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Hoy vamos a hablar aqui en lailolai de diferencias culturales, distintas maneras de entender el mundo y sus cosas dependiendo de la parte de la patata flotante donde te haya tocado vivir, en este caso, diferencias xipanyochinas, o zhongquopañolas, como más os guste.

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Yo diría que ante una situación cualquiera, a ojos de habitantes de extremos opuestos del planeta, podemos encontrar básicamente tres tipos de respuesta:

RESPUESTAS COMUNES:

Cero conflicto, las dos personas reaccionan básicamente igual. Por ejemplo, nos enteramos de que Choupette, el fabuloso gato de Karl Lagerfeld en realidad no es suyo; según sus propias declaraciones el mogul germano de la moda decidió arrebatarselo a su dueña después de hacer de canguro durante unas vacaciones. Karl Lagerfeld es un ladrón de mascotas, un 小偷子, y su  bárbara acción indigna por igual a amantes del felino de ambos países. Faltaría mas.

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ZONAS GRISES

La respuesta de las dos personas difiere en forma y matiz, pero el fondo es mas o menos el mismo, y seguramente con un par de cervezas y un traductor se llegará a un acuerdo. Por ejemplo, ante una china paseando despampanante por Nanjing Xi Lu, probablemente al español medio le llame la atención (para mal, entrecejo fruncido y mano en el paquete) el largo de la falda -que tiende a ser mas bien corto-. El  chino medio sin embargo, lanzará una mirada entre hambrienta y reprobadora si la chavala en cuestión lleva una camiseta algo mas ajustada que un saco de patatas de talla XXL. Distintas formas de decir lo mismo: tengo derecho a juzgarlas por su apariencia porque para eso están. Problema mínimo y puntual, entendimiento cervecero prácticamente asegurado.

 

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ABISMOS INSALVABLES

Las dos personas reaccionan de manera diametralmente opuesta ante una situación concreta. No hace falta que sea algo importante, tipo conflictos armados, geopolítica o valores morales, muchas veces pasa con cosas absolutamente triviales. El conflicto, o molestia, suele aparecer porque lo que para uno de los participantes es algo de educación y sentido común básicos, para la otra es una soberana gilipollez sin ninguna importancia, y ya la tenemos liada.

Obviamente, éstas son con las que pasas mas vergüenza y las mas divertidas de leer y contar.

Algunos ejemplos:

Una cosa que llama mucho la atención a los xipanyoles recién llegados es que en restaurantes y tiendas JAMÁS te dan las gracias al pagar. No es que sean maleducados, es que aquí no se hace y ya está, tampoco hay que darle demasiadas vueltas ni tomárselo como algo personal.

Pero así de primeras, y viniendo de un país en el que una saluda y se despide en las cafeterías, so pena de que te escupan en el 拿铁咖啡 por borde, y el GRACIASHASTALUEGO es ley no escrita, es muy normal que el xipanyol primerizo se quede esperando su 谢谢 con carita de pena mientras se oye de fondo el zumbido del frigorífico del Lawson.

Por otra parte,a los dependientes chinos  si que les molesta, y yo diría que bastante, que al pagar les des los billetes  arrugados y con una sola mano, como si fuesen papelajos del Monopoly. No me queda claro si esto es así porque el dinero aquí es cosa importante (que lo es) y aprecian cierta ceremonia en este punto, o porque tienen que meterlo ordenadito en la caja y les fastidia tener que plancharlos, pero es una de esas cosas que hacen que te miren con cierto desprecio y que en Xipanya no me ha pasado jamás (la forma correcta de pagar es con los billetes extendidos y sujetándolos con ambas manos, por cierto).

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Hoy en el trabajo, he tenido una de estos pequeños conflictos, siendo mas bien la ofensora que la ofendida. Conste que fue totalmente involuntario, y que el shangainita medio, y en concreto mis compas de trabajo, me parecen un modelo de tolerancia y paciencia extremas, 天天 que dirían ellas.

Es una anécdota de diseñador, y entiendo que a los profanos les pueda resultar algo aburrida, pero ilustra bien este punto, así que allá va.

El caso es que trabajo como diseñadora en una empresa de gerencia francesa aquí en Shanghai, y mi departamento acaba de fusionarse con otro. Esto significa que hay que hacer tarjetas de visita y material de oficina para el nuevo departamento.

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Obviamente, las tarjetas incluyen el numero de teléfono de la oficina y el movil de cada trabajador. Aquí es donde aparece el primer 问题. Los números de móvil tienen 11 dígitos, pero los del teléfono fijo, solo 10.

Mi jefa (francesa, y por lo tanto laowai, como yo) sugiere que ambos números tengan una secuencia parecida, para que al ponerlos uno debajo del otro quede mejor, algo así:

Móvil: (+ 86) 1234 5678 901
Fijo:    (+86) 1234 5678 90

A las dos nos parece perfectamente lógico y razonable. Al fin y al cabo, la cuestión es que el número se entienda y que la cosa quede bonita ¿verdad?

Pues en mi oasis de esteticismo laowai, hago todas las tarjetas y envío un pdf a todas mis compas, chinas en un 100%, por si hubiese alguna errata, algun cambio de número de móvil, de cargo, etc… nada de lo que una encallecida diseñadora no pueda hacerse cargo.

 

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Y aquí empieza lo gordo. El 大问题

Porque lo que viene a continuación es una cadena de mails absolutamente pasivo agresiva indicando, con toda educación eso si, que eso de poner los móviles en secuencia 4+4+3 es UN DESMADRE Y UN SINDIOS.

Alguna se acercó a decirmelo en persona y todo. Y saqué la carta de la jefa:

Diseñadora (ojos de ShinChan)
– Es que jefalaowai lo quiere asi, para que quede pareado con el telefono fijo…

CompaChina
– Ya, ya… pero no se entiende, Y ADEMÁS NO NOS GUSTA A NINGUNA, ASÍ QUE CAMBIALO.

