gordo o un ataque de morriña aguda, los primeros meses como analfabestia aquí serán muy divertidos, todo os resultará exótico, pintoresco e interesante y os subiréis a pelo y sin remordimientos a lomos de ese gran dragón llamado Shock Cultural.

Disfrutad de esta fase, pero preparaos para el llamado Síndrome del Pekinazo, que sin duda alguna llegará en forma de brote mas o menos virulento. El pekinazo tiene muchos tratamientos: comerse una paella, escribir un blog, revisar de vez en cuando las intervenciones públicas del bueno de  Naniano Plasmático, para saber lo que dejamos en casa… pero sobre todo, intentar tomarse la cosas con sentido del humor y cierta elástica filosofía.

Si grabamos en piedra nuestros conceptos sobre lo malo-bueno, delicioso-horrible, adecuado-no adecuado, etc… como el Charlton Heston de la primera imagen, descubriremos enseguida que las piedras se hunden, probad con algún material blando y maleable, como el Heston de este vídeo y veréis que todo resulta mucho mas llevadero.

BOLA EXTRA, edito con comentarios que me dejan en facebook.
2. En cualquier tienda se puede recargar el móvil, a veces incluso hay máquinas fáciles de usar. Sino me mandas un sms y te lo cargo con Alipay
4. ICBC tiene backoffice online en inglés, la mar de sencillo, además pagar online está chupao. Para hacer el triple salto mortal Alipay, que te permite hasta devolver el cambio al compi de curro al que le debes 2 juanes, eso además te permite comprar en Taobao y ahorrarte lo de ser amable porque no le ves la cara al vendedor XD
6. Ctrip te salva la papeleta para alojamiento y transporte (tampoco es necesario ser amable)
8. Ese vídeo de Charlton deberían ponerlo en bucle en la frontera del aeropuerto

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Bueno, hoy voy a contaros un drama de esos de migrante culogordo del Primer Mundo  que me atenaza y desespera desde que vivo aquí.

Por motivos profesionales, y por mucho que me escueza, podría considerarme miembro de eso que los pedantes han decidido llamar “clase creativa” y que los que nos dedicamos a esto denominamos “machacas del photoshop”. Ya sabeis, diseñadores gráficos, ilustradores, infógrafos… Profesionales  de supuesto buen gusto y hábiles manitas al ratón, con títulos rimbombantes (Art Director, Junior Designer, Creative Manager, Jefe de Maqueta) y nóminas, digamos, no tan llamativas.

A pesar de lo que muchos podríais pensar, y lo que los folletos de las Escuelas de Arte y las películas os quieren hacer creer, en general el “trabajo creativo” tiene muy poco de creativo y bastante de corporativo. Se trata más de seguir un guion y unas claves visuales que de innovar en punto alguno o dar una interpretación sobre nada. Ser miembro del Brazo Armado del Capitalismo (Ejército de las Tinieblas departamento MiniVer) puede resultar bastante aburrido y frustrante, y por eso muchos de sus miembros, entre los que me encuentro,  se dedican en su tiempo libre a realizar trabajos personales de índole artística con mayor o menor fortuna.

En esto del trabajo personal, cada uno busca la inspiración (la idea, la historia a contar, el motivo o como queráis llamarlo) a su manera. Hay quien se da a las drogas y quien se pone a John Coltrane (o a ABBA o a Gigatrón), algunos necesitan dar un paseo por el campo y otros no salir de casa ni a bajar la basura. Yo necesito estar, al menos a nivel visual, mortalmente aburrida. Llévame a ver una buena película y seré incapaz de hacer la O con un canuto, pero enciérrame una semana en una oficina sin ventanas con un montón de fans de Modern Family y las maldades y los collages brotarán de mi cabezón como si una mano invisible tirase de ellos.

Y, aquí viene el drama,  esto en Shanghai se ha vuelto imposible. La mano ha dejado de tirar y la bombilla de brillar y la culpa de todo la tienen los laopanes.

Y es que aquí cualquiera con un escaparate, una ventana o mínimo acceso a la calle (o sea, el 85% de la gente con negocio propio) es un Joseph Beuys en potencia, y sin proponérselo siquiera, se lo montan para exhibir unos prodigios de iconoclastia, mezcla de influencias, colores y texturas que ya quisieran muchos de los que exponen bodrios en ARCO. Que guay ¿verdad? PUES NO. Es como vivir dentro de la cabeza de Sean Mackaoui y yo NECESITO PAZ.

Un ejemplo clásico, los collages tridimensionales Pez secándose con Bragas de la Suerte, tan típicos del Año Nuevo Chino.¿ Duchamp? Un aficionado al lado del feliz propietario de esta cuerda de tender.

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(Foto de http://barbdeaneasia.blogspot.com/)

Y que me decís de esta acción/instalación titulada Excavadora Infantil (autor, Laopán Desconocido). Esto lo pones en el Matadero de Madrid diciendo  que es una crítica a los  procesos de gentrificación y te dan una beca por lo menos. Y allí estaba, en un parque de atracciones cerca de Hangzhou, entre tiovivos y puestos de salchichas.

