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Hoy es 1 de Octubre, Dia de la Nación aquí en el Mandato en el Cielo. Hace un año exacto que me vine a China a probar suerte, y os puedo decir que pasado este tiempo, las cosas han ido, en general, bastante bien. Muchas veces echo de menos Xipanya con una nostalgia fadista digna de Amalia Rodrigues, adaptarse resulta sumamente duro, amiguitos, (aunque muy divertido a ratos), sigo hecha una analfabeta funcional y en ocasiones, esto no parece otra cosa que un manicomio disfrazado de casino de Las Vegas y rezo a Crom por un lanzallamas portátil, como bien sabéis los que me leéis en facebook. Pero por otra parte, tengo que reconocer que en muchos aspectos, el País del Centro se ha portado bastante bien conmigo, sobre todo en los laborales, y a eso veníamos.


En estos meses, mi status como laowai culogordo ha pasado de pseudo estudiante y freelance ocasional a Alien Worker de casi pleno derecho, ejerciendo además mi profesión habitual, que es el diseño gráfico.  Teniendo en cuenta el panorama en Xipanya, tanto para el trabajador en general como para el dedicado a la cosa gráfica; las condiciones en China (obviando toda su leyenda negra sobre explotaciones diversas y timos al laowai) son en mi experiencia bastante mejores que en mi país de origen, sobre todo en lo que a contratación y trato al empleado se refiere. La diferencia, y ya siento decirlo, viene a ser la misma que la que hay entre comerse un dalky del Día (marca Día) y un coulant de chocolate en un restaurante de una estrella Michelín. Analicemos:

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  • Aunque adoro trabajar como freelance, porque odio vestirme para la oficina, me encanta trabajar en casa y me permite conocer a mucha gente distinta, esa figura laboral no existe como tal aquí en China; o eres empresario, o eres currito, y eso a la larga iba a resultar un problema, cara a visados y sobre todo, a pago de impuestos. Por otra parte, aunque trabajando como freelance con agencias chinas (con base aquí en Shanghai y en Singapur, no chinas 100%) no he tenido ningún problema (gente organizada, muy trabajadora, que paga al día, con un ambiente estupendo, en un entorno en el que tus jefes te valoran el trabajo, etc…) el flujo de trabajo no era ni mucho menos constante, y otros clientes, en concreto, empresas españolas, no respondían ni de lejos tan bien (porque no es normal, o al menos, no muy conveniente que tarden más de seis meses en pagarte por un proyecto, ni que ni se respeten decisiones de diseño, ni se cumplan los plazos de entrega por sistema, ni se incluyan las fotos de agencia en un presupuesto, ni que pretendan sacar lo que cuestan esas fotos del ya escaso presupuesto de diseño, o sea, el mío). Así que decidí sacrificar mi libertad freelancera para conseguir más estabilidad y hacer algún contacto, aunque sé que la cabra tira al monte y volveré a la oficina en casa en algún momento.

 

  • Partiendo de la base de que tengo cierta experiencia profesional en lo mío, un book bastante decente y ya cierta edad, realmente, no sabía a qué atenerme. La lógica indicaba que tenía posibilidades, la experiencia previa en el País del Dalky (marca Día), apuntaba a que me iba a dar una castaña como un piano, pero había que probar suerte. Ni corta ni perezosa, dediqué una semana a pulir mi book y página web, actualizar el linkedin y el domingo, en vez de descansar, me dediqué a mandar correos con mi CV, pretensiones económicas y aviesas intenciones a todos los estudios, agencias de publicidad y editoriales que encontré y a comer patatas fritas con auténtica ansiedad. En total, un paquete de Pringles, una bolsa de Cheetos y unos 200 emails.

 

  • Resultado: el 70% de los correos tuvieron respuesta, y de hecho, me siguen llegando emails de vez en cuando (los envié en junio). De todas estas respuestas, alrededor del 60% fueron amables negativas, bien porque no necesitaban a nadie, bien porque no les interesaba mi perfil chinoanalfabeto y más bien analógico. Las respuestas positivas se tradujeron en un buen número de entrevistas de trabajo, alrededor de 18, que hice en un plazo de quince agotadores días. El trato, en cada una de ellas, fue exquisito. Todos los entrevistadores se habían tomado la molestia, ya no de leerse el CV, sino de mirarse el book de cabo a rabo (y no es un book corto), informarme de la actividad de la empresa y las condiciones económicas, y lo más importante: decirme inmediatamente si el perfil les interesaba o no. Nada de “ya te llamaremos”, nada de esperar correos que nunca llegan, nada de falsos autónomos ni cochinadas con el dinero, ni con la visa de trabajo. También me felicitaron por las ilustraciones, y os puedo jurar que es en Xipanya es algo que no me ha pasado JAMÁS en una entrevista, o al menos no sin que me pidiesen una gratis justo después y llevo en esto unos quince años. Varias de las personas con las que me entrevisté me tienen añadida a linkedin, aunque no llegásemos a un acuerdo, y ya os digo, a día de hoy, me siguen proponiendo freelances, entrevistas, o directamente ofertas de trabajo.

    La única excepción a esta norma fue un estudio de diseño rarísimo. El jefe, que era todo un personaje, hablaba inglés como Emilio Botín (DEP) y estuvo más bien disperso mirándose las uñas hasta que empezamos a hablar de dinero. Me hizo la entrevista en un despacho infecto, con una tonelada de papeles encima de la mesa y una máquina de remos en el suelo. Pagaban poco, unos 900 euros al cambio, me pidieron una ilustración de prueba, se la entregué y nunca más se supo. Os diré que casi me molesta menos que no me hayan pagado la ilustración que averiguar si efectivamente usaba la máquina de remos en horario laboral, o para qué demonios quería allí aquel chisme. Quizás fuese fan de House of Cards, de Van Damme o se le había caído a alguien de un camión. Nunca lo sabremos.