Un motín! Y esta gente es mas jerárquica que los vendedores de Avon, que las juventudes del PP, que la secta aquella de David Koresh…  Esta claro que sin querer habíamos roto alguna especie de tabú telefónico, nos habíamos sonado los mocos con el vestido de la novia, degollado hamsters, devorado infantes y vestido negro con azul marino TODO A LA VEZ.

Un jodido horror, un 大问题

No sabía dónde meterme. Y seguían llegando mas y mas correos, que venian a decir lo siguiente:

Hola Señora Milton,
Mi nombre chino es 白白 y mi cargo ya no es Account Manager, si no Digital Account Manager, sería posible cambiarlo, si no es mucha molestia? Por cierto, DE QUE VAIS CON LA SECUENCIA DEL TELÉFONO, ZORRAS IGNORANTES? EN QUÉ CABEZA CABE, BÁRBARAS, HEREJES? LAOWAIS TENÍAIS QUE SER!

La secuencia correcta es 3+3+3+2. TODO EL MUNDO SABE ESO!

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Muchas gracias! Espero que tengas un buen fin de semana.

Con mis mejores deseos.

Tracy Wang 白白旺
Account Manager

 

 

Y así como 20 emails.

Y como jefalaowai no estaba presente, he decidido aparcar el conflicto hasta que llegado el lunes todas las compis me hayan mandado sus quejas y dejarlo en sus bien pagadas manos, porque para eso están las jefas. Pero, todo hay que decirlo, me fui a casa con mal cuerpo y la sensación de haber metido la pata hasta el fondo. Y con la certeza de que es una de estas cosillas culturales que nunca llegaré a entender del todo, aunque me la expliquen.

Y así nos luce el pelo a los habitantes y visitantes mas o menos permanentes de esta parte de la patata flotante. Hasta otra!

 

 

 

 

 

 

 

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¡Hambre! ¡Humillaciones! ¡Horror! Arrancadas del famélico pecho de sus madres, arrojadas al metálico vientre de la bestia que se alimenta de carne ¡Humana! Es la naturaleza del lobo, del jefe al que el populacho llama cuerda, que arrastra tras si el ¡Holocausto! que ofrecerá a las chimeneas humeantes a cambio de vil metal…

¿Qué espera a nuestras niñas detrás de la puerta oxidada?

Lo hemos de descubrir en esta tercera entrega de Las que tienen que servir, tal fue narrado por Xia Yan y tal acertó a traducir su querido Mister Holmes.

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Las cinco de la mañana en punto, la primera llamada a las obreras ya suena con violencia, las puertas del edificio de ladrillo rojo cubierto por techo de lata se abren, la manada de esclavas desposeídas -incluso de cadenas- entran como pollos en un corral, empujándose sin orden. Cada cual con su cartilla de identificación en la mano, hablando poco y con desgana. Pasada la puerta, la corriente humana se divide, primer grupo a la izquierda, segundo, tercer, quinto y sexto grupo a la derecha1. Antes de haber recorrido cien pasos, se unen al río de las trabajadoras no contratadas, a jornal, o externas, que trabajan con ellas en la fábrica y que también están entrando ahora. Pero aunque fluyan en la misma dirección, la división entre ellas es evidente en la ropa, que las trabajadoras a jornal llevan, más o menos, un poco más cuidada, lo normal entre estas es vestir un qipao y unas zapatillas de goma, amarillas o azules, y a las de dieciocho o diecinueve años, les gusta arreglarse con un poco de maquillaje para parecer más blancas, incluso hay la que se adorna con un ondulado de peluquería.

Ninguno de estos lujos son para las trabajadoras contratadas, que visten sin excepción ropas escuetas, gastadas y sin forma, arriba una camisa sucia de desvaído color verdoso pantano, o verdoso hoja de loto, abajo visten falda de color verdoso sauce o negro apagado, pelo largo, recogido en coletas, zapatos viejirrotos de tela basta y pies vendados según la antigua costumbre2 que impide que estos se desarrollen con normalidad, dotan a todo el conjunto de un aire trastabillante a la ida y vuelta de la fábrica.

Fuera del trabajo las dos clases raramente se mezclan entre si: pueblerinas, carentes de educación, cerebros de barro rellenos de estiércol y paja y acentos que las demás no tienen manera de entender; exceso de arrogancia, desprecio inmerecido por las otras y prejuicios inconscientes de las ciudadanas, son las razones que impiden que se desarrolle alguna cercanía entre ellas -Somos más libres que vosotras, tenemos más derechos- esto es lo que piensan algunas… aunque la libertad siempre vaya de la mano del hambre y esos derechos -a cambiar de trabajo, a pedir mejor sueldo-, nunca hayan sido usados.

El monstruo de ladrillo rojo abre la boca para recibir su alimento diario, los guardias hindus3 que vigilan las puertas de metal inspeccionan los documentos que acreditan que a la que se recibe es mano de obra certificada. A las chicas contratadas les basta con enseñar una cartilla de identificación impresa, las trabajadoras externas deben añadir a esta cartilla un permiso de trabajo con fotografía. El uso del permiso de trabajo es un requisito impuesto tras el incidente -que recibió el nombre de rojo– de hace una década, cuando todas las fábricas de tejidos de Shanghai se pusieron en huelga. Esta medida de seguridad es única de las factorías japonesas. Tanto en los telares chinos como en los ingleses es normal que los familiares de los trabajadores les sustituyan usando su cartilla de identificación cuando estos deben ausentarse, ya sea para estudiar o para cerrar algún negocio y en el interior de la fabrica no es raro ver a los hijos, de cinco o seis años, trabajando junto a los padres, aunque por supuesto estos “becarios” no reciben ningún salario.

