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Hace unas semanas, mientras en Xipanya ejercíais vuestros simbólicos derechos a elegir alcaldesas y futuros sujetos de pactos entre ladrones y saltimbanquis, nosotros decidimos visitar una de las zonas turísticas digamos, oficiales, cercanas a Shanghai: el barrio viejo de Qibao (no confundir con qipao, la elegantosa prenda china tradicional)

Para llegar a Qibao hay que coger unos cuantos metros hasta donde Crom perdió el mechero; es un sitio que está lejos de todo y cerca del aeropuerto, y en ello reside parte de su encanto (la otra parte, en teoría, corresponde a sus pintorescos canales y casitas con tejados retorcidos estilo Ming) No esperéis encontraros de golpe con un encantador pueblecillo en cuanto salgáis del metro, dad un pequeño rodeo por las calles comerciales cercanas y ahí lo tenéis.


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Si estáis esperando algo radicalmente diferente a Hangzhou, el área de hutongs de Beijing o cualquier otra zona oficialmente turística en China, probablemente os llevéis una decepción. En  muchos aspectos, son todas exactamente iguales, pero aun así, es divertido echarles un vistazo y Qibao no es una excepción.

Como muchas de sus primas hermanas, ofrece lo que todo turista pueda desear: una Auténtica Cornucopia de souvenirs, monumentos, actividades más o menos asquibles y fritanga, aderezada con una enorme multitud.

Como veis, compañía no nos faltaba. Estaba literalmente atestado de gente pasando la tarde, muchas familias y muchísimos señores mayores en grupo, disfrutando del Lao Qibao y sacando fotos con el móvil de todo lo que se movía, incluídos nosotros.

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Entre otros  lugares de interés, podéis visitar un templo de hormigón no demasiado vistoso (si tenéis suerte, a lo mejor pilláis a los monjes en plena oración, con sus  hipnóticos cantos paganos), una estatua de Buda de sospechoso parecido a Jabba el Hutt, un pequeño museo dedicado a la caligrafía, o mi favorito, La Casa del Grillo, con una exposición de útiles dedicados a la lucha, mantenimiento y caza de estas pequeñas bestezuelas, y unos cuantos ejemplares,  sorprendentemente grandes (y presumo, belicosos) conservados en formol. Hulk Hogans de la lucha de grillos, por llamarlo de alguna manera.

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Entre monumento y monumento, podéis dar una vuelta en barco por los canales que rodean el barrio, tirar con un arco tradicional por un módico precio, pintar una figurita de escayola con un montón de niños, haceros una piscipedicura con peces garra rufa (esto lo recomiendo especialmente, si no tenéis demasiadas cosquillas) o conseguir alguno de los muchos souvenirs y quincalla que se venden en distintos puestos y tenderetes: un bonito qipao, una taza revolucionaria, algún libro antiguo, un buda gigantesco, una diadema FEMEN Infantil…

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También había unos cuantos puestos de artesanos, como este señor que construía lo que parecía ser un cubo de enormes proporciones o quizás un pequeño apartamento de soltero.

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Este puesto, que prometía ilustraciones ochenteras con una disparatada cantidad de dimensiones, nos llamó especialmente la atención. Obviamente, justo al lado otro laopan ofrecía básicamente lo mismo con un número de dimensiones todavía mayor, y es que a los chinos a ostentosos no les gana nadie.

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Y es que aquí, muchas veces los números no tienen un significado literal, por ejemplo, si pides unos Tallarines con Siete tesoros, probablemente sólo te encuentres cuatro o cinco, y eso no quiere decir que te estén estafando, sino que la cifra es más bien simbólica, o poética. Siete viene a querer decir “unos cuantos” o “bastantes”, y de la misma manera 10.000, por ejemplo, quiere decir muchísimos, así que si visitais Tiannamen, no podéis tomaros por lo literal la pancarta que dice “República Popular China, 10.000 años”, como si fuese la fecha de caducidad de un yogur, porque lo que viene a decir es que si esperáis el final del comunismo en el País del Centro, es mejor que lo hagáis cómodamente sentados, porque la cosa va para largo.