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  • Finalmente, recibí un par de ofertas en firme y me decidí por un estudio pequeño de la zona de Jingan Temple, con gerencia mixta, mitad china, mitad inglesa. Me había recomendado la gente con la que trabajé de freelance, algo que les agradeceré ad nauseam, y en general no me puedo quejar, o no mucho. El sueldo está bastante bien (1200 euros al cambio, impuestos y seguro médico aparte, con el nivel de vida y gasto que tengo aquí, me permite hasta ahorrar y darme algún capricho)  comida incluida ( y nada de piojosos cheques restaurante eh, auténtica y deliciosa comida china casera, preparada por una auténtica y deliciosa señora china que me dan ganas de abrazar a diario), compañeros de trabajo agradables, chinos y franceses; buen ambiente y no demasiado lejos de mi casa (aunque los viajes en metro sean casi como el tren ese de Snowpiercer, en el vagón de cola)

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Resumiendo, la experiencia de buscar y encontrar trabajo aquí, está como decía al principio, a años luz de la que podría haber tenido en Xipanya hoy. Si os dedicáis al diseño, sobre todo al diseño web, tenéis buen inglés, o mejor aún, buen chino y estáis pensando en emigrar, China me parece una buena opción, con muchísimas empresas en las que probar suerte y desde luego ganas de contratar a gente que sepa lo que hace. Y pagarles, obviamente.

Por supuesto, no todo es un camino de rosas, y otro día os contaré, por ejemplo, el rocambolesco proceso administrativo para conseguir el visado de trabajo+permiso de trabajo+permiso de residencia, que aún no he concluido y que hará las delicias de los fans de Franz Kafka,  Kraftwerk  y las fotos de carnet a toneladas.

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Trabajar aquí también tiene sus contras, obviamente. Aquí ya no es que no haya café para todos, es que no hay café PARA NADIE. Trabajan como auténticas mulas, ocho horas sin descanso, ni charletas, ni nada de nada, si acaso un par de cigarrillos furtivos y para de contar. Comen en media hora, o menos, el ritmo de trabajo es infernal y la dedicación absoluta. No es que esto sea en si malo, y a lo mejor estoy quedando de vaga, pero creo que en trabajos creativos, dedicar un rato a charlar con los compañeros, de tipografía, de cine, o del tiempo, buscar referencias y descansar un poco la cabeza es fundamental para la calidad del trabajo, también tomarse las cosas con cierta calma, y mimo, y aquí eso desde luego, se estila poco.

El diseño gráfico es diseño, aquí, en Xipanya y en la luna, y lamentablemente el mercado chino reproduce (o adopta, no me queda claro) muchos de los vicios occidentales en lo que a trabajo diseñil se refiere,  hasta el punto en el que estoy por jurar que hay en algún rincón de China un Álvaro Sobrino velando por la profesión en los mismos términos, o al menos debería.

Muchos clientes, y esto según me comentaban los de la agencia en la que trabajé de freelance es cultural 100%, tiran de despotismo imperial a la hora de trabajar. Negocian presupuestos hasta la ultimísima coma y exigen sumisión total y absoluta a cambio de sus yuanes; si te toca algo de moda o lo que viene llamándose life style, Crom te pille confesada, porque a tu alrededor todo el mundo se convertirá en una Diana Vreeland de quinta categoría,  ojos rasgados y estrecha cartera… Nada nuevo, me diréis, pero si además lo mezclas con las diferencias culturales y de mercado, que son bastantes, el analfabetismo funcional y el inglés ratonero (mío, no de ellos, se entiende, aunque lo del inglés es vicio compartido) que complican enormemente la comunicación, y el ingente volumen de trabajo, puedes acabar volviéndote a ratos un remedo desquiciado de Mad Max o la loca de Audition y echando de menos incluso a Mariano Plasmático y su videoarte, las colas del INEM y el vuelva usted mañana.

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Con todo, diseñatas, os animo a venir y probar. Corremos el riesgo de que esto sea otra burbuja de diseño, como la que vivió Xipanya hasta 2000 y pico, tan vinculada a la inmobiliaria y al síndrome olímpico, y que aquí parece tener un gemelo obeso y desquiciado (aunque comunista y eso puede acabar salvándo los trastos, para bien o para mal) y que en unos años se vaya todo a hacer puñetas, pero al menos estaréis una buena temporada sin probar laboralmente un maldito Dalky, que ya es mucho, y Xipanya no se va a mover del sitio. Hasta otra!

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El viernes pasado tuve mi primer encuentro con el mundo del crimen y el delito aquí en la Perla del Oriente. No te preocupes madre, que la cosa acaba bien y fue bastante gracioso en el fondo.

Venía yo muy contenta de tomarme una cerveza en el ghetto internacional de Yongkang Lu (un sitio curioso que merece un post aparte) con el Sr. Creus y el Sr. Muñoz, pensando en cenar algo si Pablo Laopan estaba despierto y en lo mucho que me agobia tener que coger el metro en Rénmín Guǎngchǎng  (también conocida como People Square, y en círculos hispanohablantes como La Plaza del Pueblo, en honor al mítico tema de Tequila).

Para poneros en situación: el intercambiador de People Square es un asco de sitio, espantosamente grande, muy mal diseñado y lleno de gente con una prisa horrible. Recuerda una barbaridad a los hormigueros furiosos de Cuando ruge la marabunta, pero en deprimente y con empujones de los que duelen. Yo por no tener que pasar por allí pago dinero, o al menos me desvío un par de estaciones para coger la línea 3, que está mucho menos frecuentada y además no es subterránea (y esto si te gusta leer y los paisajes de rascacielos envueltos en niebla y neones siempre es un plus), pero se acercaban las once de la noche, que es cuando el metro se convierte aquí en calabaza, y como no me la quería jugar,  me decidí a coger la línea 8 en People Square.

Y allí estaba yo, en el andén del metro, rodeada por otras mil personas con ganas de llegar a su casa, comiéndome empujones con el bolso al hombro. Consigo introducirme en el vagón, me doy la vuelta y me encuentro el siguiente cuadro: 

Un tipo, en la segunda fila de chinos ansiosos por subir al vagón, sustraía con infinita delicadeza, cuidado y absoluta concentración, mi preciado monedero del bolso. Dada la naturaleza del monedero (enorme y lleno de lentejuelas negras), la mano contorsionada por encima de todas las cabezas orientales, la cara de estar operando a corazón abierto y sobre todo la velocidad de grabación hiperlenta, como a 240 fotogramas por segundo, del evento, resultaba todo más bien ridículo.

Pero me estaban robando, y reaccioné… Muy despacito, con la misma calma pasmosa, le quité el monedero de la mano, lo guardé en el bolso, sonreí y le dije a grito pelado, en perfecto y sonoro castellano:

– PEEEEEEERO TÚ DE QUE VAS, LADRÓN, PAYASO, DESGRACIADO. TE VOY A MATAR!