Telares produciendo rollo tras rollo de tejido, lineas de producción que tejen y tejen medias, incesantes al servicio de la felicidad satinada y confortable del consumidor, pero -¿Y el proceso?- Convertir el algodón en dinero, no tiene nada de feliz, ni de satinado, ni de confortable. Ruido, polvo y humedad, estos son los tres compañeros y las tres amenazas de las trabajadoras.

Los pasajeros del tranvía, a su paso por Yang Shupu pueden escuchar a su izquierda y derecha, procedentes de las fábricas textiles, una especie de shashashasha como de lluvia cayendo sin parar, mezclado con un longlonglong que recuerda al sonido de un trueno, según nos acercamos la violencia del sonido crece y crece ¿Llegara a parar?… No, seguirá atontando, entumeciendo sus tímpanos, el ladrido de los motores, el golpeo de las cintas sobre el algodón, el ruido del giro de los ejes, el rechinar de las ruedas dentadas, empujándose unas a otras… Sonidos chirriantes, martilleantes, rechinantes, perforantes forman un magma igigcrucruchukluduble que parece como que extrae todo el aire del interior de la nave, que absorbe todo el espacio haciéndola más y más pequeña y aplastando a sus ocupantes contra el suelo.

Las capataces y las encargadas, cuando quieren dar sus ordenes a las trabajadoras, no usan palabras ni gestos, solo el sonido de los silbatos que sujetan en la boca es capaz de romper el velo de ruidos nerviosos que cubre a las que trabajan entre las máquinas

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El polvo. Entre la limpieza y tejido del material se provoca el vuelo de incontables partículas y fibras de algodón, las chicas que barren el suelo lo hacen con escobas que, cubiertas por trocitos de algodón, acaban pareciendo fregonas. Las que andan entre los callejones -así se llama el espacio entre las lineas de máquinas de hilado- lo hacen como en una fina nevada que vuelve a cubrir el suelo nada más acaban de barrer. En la zona de apertura, ablandado, limpieza y cardado de los fardos de material… el trabajo aquí consiste en la apertura a mano de las grandes balas de algodón, en despojarlas de toda la materia no aprovechable y en esponjarlas a golpes. En las fábricas japonesas a este tipo de labor se destina casi exclusivamente a las señoritas contratadas, porque estas son las únicas obedientes, las únicas que hacen un trabajo que todas las demás se niegan a hacer. Aquí da igual la ropa que vistan, que en un momento acabara teñida de color blanco sucio. Los demonios del algodón, amantes de atormentar a los humanos, juegan a meterse en todos los agujeros, no respetan ni nariz, ni orejas, ni boca, ni ojos; cubren las pestañas, las cejas y el pelo de las que se atreven a entrar en su reino. Lo normal entre las chicas dedicadas a esta labor es no tener buen aspecto y los expertos dicen que la razón es que por cada semana de trabajo, se calcula que se acumula en los pulmones algo más de un gramo de este polvo textil.

La humedad, el último de los tres tormentos de las trabajadoras, amenaza especialmente de aquellas que trabajando en la zona de estirado y tejido de la tela, pasan todo el día entre paredes cubiertas por moho amarillo y una atmósfera saturada de vapor de agua. De acuerdo a las características del material, en el que grado de humedad es directamente proporcional a capacidad tensil, o por decirlo sencillamente: cuanta más humedo el hilo se rompe con menos facilidad, en cada uno de los trenes de hilado se instala un vaporizador y sobre las cabezas de las máquinas tejedoras se equipa una boca que expulsa sin pausa una niebla que lo cubre todo. Si estiramos el brazo no vemos nuestros propios dedos, incluso si tenemos a alguien enfrente ¡Tampoco lo podremos ver! Cualquier arañazo, herida, incluso una picadura de mosquito se ulcera con facilidad. Como es trabajar aquí en pleno verano, cuando la temperatura alcanza en el interior los 45 grados, no es fácil de imaginar para los que no hemos tenido que hacerlo.

Nos habremos hecho una idea del desgaste sufrido por cualquier mecanismo de carne y hueso obligado a trabajar bajo estas condiciones, especialmente en el turno de noche, en el que a estas amenazas artificiales para el correcto funcionamiento se le une la natural del sueño. Por supuesto, ni el cansancio ni la somnolencia tienen cabida en la fábrica moderna, y son evitadas por la vigilancia feroz y la pronta represalia sobre la que, por falta de concentración o esfuerzo, permita la rotura de una pieza de tela, coloque incorrectamente los carretes de hilo o sencillamente permita una acumulación de material en su puesto. Hay que decir que en estos últimos años, las palizas han ido reduciéndose gradualmente, pero este avance solo ha beneficiado a las trabajadoras externas, ya que estas pueden devolver golpe por golpe el castigo que sufren dentro de la fabrica en el exterior de ella, con la ayuda de unos amigos y familia siempre dispuestos a corregir los excesos de carácter de sus superiores. Pero las chicas contratadas carecen de amigos, o de ayuda, y cualquiera puede abusar de ellas, cualquiera puede maltratar a este escalafón de lo más bajo entre lo bajo, y estas se convierten en el objetivo del genio y las amenazas y los golpes de los capataces y de las jefas.

En la fábrica para penalizar la indolencia entre las trabajadoras, se cuenta con estos tres tipos de medidas: castigo físico, multa o despido temporal. Para los dueños de las trabajadoras contratadas los dos últimos tipos de castigo resultan en una merma de sus ganancias, cada multa repercute en sus beneficios y el despido temporal no solo supone el cese de ingresos, sino la carga de seguir alimentando -un cuenco de arroz por comida, tres comidas al día- a la parada. Ni que decir tiene, los jefes de cuerdas de trabajadoras contratadas prefieren que se aplique entre sus chicas el primero de los métodos de castigo, la paliza. Cuando visitan al director de la fabrica en las fiestas de fin de año, tras la entrega de regalos, los cuerdas piden muy educadamente que esto se tenga en cuenta.