De todas formas, el principal atractivo de Qibao no es la Casa del Grillo ni las sandalias tradicionales. Aquí a lo que viene la gente es a ponerse como el tenazas en los restaurantes e innumerables puestecillos de comida callejera que abarrotan las calles. No es que yo sea muy viajada, pero no he visto nunca disfrutar tanto a la gente comiendo como aquí, con la posible excepción de mi patria chica, el Planeta Axturies. En Qibao vimos a gente con las manos literalmente llenas de comida (cuatro pinchitos en una mano, y un merengue y un helado en la otra, por ejemplo) y expresión  de auténtica y extática felicidad (dónde meten todo esto que tragan es otro de los muchos misterios que ofrece el Zhong Quo, y que espero algún día me sean revelados).

 

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Y es que el País del Centro, en lo que a gastronomía se refiere, no tiene competencia alguna, y la comida basura no es una excepción, como veréis en las fotos.

Además de los pinchitos de prácticamente cualquier cosa,  encontramos una enorme cantidad de cosas fritas y empanadas (desde cangrejos y gambas a deliciosos pasteles de nabo rallado) ; tofu de todas las clases y variedades (incluyendo el infame tofu apestoso, tan apreciado en estos lares); merengues de durian; pastelitos de pasta de arroz y judía roja rebozados en polvo de cacahuete; galletas de frutos secos; rollitos de verduras envueltos en piel de tofu, crepes y panecillos de carne y verduras; huevos de codorniz asados en costra de sal; pollo deshuesado cocinado en cápsulas de arcilla; codornices, codillo y manos de cerdo asadas, dim-sums y empanadillas de toda clase, maíz hervido, espirales de patata frita pinchadas en un palo, brotes tiernos de bambú, zumos de sandia y coco recién hechos, fruta bañada en caramelo, melones pequeñitos con forma de Buda… Mal sitio este para estar a dieta, amigos míos.

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Después de picar algo y dar una vuelta por la zona oficial, descubrimos a un par de calles lo que probablemente fuese lo más interesante de la visita;  un área algo apartada que parecía ser una especie de barrio rojo. En teoría, la prostitución es totalmente ilegal en China y es raro que se ofrezca de forma explícita, como aquí ocurría, con sus dormitorios iluminados con bombillas rojas, aunque hay miles de salones de masajes que indican que oferta no falta, ni probablemente demanda (no tenemos fotos de esta zona, como reporteros aficionados que somos, cedemos elegantemente este tipo de material controvertido a los profesionales del periodismo que aquí trabajan)

También nos tropezamos con una campaña de protesta organizada por algunos vecinos, denunciando la especulación urbanística con las casas de la zona (¿os suena, xipanyoles?). Las pancartas dicen, entre otras cosas:

“Ésta sigue siendo nuestra tierra, éste sigue siendo nuestro país, gobernad según las leyes y que las leyes lleguen a todas partes”

“¿Dónde está la preocupación de nuetros gobernantes por los ciudadanos?”

“Sin dinero no hay demolición (sin dinero no nos movemos) 10 años reclamando nuestros derechos, 10 años de mentiras y corrupción”

“El tigre nos quiere fuera de aquí, la cartera del tigre reclama sus sobres”

Ésta última espero verla adaptada en la próxima manifestación de la PAH en mi país de origen, aunque lo nuestro mas que los tigres sean los buitres del Monfragüe.

 

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Lo cierto es que en medio de aquel caos, había efectivamente varias promociones de viviendas de lujo vacías esperando comprador. Como veis en esta foto, el encargado no estaba sufriendo un ataque de stress precisamente. En todas partes cuecen habas, y parece que Qibao no es una excepción.

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Y aquí acabamos por hoy. Hasta otra!