Una chica que iba a mi lado puso una cara tal que así:

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El tipo se retiró muy lentamente, las puertas del metro se cerraron y le dije a la chica

-¿PERO TU HAS VISTO QUE CARA MAS DURA? ESTO ES INCREIBLE.

Y ella hizo otra vez

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Supongo que habréis oido mil veces esa frase de Carlos I de Xībānyá y V de Déguó : “Hablo en italiano con los embajadores; en francés, con las mujeres; en alemán con los soldados; en inglés con los caballos y en español con Crom.” El Xibanyol también es perfecto para insultar a ladrones y quejarse, os lo puedo jurar.

Aquí el cuerpo del delito

 


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Tengo que reconocer que la primera vez que me robaron en Madrid, por muy estúpido que os parezca el comentario, me hizo cierta ilusión, por motivos de integración principalmente, que te roben la cartera en Madrid es casi un rito de iniciación. También una putada, obviamente, pero no conozco a ningún madrileño que no haya sido atracado, robado o perseguido por skinheads o miembros de otras tribus mas o menos descerebradas y que no lo cuente con cierto orgullo callejero, o al menos como una anécdota graciosa (algunas realmente muy graciosas) sin ningún tipo de drama de por medio. Citando a un amigo mío, “…Antes aquí el chandal de yonki era como el traje regional.”

Sin embargo, que te roben la cartera en una ciudad en la que la policía viaja en carritos de golf, es definitivamente de panoli, Laowai culogordo tenía que ser, aunque hasta cierto punto, que haya sido a cámara lenta, con lentejuelas de por medio y sobre todo que haya pillado in fraganti al infractor, restaura de alguna manera mis puntos de autoestima y la cosa se queda más o menos como estaba.

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Ha llegado la primavera a Shanghai y eso, definitivamente, es buena cosa. No sólo porque por fin puedo salir a dar una vuelta por ahi, para que la gente me mire como si acabase de bajar de un platillo volante, sin tener que ponerme leotardos por debajo de los pantalones, sino también porque con el buen tiempo vuelven a aparecer en nuestras muy contaminadas y futuristas calles algunas de las cosas que hacen grande a esta ciudad, obviando su extensión y su disparatado número de habitantes.

La primera de las grandes cosas que han vuelto es la familia de gatos del huerto al jabón de Marsella. El invierno les ha sentado bien, porque se lo han pasado entero despanzurrando bolsas de basura en la calle para buscar restos de comida rápida, así que se han puesto hermosísimos. Ahora, cuando hace sol, se tumban a echar la siesta en el tejadillo de uralita como unas boas constrictor peludas y sólo se mueven para mirarnos con indiferencia y cierto malestar, cuando salimos a hacer malabarismos para tender la ropa o a limpiar las ventanas. Son la viva imagen de la felicidad primaveral.

La segunda, es que con el buen tiempo la gente se anima a ponerse sus mejores galas y Nanjing Lu y aledaños se convierten en una especie de pasarela de moda surrealista y llena de colores flúor, barrigas al aire y teñidos imposibles. Es muy divertido ver como las nuevas tendencias orientales se combinan con el estilo más bien rancio de los laowais culogordo, y si tienes un poco de suerte puedes hacerte con una colección de looks inolvidables, como el de esta chica que me encontré en el metro. Por respeto a su intimidad, voy a cubrir su mirada con un frame de Doraemon, el Gato Cósmico.

Look chino 2014

La tercera gran venida  ha sido la de las Señoras Que Bailan. No estoy hablando de ningún grupo de facebook formado por irónicos treintañeros submileuristas, sino de auténticos grupos de jubiladas chinas, que para prevenir los estragos de la artritis, se juntan en plazas y parques con un radiocasette a todo volumen para marcarse unos bailes. Verlas es un espectáculo maravilloso, que siempre consigue ponerme de buen humor.

No tienen ningún sentido del ritmo ni miedo al ridículo, ni falta que les hace y se pueden pasar horas enfrente del Vortice del Mal con sus pasodobles, su música tradicional o los grandes exitos de Millie Cyrus, en grupos que van de diez a cincuenta bailarinas o más. Son absolutamente adorables, y en mi opinión, una de las grandes maravillas de China, muy por encima de la Gran Muralla o la Ciudad Prohibida. No me importaría en absoluto que cegasen los Yuyuan Gardens con una generosa capa de cemento y les cediesen el espacio a ellas para practicar. Un bailódromo con bancos para que se sienten los espectadores y calefactores de gas para que podamos verlas también en invierno, eso es lo que nos hace falta en Shanghai.

Aquí os dejo un vídeo de señoras bailando hábilmente sustraído de ChinoChano, uno de los mejores blogs sobre China en habla hispana que se puedan encontrar en la red. No me digáis que no dan ganas de invitarles a café con galletas, o adopatarlas, o al menos darles un abrazo. Son las mejores.

Y para el final, el último gran reencuentro primaveral de este 2014: los vendedores de chuan. Los chuan son unas brochetas, del estilo de los pinchos morunos que se preparan en puestos callejeros desparramados por todo Shanghai.

Se cocinan al carbón, en una especie de barbacoas portátiles, bien untados de polvo de las cinco especias (y también picante, si quieres),  y son una delicia. Un montoncito de chuan con una cerveza son una cena estupenda y baratísima, y el ambiente de los puestos recuerda bastante a las fiestas de los pueblos de España en los 80, con sus mesitas desvencijadas, sus taburetes de plástico y sus vendedores vociferantes y sudorosos. Los cocineros abanican el carbón constantemente con paipáis y van cambiando las brochetas de sitio en la parrilla a toda velocidad, siguiendo algún ritual incomprensible para el profano, y que así los chuan queden al punto, crujientes por fuera y tiernos por dentro. Son unas máquinas y jamás se equivocan con los pedidos, por muchos comensales salivantes y hambrientos que haya esperando.

A diferencia de los pinchos y brochetas españoles, que suelen ser sólo de carne de pollo o de cordero, los chuan  se hacen con cualquier cosa susceptible de ser clavada en un palo, desde pescado, tendón de vaca, setas y corazones de pollo hasta un par de hojas de lechuga, algas o mis favoritos, los de calamar. Aquí os dejo unas fotos que sacamos en Beijing, en una especie de festival del pinchito exótico donde los vendían también hechos con insectos, serpiente, criadillas de cordero, rana y crisálidas de mariposa, todo digno de la imaginación de Suehiro Maruo.