-Por favor, hágase cargo de mi situación, si mis chicas se portan mal, péguelas, si las tiene que matar a golpes, mátelas, pero hágame este favor, no las multe, y por lo que más quiera, ¡No me las deje sin trabajar!-

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Si hay que matarlas a golpes, mátalas. Bajo estas circunstancias, las muchachas reciben palizas un día sí y otro no. En cierta ocasión, una de las contratadas a la que las reprimendas no habían conseguido remediar de su reiterada falta de esfuerzo, estaba siendo golpeada por los capataces… En aquel momento quiso la fortuna que una señorita de ultramar, familia del dueño japonés de la fábrica, se encontrara de paseo en la factoría y sorprendida por la saña con la que se golpeaba a la pobre chica, afeo la brutal conducta de la jefa de planta. Quien sabe si aquel tipo de castigo tan poco civilizado la disgustara, quien sabe si quería educar a sus subordinadas en métodos punitivos apropiados, acercándose en persona hasta la pobre tirada en el suelo, puso su mano en la oreja de esta y de un tirón la obligó a arrastrarse hasta la toma de agua más cercana y la hizo quedarse en pie, cara a la pared. La jefa las seguía obedientemente y rauda comprendió que es lo que se esperaba de ella, agarrando una de las tapas del hidrante que estaba abandonada en el suelo.

-Esta señorita no se comporta nada bien ¡Que vaga!- Declamó la japonesa entre carcajadas. A lo que la jefa respondió, con tono y porte de institutriz aprendidos con objeto de complacer a su ama -Sostener esta tapa sobre su cabeza la enseñara que no se debe remolonear en la labor-

Este castigo, adecuado en una fábrica civilizada, puede alargarse durante más de dos horas, en las que no se permite ningún movimiento, y que son restadas del salario diario, si esta reducción de los ingresos es castigada por su jefe con una nueva paliza, eso es asunto de cada cual…

¡Oh cruel Edipo de metal! Mecánico mecanismo obsesionado por destruir la semilla que te ha engendrado, así esclavizas a las débiles y a las desesperadas.

Dulces corderitas como pompones de algodón ¿Podréis dormir al fin? ¿Seguiréis trabajando en sueños, turbina tras turbina tras turbina os turbarán aún en brazos de Morfeo?

De todo lo que las depara su destino daremos cuenta en el próximo, y último, capítulo de Las que tienen que servir, el desenlace que no se querrán perder del folletín que sus amigas se arrepentirán de haberse perdido.

¡Les esperamos!

1Si, no hay cuarto grupo, el cuatro es un numero de mal augurio para los chinos ya que en su idioma cuatro si4 suena muy parecido a muerte si3.

2El vendaje de los pies, para conseguir lo que se llamaba pies de loto, fue una costumbre que se llevo a cabo entre familias campesinas hasta el siglo XX, dicha modificación corporal por un lado aumentaba el valor, como objeto de casamiento, de la niña y por otro era un vestigio de unos días de cierta prosperidad hace mucho tiempo pasados.

3En el Shanghai colonial, y supongo que por influencia inglesa, era de buen tono contar con hindúes como guardias de seguridad en la entrada de fabricas y otros edificios, su fiera estampa tocada con turbante y barba dejaron una profunda impronta en el imaginario shanghaines.

En el anterior capitulo dejamos a nuestras niñas en cruel intersección, en manos de malvado villano sicario de C.A.P.I.T.A.L. Sociedad Limitada, volvemos a la historia que las ha traído, desde el hogar devastado hasta factoría textil en la que han de descubrir que la gran ciudad, oh ramera inmoral, no es como se la han pintado. ¿Resuena este folletín en su corazón arrasado por promesas de prosperidad y de puestos destacados?

Y sin más preámbulo pasamos a la segunda parte de este serial que esperamos les esté agradando.

Las que tienen que servir (II)

Traducción de Míster Holmes, del original 包身工 de Xia Yan.

Justo pasadas las cuatro y media de la madrugada, cuando la escasa luz no arroja sombras y la última estrella aún no se ha apagado, los callejones entre los edificios residenciales de estilo de ultramar que alojan a nuestras señoritas invitadas desde el agro, ya están llenos. Recibidas por esa brisa fresca y cargada de un poco de humedad con la que tan habitualmente el cielo bendice a los habitantes de la ciudad levantada entre canales y aguas estancadas, se arremolinan alrededor de los grifos allí instalados, se gritan entre ellas, se lanzan agua unas a otras y se intentan quitar las fibras de algodón que forman nudos en su pelo entre tirones de peine desdentado. Mientras el jefe o alguno de sus capataces las vigila, apoyado indolente a un lado de la puerta y sujetando un fajo que contiene los documentos de identificación de sus trabajadoras, dándose aires de taquillero de estación ferroviaria situada en un país de fabula solo poblado por niñas.

En el interior del edificio tras limpieza general consistente en colgar de las paredes las esteras que sirven como colchón a sus moradoras, todo esta dispuesto para el desayuno. Mise en place de unas decenas de cuencos y un puñado de palillos distribuidos rodeando desenfadadamente una gran olla llena de unas –ligerísimas– gachas de arroz. La ración establecida es de tazón por trabajadora, de lo que por las mañanas y noches son gachas y al mediodía arroz digamos que blanco, refrigerio este último que se reparte en la fabrica para más comodidad de las niñas. De receta en absoluto vulgar, las gachas se componen de una pizca de granos de arroz, un puñadito del socarrado que se pega a la olla y un toque de poupurrí de trozos de arroz roto y otros ingredientes secos, que se complementan con generosa ración de esos restos de tofu que allá en el pueblo se usan para alimentar a los cerdos. ¿Añadir a la receta verduras? En estos ambientes se consideraría verdaderamente extravagante, pero se conoce que entre los jefes de la especie benevolente, estos gustan de recorrer los mercados para encontrar las hojas de remolacha, zanahoria y apio más en flor, que sumergidas en una delicada salmuera habrán de servir de delicatessen para sus empleadas.