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Muchas veces cuando los privilegiados laowais culogordo emigramos, o nos emigran, aquí al Mandato del Cielo, venimos con una serie de imágenes y clichés en la cabeza importados de distintas películas, libros y productos culturales. Cada culogordo tiene su lista y es el propio País del Centro y sus habitantes  y costumbres los que se ocupan  de desmentir o confirmar estas ideas con mayor o menor dureza.

Por ejemplo, no es raro encontrarse aquí a laowais culogordo, (normalmente varones cisgénero heterosexuales, a partir de ahora LCVCsH) que después de consultar un par de foros de internet, viajan ilusionados  al Zhong Guo pensando que esto va a ser como un vídeo de Biggie Smalls, con la gente ofreciéndoles billetes de 100 yuanes por su cara bonita y un montón de chinas faldicortas y despatarradas esperando que las impregnen, biológicamente hablando. Sobra decir que la realidad no es así, ni mucho menos, y la carita de decepción y los comentarios en consecuencia van de lo risible a lo directamente grotesco, pero de esto, del infame Bar Rouge y de las moscas y la mierda y la fauna que comenta en shanghaiist hablaremos más a fondo otro día.

Al tema. En mi lista de clichés culogordo particular hay un poco de todo:  El Imperio del Sol y todos los libros de memorias (bueno, todos los libros en general) del gran JG Ballard; los cómics sobre las aventuras asiáticas de Guy Delisle (en concreto Shenzen y en menor medida Pyongyang); La Linterna Roja de Zhang Yimou; el pabellón chino de la Feria de Muestras de Gijón; el Nihao y el ChinoPlazaEspaña de Madrid, con sus fabulosas empanadillas; El Último Emperador de Bertolucci, Blade Runner, El expreso de Shanghai, el rollo expat asquerosete de Los Nombres de Don DeLillo…

Pero la perla de la corona y niña de mis ojos, en lo que a prejuicio chinófilo se refiere siempre ha sido y siempre será la tienda del dueño original de Gizmo en Gremlins I. No sé si os acordareis de ese sótano de iluminación tenue lleno de trastos de inspiración Ming y cosas raras, con su dueño opiómano y tuerto y su becario de ocho años de edad, a mi me vuelve loca.

En el año y pico que llevo aquí en Shanghai, en general me he encontrado mucho más Ballard del que imaginaba y bastante más DeLillo del que me hubiese gustado, la dosis justa de Blade Runner y de Shenzen (de momento y gracias a CROM) y toneladas de deliciosas empanadillas y otros manjares, pero eso si, muy, muy poco rollo Gremlins, y a la Niña Gafotas Interior, con su debilidad por lo fantástico-sobrenatural la tengo algo decepcionada, porque venirte a la otra punta del mundo, a la patria de los Mogwai y el misterio oriental para encontrarte un Zara detrás de otro… pues ya me diréis.

Por suerte para ella, hace un par de semanas hicimos una pequeña excursión al Kai Xuan Men Dasha, que es un sitio que aunque tiene de Ming lo que yo de rubia y está desde luego, bien iluminado (muy a la china, con neones de esos cegadores que hacen que la gente tenga la piel verde) desde luego está lleno de cosas MUY raras, por no decir rarísimas, y mas chinas y misteriosas que el culo del Gran Timonel. Bienvenidos, señoras y señores al Mercado de la Salud y el Juguete Sexual de Shanghai

El edificio, desde fuera, con su forma de U invertida, no anticipa en absoluto las maravillas que nos vamos a encontrar en el interior. El vestíbulo, con sus floripondios y su suelo lleno de serrín recordaba vagamente al que sale en Dawn of the Dead, la de Romero, o a cualquier otro centro comercial chino sólo que mucho mas sucio, pero en cuanto te pones a dar vueltas por las tres primeras plantas…

Sacos llenos de pétalos de flores secas para infusiones,de todos los colores imaginables, setas desecadas del tamaño de la palma de mi mano, lagartos listos para infusion, penes de ciervo, estrellas de mar, todo tipo de vegetales secos llenando sacos a rebosar, frascos con bichos raros en formol, astas de animales desconocidos, pequeños moluscos y raices y cortezas sumamente misteriosas, caballitos de mar secos… Todo a mayor gloria de la virilidad, fertilidad, potencia y calidad de los diversos aspectos de las artes amatorias. Como una enana me lo pase.