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Como una va de Miguel de la Quadra Salcedo por la vida, no pude resistirme a probar unos cuantos ante la mirada horrorizada de Pablo Laopan, y os diré que los de serpiente, escorpión y rana me sorprendieron muy gratamente, no tanto los de crisálida, que son directamente repugnantes.

Otra variante del chuan es el dulce, normalmente hechos con fruta (mandarina, fresa, kiwi, fruta dragón, manzana…) o pasta de arroz recubierta con caramelo. Los mejores son los que hacen con una variedad de manzanas locales, pequeñas y muy ácidas. El contraste entre la acidez de la manzana y el caramelo es realmente exquisito.

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Y aquí, el hanzi para chuan o pinchito moruno.

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No me digáis que este no es un país maravilloso.

El Vórtice del Mal es un sitio enorme, limpísimo, laberíntico y totalmente sobreiluminado. Consta de dos edificios unidos por una pasarela, varias escaleras mecánicas y seis plantas llenas de tiendas de ropa, cositas de regalo y restaurantes diversos. Es muy fácil perderse, al menos a mi me lo resulta, aunque la horda de jovencitas que se mueven por allí cogidas del brazo y soltando risitas, parece saber perfectamente de donde viene y a donde va y eso lo hace todo un poco más desconcertante de lo que debería. Tarde casi una hora en llegar a la tienda de lencería numero 2.

Después de la experiencia no cimmeria en la tienda número 1, el fiasco del examen y la caminata en el Vórtice no estaba precisamente en mi mejor momento. Me sentía como un topillo cegado por las luces quirúrgicas del Vórtice, desorientado, sudoroso y agotado, con los ojos como platos y agarrada penosamente a mi brick de leche pasteurizada. Me introduje en la tienda sin demasiadas esperanzas e intentando pasar desapercibida.

Esto por supuesto, es una estupidez. Haga lo que haga aquí canto más que un pulpo en un garaje y además la tienda estaba vacía, así que llamaba bastante la atención. Las cuatro dependientas de la tienda, sonrientes y uniformadas de rosa, me fueron rodeando estratégicamente en cuanto puse un pie dentro.

Para que os hagáis una idea, el sitio recordaba un montón a las escenas de abducción de las películas: blanco inmaculado, luz desconcertante y un montón de sujetadores y culottes flotando ante mis ojos como alzados por una mano invisible (en realidad eran soportes transparentes, pero la luz intensa los hacía casi imperceptibles). Daba un poco de miedo.

En uno de los laterales de la tienda había unos cuantos sujetadores aceptables (de algodón, lisos) con un cartel encima que ponía “16” y me dirigí hacia allí intentando evitar el contacto visual con las dependientas, que me rondaban como chacales hambrientos. La talla más pequeña era una 60B, la más grande una 85B. Suspiré y me dirigía a una de las dependientas con gesto esperanzado y sonriente y el móvil en la mano:

– Zhe ke 95B?

– …

Se me quedó mirando como si le hubiese preguntado si vendían unicornios, y negó con la cabeza casi ofendida. Me hizo con la mano el gesto internacional de espera, espera… se dirigió hacia el otro lado de la tienda y desplegó ante mis ojos el Sujetador Más Feo Jamás Creado.

En serio, era una cosa horrible: emballenado, enorme, de color carne y negro, con doble capa de encajes y un lacito rematado con un brillante falso entre las dos copas. Un producto de una mente enferma, un hijo lencero y desquiciado de Los Señores del Acero y las Chicas de Oro, un auténtico horror.

Y allí estaba la dependienta de rosa, expectante, con aquel espanto entre las manos y la sonrisa profesional congelada en el rostro. Piensa, piensa tia, tienes que salir de aquí, antes de que te pongan el chip de rastreo y te encasqueten La Abominación en una bolsita de cartón. Que a ti las figuras uniformadas te imponen mucho y ya sabemos todos como acaban estas cosas.

– Estoooo…. Wo zou ATM machine ok?

– Kei, kei, ATM Machine

Y ante mi sorpresa, una de las dependientas abductoras insistió en acompañarme al cajero automático, dinamitando toda posibilidad de huida. Fue sonriendo todo el camino y haciendo bueno aquello de “con mano de hierro en guante de seda”, que tan bien describe a los oligarcas sudamericanos y xipanyoles.

A la vuelta del cajero ya me había dado por vencida y me había resignado a comprar El Horror. Esto era un cástigo de Crom por lo del templo taoísta, sin duda. Figuras de autoridad, centros comerciales y lencería suicida, estaba todo clarísimo. Malditos paganos, no-barbaros, no vuelvo a pisar un templo de estos, lo juro.

Ya en la tienda, hice otro patético esfuerzo por huir. No muy convencida, señalé El Innombrable y pregunté:

– Hei?

No, negro no tenían. Solo rojo, combo carne/negro y morado. Señalé el morado hundida en la miseria, ya totalmente resignada.

– Kei… 95B?

Me miro de arriba abajo y sacó la cinta métrica. Subí los brazos, hizo un par de mediciones sobre y sub mamarias y me dijo, o eso creo, que de 95B nada de nada.

– SI, SI 95B!!!!!

Bastante tenía con tener que comprarme aquella cosa horrible, como para que encima me diesen un sujetador pequeño, o Crom no lo quiera, todavía más grande, que bastante tenemos con lo que tenemos. Me pasó la 95B no muy convencida y me metí en el probador, para asegurarme.

A los dos minutos justos, cuando me acababa de quitar el jersey y la camiseta del Metal Gear, se abrió la puerta de par en par con dos dependientas detrás. No creáis que la cerraron apresuradas diciendo “huy perdona” ni nada de eso. Entraron en el probador y me abrocharon ellas mismas el sujetador. Me intriga sobremanera saber que harán en las tiendas de ropa interior de caballero.

Efectivamente no era mi talla. La medida sobremamaria era correcta, pero la submamaria no y las copas se me clavaban en los sobacos. Me lo quitaron, y allí me quede, en tetas, mientras parloteaban entre ellas. Cerraron la puerta y estuve unos minutos esperando un Innombrable Abismo de mi talla exacta.

No me da vergüenza que me vean desnuda, hago topless sin problemas y me gustan las playas nudistas, pero normalmente cuando alguien me ve sin ropa es porque yo he decidido quitármela. La experiencia de verme vestida y desvestida por desconocidas uniformadas era algo totalmente nuevo para mi, para nada desagradable pero desde luego un tanto extraño. Los caminos de Crom son inescrutables.