El salón comedor solo cuenta con dos bancos para sentarse, pero aunque contara con más, las dependencias son obviamente insuficientes para recibir a las treinta comensales que justo en este momento entran en enjambre, haciéndose con un cuenco y que tras catar el manjar con desparpajo lamiendo los pegotes del mismo que han rebosado desde la olla sobre la mesa, presentan su tazón, que comen en cuclillas o de pie aquí y allá. Algunos días, como el cumpleaños de la jefa o el jefe o el día de paga, la ración puede ser más abundante, otros días las que entran tarde en el comedor por ser su turno de limpiar las habitaciones o vaciar las letrinas, se encuentran con una olla vacía. Sus quejas mueven a la jefa a rascar cualquier resto que se pueda haber quedado pegado en la olla y tras añadir algo de agua fría y mezclarlo todo, vuelve a colocar enfadada la olla frente a estas herramientas baratas, cuyo mantenimiento considera que no debería ser tan oneroso.

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-¿Otra vez haraganeando? Cuando acabe contigo vas a tener motivos de veras para no levantarte ¡Así aprenderás!

Tras la gran huelga1 y la aparición de movimientos que dicen defender lo que ellos llaman los derechos de los trabajadores, los propietarios han descubierto súbitamente una nueva consideración por las necesidades de esta maquinaria barata de manufactura china. Según se dice, el cambio obedece a razones puramente empresariales, al fin y al cabo el material con la que están construidas es débil carne y hueso, por lo que si son sometidas al estimulo de las mayores privaciones, han de responder descubriendo en si mismas una capacidad productiva que nunca hubieran sospechado poseer.

Pero a veces se da que alguna de estas tontas topan con alguna de esas ideas raras que se han puesto de moda, y la influencia de estas ideologías, hace que ni siquiera matándolas de hambre se les puede obligar a trabajar. Por si fuera poco, en los últimos tiempos los obreros han empezado a cada vez en mayor numero abandonar la fábrica Las razones, sean cuales sean, son desconocidas para los propietarios, maldita la falta que hace perder el tiempo en estas averiguaciones. Cierto experto con gran experiencia, sostiene que es imperativa la mejora de las condiciones de trabajo, que el uso de la fuerza no puede acabar con las demandas de este movimiento que llaman del 30 de Mayo, y que si estas demandas fueran atendidas no sería necesario recurrir a la amenaza de la fuerza para mantener el orden.

¿Veredicto?

– No, de ninguna manera, aplicar estas ideas ridículas, ese benevolentismo (así han bautizado a esta teoría) a todas luces excesivo, no, no y no- La solución es seguir trayendo, a cada vez mas, de esas crías del campo, a esas trabajadoras contratadas, para sustituir a esos trabajadores por jornada tan preocupados por sus derechos.

En primer lugar, las crías pertenecen a sus cuerdas. Por un periodo -estipulado por contrato legal- de tres años liberadas de la libertad de “hacer” o “no hacer”. Y como cada día de su trabajo supone el usufructo de su jefe, en caso de enfermedad o indisposición, se puede contar con un adulto responsable que utilizará todos los medios para persuadirlas de la necesidad de mano de obra de la fábrica, ya sea con patadas o a palos.

Tomemos el ejemplo de esa (que es aplicable a otra cualquiera)… Una mañana especialmente fría, asustada por el intenso frío y por la mordedura del viento gélido que soplaba fuera, se arrastró hasta una de las esquinas de la habitación, se hizo un ovillo y ahí se quedó escondida. Al darse cuenta que la encargada de la olla no estaba en su puesto, y al responder sus compañeras de cuarto -Esta mañana de verdad que está muy mala- fue mandado el capataz a ver que pasaba. Los capataces son, si no familiares del jefe, matones y macarras locales de cierta reputación, ángeles exterminadores de barriada con potestad sobre la vida y la muerte de sus habitantes. En seguida se oyeron los quejidos de la cría, que haciendo gestos, intentaba comunicar que aquella mañana no tenía fuerzas e imploraba comprensión hacia la silueta del némesis que se recortaba en la puerta.

-Así que fingiendo estar enferma, aquí te traigo tu medicina-

Y la agarró del pelo tirando para levantarla, ante su negativa de pataleos y arañazos, recurrió a una patada, y luego, como marca la costumbre, a otra y otra…Pero la paliza se vio rápidamente detenida ¡Entre los gritos de dolor del macarra! Que se quejaba del daño que se había hecho pateando aquel saco de huesos puntiagudos, la resistencia fue finalmente sofocada cuando con mano ágil procedió a coger un cubo de agua que otra llevaba y lanzó su contenido sobre la cabeza de la enferma. El frío de invierno, la sensación del agua helada y la amenaza de otro remojón fue más de lo que podía soportar y se incorporó, recibida por una jefa que se reía enseñando mucho los dientes.

– Vaya con la enfermita, un poco de agua fría ha bastado para curarla.

Y este es un ejemplo como otro cualquiera.

lqs202 Segundo, están recién traídas del pueblo, la mayoría procedentes en origen de andurriales sobre los que los jefes ejercen un control casi total, al menos en lo que a la entrada y salida de información se refiere. Rodeadas por muros y carteles -zona de trabajo, prohibido el paso- estas señoritas de provincias quedan aisladas del mundo de ahí fuera, lo que ofrece solidas ventajas competitivas en la gestión de estos recursos casi humanos. De este modo, a las cinco de la mañana, con puntualidad británica se ve aparecer a la puerta de la factoría a estas cuerdas de trabajadoras, entregadas en mano por el propio jefe o alguno de sus capataces, de la misma manera son recogidas al toque de silbato de las seis de la tarde. Los resultados de esta estricta observancia de los procesos de higiene y esterilización en la manipulación de la mano de obra enlatada son evidentes, asepticamente protegidas del resto de trabajadoras y de las bocas siempre sucias de las vecinas, libres de toda influencia perniciosa o idea descarriante que pudiera producir fermentación o infección bacteriana del producto.