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En la cuarta planta, estaba la zona moderna del asunto. Detrás de un enorme cartel que decía, “niños no” se escondían toneladas de ropa interior sexy de ínfima calidad, disfraces diversos, dildos y similares de todos los colores y formas imaginables, algunos con un packaging muy divertido, como vereis a continuación, y una asombrosa cantidad de artículos BDSM, látigos, esposas, elementos restirctivos, fucking machines, y bueno, de todo un poco.

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Aunque la iluminación recordaba vagamente a la difunta Librería Sexológica de Madrid, el ambiente en general se parecía bastante mas al de cualquier mercado chino, como el de mascotas de Xizang Lu o el de ropa de Qipu Lu aunque con menos afluencia de público (gente pegando voces, mercancía amontonada, batiburrillo de chismes llenos de polvo, señoras haciendo punto, regateo salvaje…) que al de cualquier sex shop al uso, vamos, que no había señores furtivos, ni tufo a ambientador de fresa, ni desde luego vibradores caros expuestos en elegantes vitrinas con amables dependientes. La visita merece la pena, aunque no seais fans de los Gremlins y si en algún momento pasáis por aquí, os recomiendo que os acerquéis a echar un vistazo y comprar un té de lagarto, un poco de hongo tibetano o un gigantesco vibrador fucsia. Aquí tenéis la dirección.

NOTA: Como se que me lo vais a preguntar: SI, me he comprado algo, en concreto un disfraz de ninja sexy, compuesto por un bañador de manga larga y capucha que deja los ojos al descuberto y unos nunchakos, todo de riguroso plástiquillo negro. Costaba 10 euros y no pude resitir la tentación, que queréis que os diga. Y NO, no voy a subir fotos de como me queda puesto, así que menos cachondeo, que nos conocemos.

El lunes pasado fue un día un tanto deprimente. Teníamos un examen programado para esa fecha y me pase todo el fin de semana estudiando como una loca, para dejar el pabellón bien alto y sacar al menos un 3 sobre 10, aunque en China la nota mínima para aprobar es un 6 y un sobresaliente un 10 a palo seco, así de duras se las gastan. Yo me conformaba con un suspenso pobre pero honrado.

Creo que no he estudiado tanto desde selectividad por lo menos. Rechacé invitaciones diversas a cañas, maratones de series y cenas con deliciosos pinchitos morunos, practiqué escritura hasta que el portaminas me hizo una marca en el dedo y aprendía a decir jubilado feliz, para describir a mis padres con propiedad. El domingo me fui a la cama agotada y con la cabeza llena de hanzis nuevos y la habitación de Annie la Imbécil Jianadiense perfectamente memorizada.

El lunes me despertó Pablo Laopan. Eran las 11:30 de la mañana y me llamaba por teléfono para preguntarme que tal me había salido el examen. Me había quedado dormida ¿os lo podéis creer?.

Es que no se puede ser más idiota. Yo que solo quería suspender con propiedad y el estilo, la clase y  desparpajo que se me atribuyen y voy y me quedo frita como un jiaozi o un jitui cualquiera. Lo que he aprendido está incrustado a fuego en mi memoria, y todavía puedo suspender el examen final, eso me consuela un poco, pero me apetecía mucho probar suerte y comprobar si mi chino es tan malo como pienso, o peor, o mejor… y ya nunca lo sabré. Me puse el “You can´t always get what you want” de los Rolling Stones, me tome mis cereales compungida y cabizbaja, me duché y me fui a comprar leche al Carrefour del Vortice del Mal echando pestes.