Al rato volvieron otras dos dependientas distintas con un Espanto Infernal que ahora si, se ajustaba como un guante. Se reían mucho y sospecho que se estaban turnando para ver de cerca unos lechoncitos laowais bien puestos y desafiantes, talla exacta 90C y os confesaré que me hizo mucha gracia y hasta ilusión. Hay veces que la vanidad me puede completamente.

El caso es que a los dos o tres días tuve que volver al Carrefour del Vórtice a por aceite y le estuve echando un vistazo a la sección de lencería. Allí encontré el reverso tenebroso del Abismo: un sujetador de mi talla, blanco, con el corte exacto de los que llevaban las tipas de la Sección Femenina en la posguerra española. Como solo costaba 5 yuanes, me lo compré muerta de risa, así que ahora tengo no uno, sino dos sujetadores chinos a cual más feo: El Espanto Acorazado, que puedo usar sin problemas para parar las pelotas de goma de las manifestaciones, si algún día vuelvo a Madrid; y el Abismo Light, que haría las delicias de cualquier revisionista de la Guerra Civil que se precie. Bien por mí.

He aprendido a decir esperar y jubilado feliz

Esperar: 等待/Děngdài/tengtai

Jubilado feliz: 高兴退休/Gāoxìng Tuìxiū/ caotsing thuisiu

El lunes pasado fue un día un tanto deprimente. Teníamos un examen programado para esa fecha y me pase todo el fin de semana estudiando como una loca, para dejar el pabellón bien alto y sacar al menos un 3 sobre 10, aunque en China la nota mínima para aprobar es un 6 y un sobresaliente un 10 a palo seco, así de duras se las gastan. Yo me conformaba con un suspenso pobre pero honrado.

Creo que no he estudiado tanto desde selectividad por lo menos. Rechacé invitaciones diversas a cañas, maratones de series y cenas con deliciosos pinchitos morunos, practiqué escritura hasta que el portaminas me hizo una marca en el dedo y aprendía a decir jubilado feliz, para describir a mis padres con propiedad. El domingo me fui a la cama agotada y con la cabeza llena de hanzis nuevos y la habitación de Annie la Imbécil Jianadiense perfectamente memorizada.

El lunes me despertó Pablo Laopan. Eran las 11:30 de la mañana y me llamaba por teléfono para preguntarme que tal me había salido el examen. Me había quedado dormida ¿os lo podéis creer?.

Es que no se puede ser más idiota. Yo que solo quería suspender con propiedad y el estilo, la clase y  desparpajo que se me atribuyen y voy y me quedo frita como un jiaozi o un jitui cualquiera. Lo que he aprendido está incrustado a fuego en mi memoria, y todavía puedo suspender el examen final, eso me consuela un poco, pero me apetecía mucho probar suerte y comprobar si mi chino es tan malo como pienso, o peor, o mejor… y ya nunca lo sabré. Me puse el “You can´t always get what you want” de los Rolling Stones, me tome mis cereales compungida y cabizbaja, me duché y me fui a comprar leche al Carrefour del Vortice del Mal echando pestes.

A mitad de camino me acordé de que uno de mis dos sujetadores había decidido suicidarse hace un par de días (no se si lo sabeis, pero los sujetadores baratos, tipo Oysho y Women Secrets también están sujetos a obsolescencia programada, duran exactamente 18 lavados, antes de que uno de los aros salga disparado montando un jaleo horroroso en el tambor de la lavadora y siempre por la misma costura, lo he comprobado)

En cuestiones lenceras, y en otras cosas también, soy bastante extrema. Sólo tolero dos puntos: el cuero, latex, corses, ligueros, encaje y taconazo en momentos erótico-festivos y las bragas de Bob Esponja. No soporto esas cositas primorosas con flores, puntillitas, lacitos y relleno “de diario pero monisimo” y con los sujetadores en concreto soy muy maniática y suelo pasar bastante del asunto. A mí lo que me gusta es que los lechoncitos sean libres, como los pájaros de las canciones de los Beatles y sólo me los pongo en verano, con ropa con escote o en días en los que la Moñas Interior anda realmente fuerte. Aquí en China los uso algo mas, en un esfuerzo inútil por contrarrestar el efecto Dolly Losantos (o Federico Parton si lo preferís) que ya os he comentado.

Pensando en posibles entrevistas de trabajo o días negros y moñas, se me ocurrió que quizás era buena idea sustituir al sujetador kamikaze con otro ejemplar. Además me apetecía fustigarme un poco por lo del examen, y ya que iba al Vórtice me decidí a echar un vistazo. Conste que detesto ir de compras, de ahí la asociación judeocristiana. Me resulta frustrante, aburrido y agotador, si en algún momento existió una Fashionista Interior, desde luego la experiencia trabajando en tiendas de trapos y diversas revistas “de tendencias” la ha desintegrado completamente. No entiendo a esa gente que se va de compras como si fuese algo divertido, por eso el 90% de mi ropa es negra, o de rayas, o con motivos más o menos friquis impresos.

A lo que iba, me metí en el Vórtice del Mal (que en realidad se llama, Hongkou Plaza, el Sueño del Dragón; (Pablo Laopan lo llama también La Pequeña España, porque Amancio y otros explotadores textiles xipanyoles están ampliamente representados) con el Cilicio Mental Shopper bien ajustado y el brick de leche y me fui derecha a la tienda de lencería número 1.

Que suerte, la mía, un montón de sujetadores no demasiado horrorosos a ¡68 yuanes de nada! ¡Ofertón! Me acerqué un poco un mas a ver si hay alguno negro, y si allí estaba. Era increíble, maravilloso, había acabado en menos de diez minutos, un hito, un record insuperable, una hazaña digna de un cimmerio de verdad, una epopeya, un… Ay madre, las tallas.

Ni hazaña cimmeria, ni nada, aquello solo era una tienda llena de bragas y sujetadores de tallas diminutas. La más grande era una 80B, y la más pequeña una 65A. Las chinas son idiotas ¿Quién, en su sano juicio se pondría un chisme lleno de metal y relleno pudiendo no llevar absolutamente nada? Conozco hombres que llevarían una 65ª sin problemas, y una 80B, ya puestos y lógicamente no lo hacen, porque llevar sujetador es un coñazo. Lechoncitos libres! Free as a bird! El Secreto de Victoria es que no hay secreto!

Pero estábamos allí para sufrir, y para encontrar instrumentos de tortura con aros y poco encaje, para las entrevistas de trabajo, y blablabla, así que hice de tripas corazón me cagué en todos los muertos del patriarcado un par de veces y me dirigí rauda y depresiva a la tienda de lencería número 2.