Finalmente y despues de todo son mano de obra barata. Traídas a la fabrica por su jefe son bautizadas con el nombre de aprendiz, significando su periodo transitorio en el que seran observadas y juzgadas deux ex machina, catalogada su valía productiva y confirmadas en el nombre de peón aquellas que se adapten a los procesos conformantes de la moderna producción en serie, a la Ford, convertidas ellas mismas de materia bruta a producto manufacturado.

A las primeras se les paga por sus jornadas de trabajo -de 12 horas- entre 10 y 15 céntimos de dólar, ocupándolas en limpiar el suelo de la fábrica, abriendo las balas de algodón, separando y limpiando de materia vegetal e impurezas, transportando el material hasta las máquinas sobre sus hombros después de haberlo preparado en fardos y en otros procesos para los que no es necesaria la posesión de técnica ninguna. Unas semanas después ya se consideran preparadas para accionar las maquinas que convierten la materia prima en producto de consumo y son asignadas a los trenes de apalizado, a las cardadoras, maquinas hiladoras y las bobinas que chum-chum-chum hacen girar el algodón sobre si mismo vuelta tras vuelta. En países extranjeros el desbroce de las balas, el esponjamiento del algodón y el trabajo en los largos trenes que preparan el material golpeándolo mecánicamente esta reservado a obreros de sexo masculino, en Shanghai, los propietarios no son observantes de estos preceptos prejuiciosos e inferencias gubernamentales, no considerando que sean labores fuera del alcance de una niña china en perfecto uso de casi todas sus facultades, lo que añade a la satisfacción de romper viejas convenciones obsoletas la del ahorro, ya que lo mismo que puede hacer un obrero, lo hacen estas chicas por una tercera parte de su sueldo…

¡Ay, progreso! Que se te invoca solo cuando interesa, como se te usa y se te usa para convertir la tumescente carne en pulido material de oficina… Procesos manufactureros y mercantiles, origen y destino de hombres y mujeres de los siglos que empiezan por 2 ¿Lograreis hacer de estas brutas, sangre y barro procedente de la jungla, un solido mecanismo que no sufre si no es por falta de eficiencia?

Quedan invocados todos a seguir descubriendo la respuesta a este y más desconocidos aún por conocer en la siguiente entrega de nuestro serial art decó: Las que tienen que servir.

¡No se lo pierdan!

1Con la gran huelga me refiero a los sucesos del 30 de mayo de 1925, en los que tras la cuarta reunión nacional del comité del Partido Comunista, se produjo una manifestación contra el gobierno, las condiciones sociales y económicas y la agresión japonesa en el norte de China. La fecha de esta protesta dio nombre a la reacción social que se produjó contra el gobierno del Kuomintang -movimiento del 30 de Mayo- que daba fe de la brecha cada vez mayor entre el KMT y los comunistas y que terminaría en guerra civil.

Querido blog.

Hoy te hablaré de los nombres de Shanghai.

¿Cómo que qué que nombres?

¿Acaso desconoces, oh mi blog, que la bella Shanghai no solo es famosa por muchas otras cosas bellas, si no que además lo es por sus bellos nombres?

Eso no esta bién ,no señor, sed  tan amables mis queridos, de convenir en que me solace en tratar de deleitaros, explicando aquí en extensión e intensión los nombres, pues tiene varios, de la ciudad en la que vivo. Cultivando mi blog y cultivandoos a vosotros, si se me permite expresarlo en estos terminos, en estas sucias palabras que me impiden acariciar vuestras almas de hortalizas llenas de pepitas.

El dao, que es el camino, nos da a conocer que el uno engendra al dos y que el uno es del dos como el dos lo es del tres. Pero son los nombres de Shanghai cuatro y no tres .

Y sin más dilación.

Primer nombre de Shanghai: Shanghai 上海.

Antiguamente, es decir hace mucho, mucho tiempo, lo que hoy conocemos como la más populosa urbe del orbe eran en todo lo que alcanza la vista sembrados y más sembrados, y entre sembrado y sembrado, pequeñas aldeas que hacían vida pequeño-aldeana, sencilla, pequeña y rural.

Una de ellas, conocida como Shanghai, habría por ser la más pujante, de ser la que se convertiría en el núcleo sobre el que se desarrollaría la ciudad amurallada de Shanghai, semilla de donde hoy vivimos.

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La flor floreció  donde hoy se situan los jardines Yu1, el templo de los dioses de la ciudad y el templo de Confucio. Es decir, al sur del Bund. De aquella muralla se conserva hoy una pequeña parte. Pequeña parte que se puede visitar, como se puede visitar el  pequeño templo daoísta a ella adjunto.

Quien tuviera curiosidad por comprobar lo pequeño que este templo es, facilmente podría hacerlo, dirigiendose justo detrás del famoso mercado de grillos, peces y otros bichos situado en Xizang Nan lu (calle Tibet sur en nuestro idioma). Citado mercado tiene enfrente otro mercado, especializado en antiguedades falsas, que también merecería vuestra visita. Cerca , muy cerca, en los alrededores del templo de Confucio, se situa aún otro mercado, en esta ocasión de japonesaditas. Ver a la chavalada china en pleno delirio consumista y comer los mejores xiaolongbao de todo Shanghai son sus dos principales atractivos.

Dentro de la misma zona, esta vez en las calles que rodean al primero de los citados mercados, dispondreis de una concentración de pequeños restaurantes y puestos de comida en la que que se pueden degustar, entre otras cosas deliciosas, los mejillones más grandes del mundo. Tan grandes que no casi no caben en los pequeños restaurantes de grandes.