A mitad de camino me acordé de que uno de mis dos sujetadores había decidido suicidarse hace un par de días (no se si lo sabeis, pero los sujetadores baratos, tipo Oysho y Women Secrets también están sujetos a obsolescencia programada, duran exactamente 18 lavados, antes de que uno de los aros salga disparado montando un jaleo horroroso en el tambor de la lavadora y siempre por la misma costura, lo he comprobado)

En cuestiones lenceras, y en otras cosas también, soy bastante extrema. Sólo tolero dos puntos: el cuero, latex, corses, ligueros, encaje y taconazo en momentos erótico-festivos y las bragas de Bob Esponja. No soporto esas cositas primorosas con flores, puntillitas, lacitos y relleno “de diario pero monisimo” y con los sujetadores en concreto soy muy maniática y suelo pasar bastante del asunto. A mí lo que me gusta es que los lechoncitos sean libres, como los pájaros de las canciones de los Beatles y sólo me los pongo en verano, con ropa con escote o en días en los que la Moñas Interior anda realmente fuerte. Aquí en China los uso algo mas, en un esfuerzo inútil por contrarrestar el efecto Dolly Losantos (o Federico Parton si lo preferís) que ya os he comentado.

Pensando en posibles entrevistas de trabajo o días negros y moñas, se me ocurrió que quizás era buena idea sustituir al sujetador kamikaze con otro ejemplar. Además me apetecía fustigarme un poco por lo del examen, y ya que iba al Vórtice me decidí a echar un vistazo. Conste que detesto ir de compras, de ahí la asociación judeocristiana. Me resulta frustrante, aburrido y agotador, si en algún momento existió una Fashionista Interior, desde luego la experiencia trabajando en tiendas de trapos y diversas revistas “de tendencias” la ha desintegrado completamente. No entiendo a esa gente que se va de compras como si fuese algo divertido, por eso el 90% de mi ropa es negra, o de rayas, o con motivos más o menos friquis impresos.

A lo que iba, me metí en el Vórtice del Mal (que en realidad se llama, Hongkou Plaza, el Sueño del Dragón; (Pablo Laopan lo llama también La Pequeña España, porque Amancio y otros explotadores textiles xipanyoles están ampliamente representados) con el Cilicio Mental Shopper bien ajustado y el brick de leche y me fui derecha a la tienda de lencería número 1.

Que suerte, la mía, un montón de sujetadores no demasiado horrorosos a ¡68 yuanes de nada! ¡Ofertón! Me acerqué un poco un mas a ver si hay alguno negro, y si allí estaba. Era increíble, maravilloso, había acabado en menos de diez minutos, un hito, un record insuperable, una hazaña digna de un cimmerio de verdad, una epopeya, un… Ay madre, las tallas.

Ni hazaña cimmeria, ni nada, aquello solo era una tienda llena de bragas y sujetadores de tallas diminutas. La más grande era una 80B, y la más pequeña una 65A. Las chinas son idiotas ¿Quién, en su sano juicio se pondría un chisme lleno de metal y relleno pudiendo no llevar absolutamente nada? Conozco hombres que llevarían una 65ª sin problemas, y una 80B, ya puestos y lógicamente no lo hacen, porque llevar sujetador es un coñazo. Lechoncitos libres! Free as a bird! El Secreto de Victoria es que no hay secreto!

Pero estábamos allí para sufrir, y para encontrar instrumentos de tortura con aros y poco encaje, para las entrevistas de trabajo, y blablabla, así que hice de tripas corazón me cagué en todos los muertos del patriarcado un par de veces y me dirigí rauda y depresiva a la tienda de lencería número 2.

(CONTINUARA)

El mismo sábado, cuando salimos del templo fuimos a una librería gigantesca que nos habían recomendado en Fuzhou Lu. Efectivamente la selección de títulos era enorme. Parece que los chinos son grandes lectores, o al menos eso aparentan, excelentes noticias para un maquetador sin trabajo.