(CONTINUARA)

Los peores estudiantes de la clase somos, con gran diferencia sobre el resto y escarnio de la Empollona Interior, El Prenda, el Suizo y yo. Los tres empezamos el curso tarde, nuestra base de chino es mínima y nuestros idiomas maternos (el Suizo habla alemán) están llenos de vocales abiertas, consonantes fuertes y alfabeto latino, así que no nos van muy bien las cosas.

No hablamos mucho entre nosotros, pero estamos unidos por un vínculo desesperado e invisible, como el de los gemelos de Inseparables o el de Henry Lee Lucas y Otis Toole, escrito con hanzis dignos de un zurdo loco y ciego. El Suizo mira hacia la pizarra con la cara de Candy Candy cuando las malvadas del internado se metían con ella y oigo murmurar al Prenda “la madre que la parió” con acento de Málaga al menos dos veces al día. Es como si me leyesen la mente.

El chino exige paciencia, dedicación, memoria visual, buen oído y cintura a la hora de cambiar conceptos, y me temo que estoy un poco oxidada en los puntos 1, 2 y 4 y está claro que tengo que estudiar más. Estudiar chino es como cazar mosquitos de noche. Es exasperante y agotador y cuando empiezas, sabes que los hanzis escurridizos y los diminutos transmisores potenciales de malaria son infinitos y siempre habrá más de donde salieron los primeros, pero cada ideograma dominado, cada mosquito aplastado y cada compra en el super realizada con éxito representan una pequeña victoria personal y provocan en el estudiante una alegría infantil y casi maníaca.

Es adictivo y se lo recomiendo a cualquiera que disfrute metiéndose en jardines complicados y quiera olvidarse de cualquier cosa que no sea el chino. ¿Mal de Amores? estudia chino, ¿Crisis Personal? estudia chino, ¿Estas Gordo? estudia chino (no es broma, el chino adelgaza). Ojo, estudiar chino genera una mala hostia importante y desde luego no se lo recomiendo a nadie que tenga problemas con el control de la ira. Alguna vez he salido de clase con un dolor de cabeza impresionante y pensando que estaba a partir un piñón con los tíos de la matanza de Columbine.

Como os decía, soy una alumna de chino espantosa. En parte, porque el chino es harto complicado, empecé el curso tarde y está claro que no estudio lo suficiente; en parte, porque me cuesta un horror seguir las explicaciones de mis laoshis, que dan la clase en ingles, digamos expresionista (con conversaciones de lo más extrañas, del estilo ¿Cuántos surrealistas hacen falta para cambiar una bombilla? Respuesta ¡El pez!, y conste que no exagero nada) o directamente en chino, en lo que parecen velocidades supersónicas. Esto lo tengo contrastado con algunos compañeros del Degrassi y coinciden conmigo, también sospechamos que al menos una de ellas obtiene cierto placer perverso torturándonos a la hora de hacer los ejercicios. Le encanta decirnos “tenéis cinco minutos para acabar” y preguntarnos si hemos terminado a los 30 segundos exactos, con una aviesa sonrisilla en los labios. A mí me pone muy nerviosa y mis compañeros, más jóvenes y hormonados le toman el pelo en venganza siempre que tienen oportunidad.

Creo que también se debe a que mi Diseñadora Interior odia a muerte nuestros libros de texto. La tía tiene una deformación profesional importante después de pasarse quince años maquetando cosas chulas (o eso piensa ella), y sufre mucho con los bitonos negro/rosa salmón, los dibujos cutres y la maquetación demencial, con hanzis demasiado pequeños y listas de vocabulario que jamás están enfrentadas con el dialogo que les corresponde, y eso perjudica enormemente el aprendizaje de putonghua de todas las Petardas Interiores que con ella conviven.

Esto de odiar los libros de aprendizaje de idiomas me lleva pasando toda la vida. No sé por qué, pero en vez de ser una simple guía de gramática y vocabulario, con ejemplos prácticos y adecuados al día a día (por ejemplo, que te enseñen a decir hamburguesa, café con leche, botas militares o una guía básica de regateo con laopanes) insisten en contarte la vida de algún desgraciado estudiante de inglés, chino o francés.

Siempre son existencias mediocres y aburridísimas y acabas deseándoles un final atroz y lleno de sufrimiento, aunque solo sea por darle interés a la historia. La protagonista de mi libro, que para mas recochineo se titula “Road to sucess”, se llama Annie y es una pobre alma canadiense que tiene que ir andando a clase, prefiere el te a la cerveza y tiene en su cuarto un mapa de China en el que Taiwan es una de las provincias del Zhong guo.

Además es pobre como una rata, y creo que sus colegas Mading y Dawei le desprecian secretamente por hacer regalos cutres de cumpleaños (un diccionario de chino, le regalo a Mading este año, hace falta ser miserable) y decir gilipolleces como “El chino no es difícil” o “Los taxis son muy caros”. Ahí te pudras Annie, espero que al final del libro te atropelle un chuzuche y un enorme xiongmao devore tus entrañas en mitad de Tiananmen, mientras Mading y Dawei bailan borrachos alrededor de tu cadáver.

He aprendido a decir libro de ejercicios, besito y plátano.

NOTA: A los edtores de libros para aprender idiomas: se maquetar y he sufrido vuestros delirios en mis carnes morenas. Si en algún momento buscan un maquetador decente, barato y que simpatice con sus lectores potenciales, no duden en ponerse en contacto conmigo. Y por favor, eviten el rosa salmón en los bitonos, que no estamos en los 70.

Libro de ejercicios:书本/Shūběn/supen
Besito:亲亲/QīnQīn/chinchin
Plátano:香蕉/Xiāngjiāo/sianchiao

 

Como ya sabéis, me he matriculado en Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, en parte para estudiar algo de chino y en parte, no lo voy a negar, para conseguir el visado de seis meses que me permita residir y trabajar aquí. Os confesare que a mi Empollona Interior, después de tantos años acomplejada por haber estudiado una pseudo FP y no haber sufrido el parto de una tesis, le hacía ilusión eso de la Experiencia Universitaria y comprarse portaminas, bolis de esos de cuatro colores y cuadernos del Angry Birds, (está claro que no sabía en que berenjenal nos estábamos metiendo todas mis Petardas Interiores, y que ahora os contare)

El SISU es un sitio bastante curioso y desde luego tiene mucho mas encanto que cualquier facultad española en la que haya puesto un pie. Está lleno de zonas ajardinadas, guardias de seguridad, gatos callejeros y estudiantes en chanclas que van como pollo sin cabeza. Todos los edificios son rosa pastel y tienen letras doradas con el nombre en la entrada: El Gimnasio, El Centro Floral, El Edificio Administrativo… a excepción del edificio número2, que es donde tramitan los papeles de admisión. Esto lo descubrí después de vagar por el campus durante más de una hora y caerme en un par de charcos el día del mini-tifón, que fue cuando decidí pasarme por allí por primera vez.