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O esta maravilla, vista en el escaparate de una tienda de bodas. No me digáis que no es digno de una pesadilla lynchiana, o de una foto de Saudek. Yo no he hecho nada tan sumamente inquietante en mi vida (y sabe Dios que lo he intentado).

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Ésta es mi favorita, es obra del dueño de una tienda de alimentación donde compro todas las mañanas tabaco y un café cutre para esperar el autobús.  El hombre es muy simpático y nada en su actitud, ni en su establecimiento harían sospechar que es muy capaz de dejar a Damien Hirst y su Away from the flock a la altura del betún, pero aquí tenemos esta joya de la descontextualización, Máquina de Gancho y Cajetillas de tabaco, para demostrarlo. No veáis lo que se ríe de nosotros cuando fallamos a la hora de pescar las cajetillas (un detalle muy Hirst, por otra parte)

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Pues eso, que con este panorama me resulta muy difícil concentrarme y hacer nada decente que no sea por encargo. Un año en dique seco, y lo llevo como MAL. Pero como sé por experiencia que los Dramas del Primer Mundo se suelen solucionar moviendo el culo y dejando las lamentaciones en casa, nos decidimos a hacer una visita a Moganshan 50, el distrito artístico de Shanghai, a ver que se cocía por allí.

El M50 está ubicado en uno de los muchos recodos del rio Wusong , en lo que antiguamente fue un conjunto de fábricas y almacenes. La estructura es bastante laberíntica e intrincada, y está lleno de pasarelas, escaleras, pasadizos y mini-patios interiores , sembrados de grafittis mejores y peores y plantas de sombra.

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El sitio es un remanso de paz, cosa rara aquí en Shanghai y el ambiente es muy relajado:  muchas parejitas, algunos turistas, gente con niños, laowais de los que dan las gracias a los camareros…  Hay muchísimas galerías y tiendas pequeñas que venden reproducciones, ropa y cositas de artesanía, y tanto los edificios como la obra expuesta tienen poco que ver con la Power Plant o el RockBund, que pueden resultar un poco imponentes e incómodos si lo que te gusta es curiosear a tus anchas.

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El 90% de las exposiciones están dedicadas a artistas chinos, y en general, sorprenden muy gratamente. Técnicamente son fabulosos y mezclan perfectamente temáticas tradicionales con procesos sumamente modernos, y viceversa, con mucho humor y una perspectiva muy social, a veces con un punto crítico y otras rindiendo homenaje a temas clásicos (tanto chinos como occidentales) sin caer en conceptos facilones. El arte chino, al menos el que vimos aquí, es elegante, ágil y divertido, muy alejado del yoismo y la pretenciosidad extrema que se puede ver en galerías y museos españoles.

Por ejemplo, esta exposición en la Island 6, con un buen puñado de témperas animadas con leds, accidentes de coche tejidos en alfombras, casetas de perro gigantes, reflexiones en vídeo sobre el autorretrato y pequeños cuadros de inspiración Tintin, que era una delicia.

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O esta de San Zi, con acuarela y lacas en fomato inmenso, recreando la leyenda de los Inmortales Taoistas.

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También había muchísimos ceramistas vendiendo prácticamente de todo, desde juegos de té hasta este mapa de China hecho con dim sums de cerámica. O muñecos gigantescos (de Judas Arrieta, creo), perfectos para alguna mansión desquiciada.

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Como guinda, una retrospectiva muy completa de Witkins, con varias de sus obras más polémicas y algunos bocetos de composición (me consuela ver que dibuja aun peor que yo)

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Y allí estuvimos unas seis horas pasando una tarde estupenda. No lo llegamos a ver todo, porque el sitio es bastante grande, pero volveremos, sin duda. Os recomiendo que os acerquéis si os dejáis caer por aquí, ver arte es muy cansado, pero os marcharéis con un ligero dolor de pies,  muy buen sabor de boca y probablemente algún que otro Drama Creativo Culogordo mas o menos resuelto.

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El lunes pasado fue un día un tanto deprimente. Teníamos un examen programado para esa fecha y me pase todo el fin de semana estudiando como una loca, para dejar el pabellón bien alto y sacar al menos un 3 sobre 10, aunque en China la nota mínima para aprobar es un 6 y un sobresaliente un 10 a palo seco, así de duras se las gastan. Yo me conformaba con un suspenso pobre pero honrado.

Creo que no he estudiado tanto desde selectividad por lo menos. Rechacé invitaciones diversas a cañas, maratones de series y cenas con deliciosos pinchitos morunos, practiqué escritura hasta que el portaminas me hizo una marca en el dedo y aprendía a decir jubilado feliz, para describir a mis padres con propiedad. El domingo me fui a la cama agotada y con la cabeza llena de hanzis nuevos y la habitación de Annie la Imbécil Jianadiense perfectamente memorizada.