Haceos un favor con esta excursión y pasad con ella el perfecto día Shanghai.

Recuerden, Xizang Nan lu en sus 400s y pico está el mercado de grillos, peces y otros bichos, saliendo desde la Plaza del Pueblo y yendo hacia el más alla o si no buscando en los alrededores del metro Laoximen, que en chino significa vieja puerta del Oeste, por si os lo preguntais.

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Antes de que llegaran los laowais culogordos, esta ciudad era pequeñita, pequeñita, comparada con Nanjing, Suzhou y Hangzhou, apenas una cagada de oveja. Los antiguos shanghaineses y su ciudad eran conocidos por su producción de sal y su pescado y su marisco. Sus platos típicos de la cocina local2 son mis testigos, en ellos es habitual encontrar encurtidos y su pescado y su marisco, destacando el cangrejo peludo como su más famoso ingrediente. De exquisito sabor y suave carne que se derrite en tu boca y la llena de sabor, sabor a mar o sabor a algo parecido. O sabor a yodo, como dirían otros, que gustan del sabor a yodo y de degustar, tras sus comidas, una copita de betadine, que mejor digestivo de ayodado sabor ¿no?

Recordad, cangrejo peludo, mao2xie4 en chino mandarín.

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Y esto tiene mucha  relación con el tema que hoy nos reune, querido blog. Los antiguos shanghaineses eran pescadores y todos los días se iban a pescar y cuando abandonaban su casita lo hacían con un shanghe, que quiere decir literalmente subo al mar, Shanghe, no por casualidad, es como se dice Shanghai en shanghaines.

Segundo nombre de Shanghai: Haishang 海上.

Alguien debió pensar que voy a pescar no era el nombre más poético para la más poética de las ciudades y descubrió que, con una simple inversión de caracteres se podía convertir en sobre el mar ¿No es maravilloso el chino? De tal manera que alguna vez podreis ver 海上 u oir Haishang. Por ejemplo, en el documental que sigue a James Ballard por la ciudad de su infancia.

Luego, más adelante, habrían de llegar gentes barbaras y malolientes de más alla del mar, los franceses. Y decidirían apelar a nuestra querida Shanghaihaishang con nombres que ellos creían poéticos y evocadores de mares lejanos y bisutería barata. Pasare sobre el tema de puntillas, o mejor, no pasare en absoluto, que es lo mismo que pasar totalmente.

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Tercer nombre de Shanghai: Hu 沪.

Aún más antiguamente, es decir hace mucho, mucho, mucho tiempo, los aquí habitantes ya se dedicaban a pescar. Uno de sus métodos era usar una jaula de bambú, en la que el pez podía entrar pero de la que no podía salir. El nombre de esta jaula era 沪, y el nombre de esta jaula pasó a convertirse en el nombre de toda la zona donde se utilizaba, es decir el del de hace mucho, mucho, mucho tiempo aquí.

Hu es una jaula de bambú en la que se puede entrar pero no se puede salir, y aunque Shanghaihaishanghu no está hecha de bambú, para que los que sepan ver vean, se nos recuerda cada día este segundo, tercer o primer signicado de aquel significante.

En las trampas para moscas y mosquitos, que siguen funcionando con el mismo principio que aquellas jaulas.

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En las matrículas de los coches,  沪 es el distintivo que en ellas distingue a los matriculados aquí. Y sin duda los atascos de las 8 saben diferente cuando miras  y sabes lo que los antiguos ya vieron.

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A quien de esto se olvide, sus habitantes se lo recordaran, pues ellos sí recuerdan que pescadores, siguen siendo pescadores, a veces de peces, pero no solo de ellos. Y su aparente apatía solo es paciencia de pescador y el efecto de la concentración de sangre en las sinapsis encargadas de tramar como aliviar la pesada carga de vuestro dinero, que es al fin y al cabo, el principal objetivo de su pesca. Maravillosa, maravillosa ciudad y maravillosas gentes, transparentes y turbias a la vez.

Hu yo te saludo.

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Cuarto nombre de Shanghai: Shen 申

Aun aún más antiguamente, es decir hace mucho, mucho, mucho, mucho tiempo, los ya pescadores de lo que daré a llamar el centro del mundo, por ser donde yo vivo, no vivían en aldeas, sino que lo hacían en villorrios.

China no era entonces un país de países, como diría el pablo exterminador.

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Mi pequeño homage to Spain and to Gimp, los dos me provocan similares sentimientos.

China no era entonces un estado plurinacional, no, si no que estaba formada por muchas unidades de destino en lo universal, unidas a ratos por el dominio de alguna de ellas, pero la mayor parte del tiempo divididas y guerreantes entre si.

Es lo que se conoce como el periodo de primavera y otoño, que bonito, y periodo de los estados en guerra. En aquellos tiempo, aquellos villorios formaron parte del reino de Wu. Hasta que el reino de Yue invadió al de Wu y formaron parte del reino de Yue. Hasta que el reino de Chu destruyó al de Yue y pasaron a formar parte del reino de Chu. Este Chu, además de ser el reino con mi nombre favorito entre todos los nombres de reino, era un Wu revisitado.

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Por eso siempre se ha considerado a Shanghaihaishanghushen y partes de sus dos provincias limítrofes de Jiangsu y Zhejiang como un conjunto continente de los hijos, nietos, bisnientos y tataranietos del reino de Wu, parlantes todos de una misma lengua, la lengua de Wu. Wueyu, como la llaman los shanghaineses,  que es una entelequia si lo comparamos con las lenguas vernáculas de nuestro país de países. Ya que sin órgano regulador que la regule, dos dialectos de la misma lengua de Wu como el Shanghaines y el Suzhounes  se convierten en mutuamente ininteligibles, ya desde el momento de un saludo que sería sin duda tal cual como, Nong hao Don Pepito, Ne hai Don Jose.