También tiene una cafetería rollo Starbucks con un café bastante decente, una tienda para comprar refrescos y chucherías, un restaurante que funciona con cupones y una residencia de estudiantes, que de largo es mi edificio favorito. El vestíbulo esta forrado de arriba a abajo con mármol rosa, apliques de plástico dorado y falsas alfombras persas que le dan cierto aire de casino/ prostíbulo de finales del XIX. En la planta baja hay un ATM; no uno, sino dos acuarios enormes flanqueando la recepción; un piano automático, de esos que tocan versiones de los Beatles y el tema principal de Titanic ad nauseam, cristaleras enormes y una máquina para cambiar moneda que habla con el tono exacto de Madre, el ordenador de Alien. Ardo en deseos de ver las habitaciones de estudiantes, aunque me temo que como no tengan falsos biombos antiguos y lámparas forradas de polyester imitación seda me voy a llevar una decepción.

El resto de los edificios no son para nada tan ostentosos, y sospecho que la construcción es un tanto mediocre. Por ejemplo, el día del mini-tifón, la planta baja del numero 2 se inundo completamente, aunque eso no impidió que en un gesto valeroso y muy cimmerio, atravesase aquel charco enorme y consiguiese llegar a la segunda planta a entregar los papeles. No sé si las secretarias de admisión se mostraron impresionadas por el halo heroico que sin duda me acompañaba, porque el maquillaje se me había corrido hasta hacerme parecer uno de los Misfits, o porque iba dejando pequeños charcos de agua sucia a mi paso, pero me dejaron gastar toda su caja de pañuelos de papel y fueron excepcionalmente amables conmigo, así que les he comprado una botella de blanco alsaciano para que se lo tomen a mi salud.

Pasemos al curso académico en si. Yo estoy cursando el grado de principiantes absolutos de chino. No sé el resto de los grupos, pero el mío es una especie de Instituto Degrassi meets United Colors of Benetton, lleno de chavalines con sombreros ochenteros, cabezas a medio rapar y chalecos de plumas venidos de todos los rincones del planeta. El efecto Degrassi se incrementa espectacularmente cuando se sientan a charlar en los descansos en las escaleras de la entrada, ahí casi puedes oír dentro de tu cabeza la sintonía de la serie.

En mi grupo somos 18. Hay cuatro japoneses, dos coreanas, un nutrido grupo de ucranianos, un portugués, dos españoles (El Prenda y yo) una chica francesa, cuatro kazajos, un chico árabe y un suizo. En cuestión de edad, sospecho que soy la más vieja de todos, con la odiosa excepción del Sr. Kimoto, un sesentón japonés que con su sola presencia y sus hanzis perfectos, me recuerda todos los días que el buen estudiante de chino no tiene edad (En defensa del Sr. Kimoto, y mía también, diré que su nacionalidad le hace tener una ventaja competitiva importante en lo que a escritura ideogramática se refiere, aunque los japoneses pronuncian chino incluso peor el español medio. Chúpate esa Kimoto).

En general son chavales muy majos, y ya empiezo a cogerle confianza a la chica francesa, al brasileño y a la chavala kazaja que se sienta a mi lado, que me chiva las respuestas y, como yo, es adicta a los Wrigleys Doublemint sabor limón.

He aprendido a decir hamburguesa, filete de pollo, pierna de pollo y demasiado caro

Hamburguesa:汉堡/hànbǎo/hanpao
Filete de pollo:鸡 排/Jī pái/iiphai
Zanca de pollo:鸡 腿/Jī Tuǐ/ iithui
Demasiado caro: 太贵了/tài guì le/thai kui leee (hay que decirlo con cara de pena, si no no funciona)

El mismo sábado, cuando salimos del templo fuimos a una librería gigantesca que nos habían recomendado en Fuzhou Lu. Efectivamente la selección de títulos era enorme. Parece que los chinos son grandes lectores, o al menos eso aparentan, excelentes noticias para un maquetador sin trabajo.

La sección de Economía y Ciencias políticas, donde podías comprar los Fundamentos de la Teoría Económica o Poder y Dinero, por ejemplo, estaba de bote en bote (otro día hablare sobre la apasionada relación de los chinos con el vil metal) igual que la de literatura extranjera. Había un montón de cosas interesantes, en la  sección de Arte vimos un libro que te enseñaba a dibujar de manera realista algunos animales:  una mariposa, un gato jugando con un ovillo de lana o un pato de goma con sujetador -este es el tipo de cosas que viviendo aquí te hace pensar que, muchas veces, la pregunta adecuada no es por qué? sino por qué no?- y os confesare que estuve tentada por un momento a hacerme con un ejemplar de Eros y Civilización de Marcuse, para poder fardar en el metro básicamente. Pero nuestro destino no se encontraba en la Sección de Humanidades, sino dos plantas mas arriba, en la dedicada a niños de 2 a 5 años.

Allí nos hicimos con unas cuantas joyas bibliográficas mucho más acordes con mi nivel de chino:  Las aventuras del conejo Anton, volúmenes I y II (el drama épico de un conejito y su oso de peluche que se pone enfermo), un libro de adivinanzas y mi favorito y perla absoluta de nuestra biblioteca, un raro ejemplar que se titula “Wo de Tata haokan ba?” que podríamos traducir por “Es mi caca/pastel bien parecida/interesante/digna de verse?”

El libro tiene unas ilustraciones chulísimas y un botón que hace el ruido de una cisterna, pero según mi experiencia shanghainita, vendría bien incluir un capítulo dedicado a la escobilla y otro que contemple aspectos relacionados con los lugares apropiados (el baño) y quizás no convenientes (la calle, un patio de vecinos, etc…) para depositar la Tata/pastel.  Tampoco habla de la espectacular carencia de papel higiénico en la megalópolis asiática, supongo que eso lo dejaran para la segunda parte.