La sección de Economía y Ciencias políticas, donde podías comprar los Fundamentos de la Teoría Económica o Poder y Dinero, por ejemplo, estaba de bote en bote (otro día hablare sobre la apasionada relación de los chinos con el vil metal) igual que la de literatura extranjera. Había un montón de cosas interesantes, en la  sección de Arte vimos un libro que te enseñaba a dibujar de manera realista algunos animales:  una mariposa, un gato jugando con un ovillo de lana o un pato de goma con sujetador -este es el tipo de cosas que viviendo aquí te hace pensar que, muchas veces, la pregunta adecuada no es por qué? sino por qué no?- y os confesare que estuve tentada por un momento a hacerme con un ejemplar de Eros y Civilización de Marcuse, para poder fardar en el metro básicamente. Pero nuestro destino no se encontraba en la Sección de Humanidades, sino dos plantas mas arriba, en la dedicada a niños de 2 a 5 años.

Allí nos hicimos con unas cuantas joyas bibliográficas mucho más acordes con mi nivel de chino:  Las aventuras del conejo Anton, volúmenes I y II (el drama épico de un conejito y su oso de peluche que se pone enfermo), un libro de adivinanzas y mi favorito y perla absoluta de nuestra biblioteca, un raro ejemplar que se titula “Wo de Tata haokan ba?” que podríamos traducir por “Es mi caca/pastel bien parecida/interesante/digna de verse?”

El libro tiene unas ilustraciones chulísimas y un botón que hace el ruido de una cisterna, pero según mi experiencia shanghainita, vendría bien incluir un capítulo dedicado a la escobilla y otro que contemple aspectos relacionados con los lugares apropiados (el baño) y quizás no convenientes (la calle, un patio de vecinos, etc…) para depositar la Tata/pastel.  Tampoco habla de la espectacular carencia de papel higiénico en la megalópolis asiática, supongo que eso lo dejaran para la segunda parte.

Después, por recomendación de Dani Yuan, nos acercamos a People Square a echar un vistazo a la que de largo, es la cosa más bizarra que he visto desde que he venido aquí. No sois pocos los que me habéis preguntado como ligan los chinos, y allí descubrimos una de las maneras. Atención, que la cosa tiene tela.

En un rincón del parque, hay un mercado de solteros. Si os estáis imaginando algo tipo crossing campestre al estilo de los tebeos de Ralf Konning, o un parque lleno de gente intentando pillar cacho no podéis estar más equivocados, porque los que van allí no son los solteros, sino sus progenitores. Armados con una hoja A4 plastificada, en la que se resumen algunas características del soltero/a en cuestión (a saber: año de nacimiento, altura, estudios, zona de residencia y requerimientos del candidato potencial) se reúnen allí un montón de sesentones, que cuelgan con pinzas de tender la ficha de soltero en unas cuerdas instaladas a tal efecto y se dedican a conspirar en grupitos de 2 a 5 personas y organizar citas a ciegas en cafeterías para sus retoños.

Curiosamente, las fichas no tenían foto ni ninguna otra característica física que no fuese la altura, pero hacian mucho hincapié en el sueldo, titulación académica y zona de residencia (a veces también en los metros cuadrados de la vivienda). Además de particulares (muchos, y eso que ya era un poco tarde) habia agencias repartiendo tarjetas, en las que se especifica que “en la primera cita no se podrán ofrecer ni aceptar regalos, y las consumiciones será abonadas personalmente por cada candidato”. Parece que aquí el que no corre vuela, y no solo a la hora de placar laowais culogordo subiéndose al autobús.