El lunes me despertó Pablo Laopan. Eran las 11:30 de la mañana y me llamaba por teléfono para preguntarme que tal me había salido el examen. Me había quedado dormida ¿os lo podéis creer?.

Es que no se puede ser más idiota. Yo que solo quería suspender con propiedad y el estilo, la clase y  desparpajo que se me atribuyen y voy y me quedo frita como un jiaozi o un jitui cualquiera. Lo que he aprendido está incrustado a fuego en mi memoria, y todavía puedo suspender el examen final, eso me consuela un poco, pero me apetecía mucho probar suerte y comprobar si mi chino es tan malo como pienso, o peor, o mejor… y ya nunca lo sabré. Me puse el “You can´t always get what you want” de los Rolling Stones, me tome mis cereales compungida y cabizbaja, me duché y me fui a comprar leche al Carrefour del Vortice del Mal echando pestes.

A mitad de camino me acordé de que uno de mis dos sujetadores había decidido suicidarse hace un par de días (no se si lo sabeis, pero los sujetadores baratos, tipo Oysho y Women Secrets también están sujetos a obsolescencia programada, duran exactamente 18 lavados, antes de que uno de los aros salga disparado montando un jaleo horroroso en el tambor de la lavadora y siempre por la misma costura, lo he comprobado)

En cuestiones lenceras, y en otras cosas también, soy bastante extrema. Sólo tolero dos puntos: el cuero, latex, corses, ligueros, encaje y taconazo en momentos erótico-festivos y las bragas de Bob Esponja. No soporto esas cositas primorosas con flores, puntillitas, lacitos y relleno “de diario pero monisimo” y con los sujetadores en concreto soy muy maniática y suelo pasar bastante del asunto. A mí lo que me gusta es que los lechoncitos sean libres, como los pájaros de las canciones de los Beatles y sólo me los pongo en verano, con ropa con escote o en días en los que la Moñas Interior anda realmente fuerte. Aquí en China los uso algo mas, en un esfuerzo inútil por contrarrestar el efecto Dolly Losantos (o Federico Parton si lo preferís) que ya os he comentado.

Pensando en posibles entrevistas de trabajo o días negros y moñas, se me ocurrió que quizás era buena idea sustituir al sujetador kamikaze con otro ejemplar. Además me apetecía fustigarme un poco por lo del examen, y ya que iba al Vórtice me decidí a echar un vistazo. Conste que detesto ir de compras, de ahí la asociación judeocristiana. Me resulta frustrante, aburrido y agotador, si en algún momento existió una Fashionista Interior, desde luego la experiencia trabajando en tiendas de trapos y diversas revistas “de tendencias” la ha desintegrado completamente. No entiendo a esa gente que se va de compras como si fuese algo divertido, por eso el 90% de mi ropa es negra, o de rayas, o con motivos más o menos friquis impresos.

A lo que iba, me metí en el Vórtice del Mal (que en realidad se llama, Hongkou Plaza, el Sueño del Dragón; (Pablo Laopan lo llama también La Pequeña España, porque Amancio y otros explotadores textiles xipanyoles están ampliamente representados) con el Cilicio Mental Shopper bien ajustado y el brick de leche y me fui derecha a la tienda de lencería número 1.

Que suerte, la mía, un montón de sujetadores no demasiado horrorosos a ¡68 yuanes de nada! ¡Ofertón! Me acerqué un poco un mas a ver si hay alguno negro, y si allí estaba. Era increíble, maravilloso, había acabado en menos de diez minutos, un hito, un record insuperable, una hazaña digna de un cimmerio de verdad, una epopeya, un… Ay madre, las tallas.

Ni hazaña cimmeria, ni nada, aquello solo era una tienda llena de bragas y sujetadores de tallas diminutas. La más grande era una 80B, y la más pequeña una 65A. Las chinas son idiotas ¿Quién, en su sano juicio se pondría un chisme lleno de metal y relleno pudiendo no llevar absolutamente nada? Conozco hombres que llevarían una 65ª sin problemas, y una 80B, ya puestos y lógicamente no lo hacen, porque llevar sujetador es un coñazo. Lechoncitos libres! Free as a bird! El Secreto de Victoria es que no hay secreto!

Pero estábamos allí para sufrir, y para encontrar instrumentos de tortura con aros y poco encaje, para las entrevistas de trabajo, y blablabla, así que hice de tripas corazón me cagué en todos los muertos del patriarcado un par de veces y me dirigí rauda y depresiva a la tienda de lencería número 2.

(CONTINUARA)

Cuando me dijeron que iba a haber un tifón me estaba imaginando una tormenta apocalíptica, pero aunque llueve a mares no ha sido para tanto. De todas formas, hoy no voy a salir de casa ni a bajar la basura, solo pienso comer ramen y palomitas, ver pelis de Haneke y Zhang Yimou y prepararme mentalmente para empezar las clases, viva Crom.

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