Después, por recomendación de Dani Yuan, nos acercamos a People Square a echar un vistazo a la que de largo, es la cosa más bizarra que he visto desde que he venido aquí. No sois pocos los que me habéis preguntado como ligan los chinos, y allí descubrimos una de las maneras. Atención, que la cosa tiene tela.

En un rincón del parque, hay un mercado de solteros. Si os estáis imaginando algo tipo crossing campestre al estilo de los tebeos de Ralf Konning, o un parque lleno de gente intentando pillar cacho no podéis estar más equivocados, porque los que van allí no son los solteros, sino sus progenitores. Armados con una hoja A4 plastificada, en la que se resumen algunas características del soltero/a en cuestión (a saber: año de nacimiento, altura, estudios, zona de residencia y requerimientos del candidato potencial) se reúnen allí un montón de sesentones, que cuelgan con pinzas de tender la ficha de soltero en unas cuerdas instaladas a tal efecto y se dedican a conspirar en grupitos de 2 a 5 personas y organizar citas a ciegas en cafeterías para sus retoños.

Curiosamente, las fichas no tenían foto ni ninguna otra característica física que no fuese la altura, pero hacian mucho hincapié en el sueldo, titulación académica y zona de residencia (a veces también en los metros cuadrados de la vivienda). Además de particulares (muchos, y eso que ya era un poco tarde) habia agencias repartiendo tarjetas, en las que se especifica que “en la primera cita no se podrán ofrecer ni aceptar regalos, y las consumiciones será abonadas personalmente por cada candidato”. Parece que aquí el que no corre vuela, y no solo a la hora de placar laowais culogordo subiéndose al autobús.

Mientras dábamos un paseo por la Pesadilla del Soltero Español, bromeando con la posibilidad de abandonarnos mutuamente por un completo desconocido de 1,60 ingeniero agrónomo con el fabuloso sueldo de 10.000 yuanes, nos dedicamos a hacer mentalmente nuestras propias fichas. La mía era algo así como 1,65, nacida en 1978, graduada en diseño grafico, sueldo de 0 a 8000 yuanes, residencia variable, fumadora semianalfabeta con sentido del humor busca aficionado al comic alto y guapo que sepa cocinar. Abstenerse machistas y ejecutivos de marketing. Definitivamente, una joya para cualquier suegro.

He aprendido a decir norte, sur, este, oeste, banco y diccionario.

Norte:北/Běi/pei

Sur:南/Nán/nan

Este:东/Dōng/tong

Oeste:西/Xi/si

Banco: 银行/Yínháng/iinhang

Diccionario:字典/Zìdiǎn/sitian

Hoy he sido una cimmeria muy mala y me he ido a visitar el Chenghung Miao, un templo taoísta, a adorar a dioses que no son Crom. Pero como se que a Crom le da exactamente igual, y mientras siga violando campos y cortando las cabezas de mis enemigos todo va a ir de cine entre nosotros, tampoco pasa nada por quemar un poco de incienso en honor al Dios de la Ciudad de Shanghai. Nunca se sabe cuando puedes necesitar un bonus extra de divinidad y es bueno hacer amigos en las altas esferas.

Para llegar al templo hay que atravesar una zona comercial que recrea la arquitectura del antiguo Shanghai en plastiquillo dorado y, al menos un sábado por la tarde, es un autentico manicomio. Esta abarrotado de tiendas de souvenirs y gente pegando gritos, sacándose fotos y comiendo cangrejos peludos rebozados, dimsum, brochetas de fruta con caramelo y un montón de cosas de aspecto y olor bastante apetecibles. Es un sitio que da mucha hambre, y podría resultar incluso divertido si no tuvieses que utilizar las partes duras del cuerpo para avanzar entre la muchedumbre.

Como el Dios de la Ciudad es un dios pequeño, el templo tampoco era muy grande. Casi mejor, porque aquí los templos y los centros comerciales siempre parecen mas pequeños de lo que son en realidad, y llegado cierto momento te arrepientes de haber entrado a buscar un cable conector tele-portátil o postrarte ante dioses paganos.

Nada mas entrar, había un montón de gente quemando incienso en honor a los dioses del Norte, Sur, Este y Oeste. El ritual consiste en comprar incienso a una señora muy borde, encenderlo en un brasero enorme y hacer tres reverencias mirando hacia cada uno de los puntos cardinales: la entrada, una zona con estatuillas de dioses menores, la segunda ala del templo y la tienda de regalos.

La segunda ala del templo está dedicada al Dios de la Ciudad (una estatua con pelo de verdad en la barba) y sus dos colegas, el Dios de la Prosperidad (que tenía a su derecha al de la Guerra) y el de la Literatura. A estos les echamos unas monedillas, a ver si nos sale algún trabajo y los de wordpress se deciden a mandarme el mail de confirmación para el blog.

En esta zona también había unos cuantos sacerdotes taoístas rezando y  tocando música tradicional, (estridente pero armónica al mismo tiempo, muy avant garde) y una serie de estatuas dedicadas a varios  oficiales, o generales, no nos quedo muy claro,  al servicio de los peces gordos. La mas chula de todas era la de un tipo calvo con bigote que tenía un par de manos saliendo de las cuencas, con los ojos en las palmas de las manos (una imagen que a algunas de las mujeres que lean esto les resultara bastante familiar). Recogimos de una especie de cubo, que recordaba a un concurso de la tele, el mensaje que el Dios de la Ciudad tenía preparado para nosotros, y que espero traducir esta semana, y nos preparamos mentalmente para abandonar la tranquilidad relativa del templo y volver a la casa de locos que había ahí fuera.

El conjunto era bastante bonito y abigarrado, aunque salvo una representación de Lao Tze con los ocho trigramas del IChing (o el símbolo de Dharma en Lost, como mas os guste) tampoco vimos demasiadas referencias taoístas. Eso si, el contraste entre la solemnidad pomposa de las grandes catedrales europeas y un tipo quemando incienso y haciendo reverencias hacia una maquina de refrescos es bastante interesante. Aunque los budistas y taoístas sean todos unos no barbaros que no adoran a Crom, tengo que reconocer que ese pragmatismo a la hora de rezar hace que me caigan bastante bien.

He aprendido a decir crudo, cocinado, saltear y la hora, con sus medias y sus cuartos. También he aprendido a cambiar el idioma por defecto en el Word.

Crudo: 生/Shēng/seng
Cocinado: 熟/Shú/shu
Salteado:炒/Chǎo

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