Mientras dábamos un paseo por la Pesadilla del Soltero Español, bromeando con la posibilidad de abandonarnos mutuamente por un completo desconocido de 1,60 ingeniero agrónomo con el fabuloso sueldo de 10.000 yuanes, nos dedicamos a hacer mentalmente nuestras propias fichas. La mía era algo así como 1,65, nacida en 1978, graduada en diseño grafico, sueldo de 0 a 8000 yuanes, residencia variable, fumadora semianalfabeta con sentido del humor busca aficionado al comic alto y guapo que sepa cocinar. Abstenerse machistas y ejecutivos de marketing. Definitivamente, una joya para cualquier suegro.

He aprendido a decir norte, sur, este, oeste, banco y diccionario.

Norte:北/Běi/pei

Sur:南/Nán/nan

Este:东/Dōng/tong

Oeste:西/Xi/si

Banco: 银行/Yínháng/iinhang

Diccionario:字典/Zìdiǎn/sitian

Doy fe de que lo que dice el artículo es verdad, el viernes pasado nos acercamos a un Ikea pequeño de por aqui cerca y efectivamente aquello era la pesadilla de un diseñador de interiores.

Como ir a Ikea me parece un castigo por ser pobre y no poder comprarme muebles de verdad y me quita un montón de puntos de cordura, me lo pase bomba con el rollo gremlin de los chinos, que estaban allí a lo suyo, con sus meriendas, sus siestecillas y sus pruebas de resistencia (dándole hostiones a las mesas LACK y desmontando prácticamente los sofás-cama) sin comprar absolutamente nada. Hasta nos echamos una carrera con sillas de oficina, para integrarnos y tal.

http://www.scmp.com/news/china/article/1300942/ikea-last-cracks-china-market-success-has-meant-adapting-local-ways

Ayer estuvieron a punto de atropellarme, una bici, una moto eléctrica, un BMW y una señora como de 200 años, esta ultima en el Carrefour del Vórtice del Mal.

Ella estaba buscando algún producto chino misterioso, tropezó con “algo” (que era yo), y sin mirarme, me agarro del brazo por encima del codo, en el gesto internacional de las abuelas de “ven pa ca” y me pregunto -o eso creo- si sabia en cuál de los 250.000 pasillos del Carrefour podía encontrarlo. Cuando levanto la vista y se dio cuenta de que ese “algo” era una estúpida laowai culogordo se echo a reír a carcajadas y se largo con su cestita.

Me molesto un poco, porque llevaba una hora allí metida buscando una garrafa de agua, y efectivamente SABIA donde estaba la bolsa de enigmáticas cosas secas de oferta que estaba buscando. A pesar de esto, a veces se agradece que los chinos te traten como a un subnormal.

He aprendido a decir mechero, empanadilla frita, bolsa de plástico y fotografía tamaño carnet.

Mechero: Dǎhuǒjī/ 打火机?=/Tahuechii
Empanadilla frita: Guōtiē/锅贴/Kuotie
Bolsa de plastico: Sùliào dài/塑料袋/Suiiliao tai
Foto de carnet: Hùzhào Zhàopiàn /护照照片/Hu yao cha pien (literalmente, foto de pasaporte)

Solo llevo 2 días aquí y ya me han pasado mil cosas bizarras: Pablo Laopan me ha comprado a gritos el móvil mas hortera del mundo, mientras media docena de dependientes chinos se partían la caja; hemos visto una autentica horda de chavalas con orejas de conejo iluminadas asolando el Bund; un par de exposiciones de ilustración brutales; una señora le decía a un chavalín que me miraba asombrado que yo era una Wai Guo Mama (no me digáis que no mola, es como de miembro de Wu Tang Clan)… Esto está siendo raro e intenso de cojones, pero he aprendido a comprar tabaco y a decir, “perdone, no le entiendo” así que no se me está dando tan mal la cosa.

Vocabulario:
Para comprar tabaco (quiero un paquete de Malboro): Wǒ yào yī bāo Wànbǎolù / 我想一包万宝路 / Uoo yao ii pao Wanpouuluu
No le entiendo/No lo se/Paso de todo: Wǒ bù zhīdào / 我不知道/Uoo pu chii tao

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