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Divide que te divide, estos reinos se dividían en feudos. Uno de ellos, que se extendía desde Suzhou hasta llegar sobre el mar era llamado Shen. Dando por conocido que este Shen era dependiente de Suzhou, capital del reino de Wu  y por tanto el más preciado de los feudos del reino, daré por cerrado y explicado todo lo que necesitais saber por ahora del origen de éste, el más antiguo de los nombres de Shanghaihaishanghushen.

Repetid conmigo, Shanghai, Haishang, Hu y Shen, del dao sale el uno, y del uno, el dos y el tres.

Y aunque seguramente, aún me quedan nombres por descubrir, aún no los he descubierto, pero si los descubriera, mi querido blog, tú serás el segundo en saberlo. Y como ahora aún no los se, solo me queda despedirme a la shanghainesa.

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Nongmin Zewei!

1 Estas son las arenas movedizas preferidas para que cualquier recien llegado o no tan recien llegado pero aún no socializado meta la pata hasta el fondo, sí ganaros una buena mirada de desprecio es el que os antoja en un momento dado, solo teneis que decir en voz alta y clara yu yuan gardens, el equivalente a decir museo del Prado museum, para que os hagais una idea.

2 Ese es el nombre con el que es conocida en cualquier lugar del mundo la gastronomía de Shanghai, comida local. Los shanghaineses, segun fuentes consultadas por Lailolai, son un poquito chovinistas, y este y otros detalles como que cualquiera no nacido en su ciudad es considerado por ellos un paleto, nos lo parecen confirmar.

El viernes pasado tuve mi primer encuentro con el mundo del crimen y el delito aquí en la Perla del Oriente. No te preocupes madre, que la cosa acaba bien y fue bastante gracioso en el fondo.

Venía yo muy contenta de tomarme una cerveza en el ghetto internacional de Yongkang Lu (un sitio curioso que merece un post aparte) con el Sr. Creus y el Sr. Muñoz, pensando en cenar algo si Pablo Laopan estaba despierto y en lo mucho que me agobia tener que coger el metro en Rénmín Guǎngchǎng  (también conocida como People Square, y en círculos hispanohablantes como La Plaza del Pueblo, en honor al mítico tema de Tequila).

Para poneros en situación: el intercambiador de People Square es un asco de sitio, espantosamente grande, muy mal diseñado y lleno de gente con una prisa horrible. Recuerda una barbaridad a los hormigueros furiosos de Cuando ruge la marabunta, pero en deprimente y con empujones de los que duelen. Yo por no tener que pasar por allí pago dinero, o al menos me desvío un par de estaciones para coger la línea 3, que está mucho menos frecuentada y además no es subterránea (y esto si te gusta leer y los paisajes de rascacielos envueltos en niebla y neones siempre es un plus), pero se acercaban las once de la noche, que es cuando el metro se convierte aquí en calabaza, y como no me la quería jugar,  me decidí a coger la línea 8 en People Square.

Y allí estaba yo, en el andén del metro, rodeada por otras mil personas con ganas de llegar a su casa, comiéndome empujones con el bolso al hombro. Consigo introducirme en el vagón, me doy la vuelta y me encuentro el siguiente cuadro: 

Un tipo, en la segunda fila de chinos ansiosos por subir al vagón, sustraía con infinita delicadeza, cuidado y absoluta concentración, mi preciado monedero del bolso. Dada la naturaleza del monedero (enorme y lleno de lentejuelas negras), la mano contorsionada por encima de todas las cabezas orientales, la cara de estar operando a corazón abierto y sobre todo la velocidad de grabación hiperlenta, como a 240 fotogramas por segundo, del evento, resultaba todo más bien ridículo.

Pero me estaban robando, y reaccioné… Muy despacito, con la misma calma pasmosa, le quité el monedero de la mano, lo guardé en el bolso, sonreí y le dije a grito pelado, en perfecto y sonoro castellano:

– PEEEEEEERO TÚ DE QUE VAS, LADRÓN, PAYASO, DESGRACIADO. TE VOY A MATAR!

Una chica que iba a mi lado puso una cara tal que así:

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El tipo se retiró muy lentamente, las puertas del metro se cerraron y le dije a la chica

-¿PERO TU HAS VISTO QUE CARA MAS DURA? ESTO ES INCREIBLE.

Y ella hizo otra vez

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Supongo que habréis oido mil veces esa frase de Carlos I de Xībānyá y V de Déguó : “Hablo en italiano con los embajadores; en francés, con las mujeres; en alemán con los soldados; en inglés con los caballos y en español con Crom.” El Xibanyol también es perfecto para insultar a ladrones y quejarse, os lo puedo jurar.

Aquí el cuerpo del delito

 


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Tengo que reconocer que la primera vez que me robaron en Madrid, por muy estúpido que os parezca el comentario, me hizo cierta ilusión, por motivos de integración principalmente, que te roben la cartera en Madrid es casi un rito de iniciación. También una putada, obviamente, pero no conozco a ningún madrileño que no haya sido atracado, robado o perseguido por skinheads o miembros de otras tribus mas o menos descerebradas y que no lo cuente con cierto orgullo callejero, o al menos como una anécdota graciosa (algunas realmente muy graciosas) sin ningún tipo de drama de por medio. Citando a un amigo mío, “…Antes aquí el chandal de yonki era como el traje regional.”

Sin embargo, que te roben la cartera en una ciudad en la que la policía viaja en carritos de golf, es definitivamente de panoli, Laowai culogordo tenía que ser, aunque hasta cierto punto, que haya sido a cámara lenta, con lentejuelas de por medio y sobre todo que haya pillado in fraganti al infractor, restaura de alguna manera mis puntos de autoestima y la cosa se queda más o menos como estaba.

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