Última parte en la que se nos revelará el destino, que los dioses del Olimpo dorado han trazado, con gráficas de barras y de quesitos sobre las tiernas cabecitas de estas niñas, que recogidas en flor por sabias manos, han sido traídas a la capital ¡Como un rebaño! Y atadas con hilo invisible que no se rompe, a una fiera máquina que bebe y se deleita con su sangre.

¡Nudos que no se desenlazan! ¿Ha de aparecer en el cuarto cuarto de la hora nona el salvador de armadura brillante que lanza impolutos reflejos de sol blanco como la nieve y ciega a los villanos, que las recogerá con rasante guante de entre las fauces del dragón de lata, que cada mañana entre rugidos las -uuuUUUuuuUUUuuu- reclama?

Las que tienen que servir, cuarta y última parte.

Relatado por Xia Yan, y traducido como su chino le dio a entender por Querido Mister Holmes.

Habitualmente, estas cortesias -gritos, castigos y palizas- solo corresponden a nuestras chicas con contrato. Para las trabajadoras externas se reservan metodos más ingeniosos, como hacerles la vida imposible o encargarlas los trabajos que nadie quiere hacer, entre estas que reciben esta clase de atenciones de las capataces, las hay que para ganarse su favor les ofrecen pequeños regalos, o algo de dinero, todo para asegurarse una vida más fácil. Por supuesto para ellas, tener que dar algo del dinero que tan duramente han ganado a los encargados, es otra carga odiosa, pero para las pobres chicas contratadas, incluso esta obligación parece un privilegio de las que ellas carecen. Cuando unas amargamente se quejan de esta extorsión, las otras las envidian el derecho a disponer de la libertad de usar algo de su dinero para evitarse la furia de los capataces.

Bajo una regulación especialmente favorable y contando con con una mano de obra barata y abundante de la que alimentarse, las industrias japonesas en China crecen saludables. Si tomamos como ejemplo la gran fábrica de tejidos japoneses de la calle Fulin1, cuando en el vigésimo octavo año del reinado del emperador Guangxu los inversores de la firma Mitsui2 compraron el terreno y levantaron la primera nave industrial, dentro de ella contaban con menos de 20 mil ejes de hilado. Treinta años después se alzan seis plantas de hilado, equipadas con 250 mil ejes, cinco plantas de tejido y seis mil maquinas de estirado, todo ello atendido por 8 mil obreras y sostenidas sobre una inversión de 13 millones de dolares. Dicen que en Estados Unidos bajo cada traviesa que sujeta los raíles de sus vías férreas, está enterrado el cuerpo de uno de los obreros que las construyó, nosotros podemos decir de la gran fábrica japonesa de tejidos de la calle Fulin, que en cada una de sus bobinas de hilo esta encantada por el espíritu una de las trabajadoras que trabajó en ella.

Después de la invasión japonesa de 1932, se llevó a cabo una reforma de los planes de producción, persiguiendo una mayor productividad. El computo global de los últimos años muestra un aumento de la maquinaria y un descenso de los trabajadores empleados. Sin embargo, dentro de esta reducción del número de trabajadores, podemos apreciar un rápido ascenso en el número de las contratadas, que en la actualidad hacen un importante aporte a las plantillas de las fábricas. Contando las treinta empresas que en la actualidad producen en Shanghai y sus 84 mil empleados, descubriremos que de ellos, unas 25 mil son chicas empleadas bajo el sistema de contrato trianual.

Tecnificación y automatización, si en el pasado cada maquina de hilado del tejido era atendida por un trabajador, en la actualidad solo es necesario uno para cada fila de maquinas, si en el pasado cada obrero se encargaba de treinta órganos, cada uno compuesto por ocho bobinas, en la actualidad cada obrera se encarga de 100, en el pasado por cada cinco maquinas de tejido era necesario un trabajador, ahora solo se necesita uno por cada 20, ¡incluso por cada 30 si contamos con un trabajador capaz! En apariencia, podría suponerse que el aumento de productividad ha de suponer un aumento de salarios, ¡La realidad no es tan sencilla! Menos obreros y peor pagados obran el milagro de producir más por menos, aunque el tema de los salarios no es uno que afecte a las protagonistas de esta historia, cuanto cobran o dejan de cobrar no es asunto que les deba preocupar personalmente, ya que el salario de las chicas contratadas, pasa en virtud al contrato firmado al bolsillo de la parte contratante, el jefe de cuerda.

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Dos tazones de arroz por comida, 12 horas de trabajo, tecnificación y automatización, trabajar en la fábrica y, al volver de ella, seguir trabajando en lo que el señorito quiera mandar, esta es la vida de las cerdas como las llaman sus jefes, poco mejor que la del barro sobre que ellas pisan al caminar… Pero esta maquinaria de carne y hueso, en definitiva, no se puede comparar en calidad a las modernas adquisiciones de acero traídas de ultramar, y pocas veces llegan a cumplir la duración de sus contratos, una estimación aproximada concluye que la mayoría aguantan unos dos años de los tres firmados. Trabaja, aunque estés tan débil que no eres capaz ni de caminar, trabaja, todas igual de delgadas, todas dobladas hacia adelante, como arcos, caras miserables ¡Las muertas sirvientes! Que tosiendo, boqueando pesadamente, cubiertas de sudor frió, son arrastradas a trabajar. Por ejemplo, esa, tan delgada que da miedo, tanto que las oficiales, encargadas supuestamente de revisar el estado de salud de las trabajadoras, no se atreven ni siquiera a tocar con sus manos.

-¡Midela tú!, Es como un esqueleto, si la tengo que tocar yo, esta noche voy a tener pesadillas-

Pero la que no tiene miedo a las pesadillas es la jefa, algunos de sus amigos, asqueados por la visión de la cerda tan flaca le dicen – Hazle un favor, deja que se vuelva al pueblo-

-¿Qué deje que se marche? ¡Vale! Entonces me devuelves tú lo que aún me debe ¡Dos años de alimentación y alojamiento!- Y volviendo la cabeza clava los ojos en su chica y dice:

-¿Marcharte? ¡Ni lo sueñes! Mientras que no devuelvas lo que me debes, prefiero tener que pagar un ataúd y hacerte trabajar hasta matarte-

El salario de esa, es de 38 céntimos por cada jornada de doce horas, el año pasado gano 32 céntimos por día, haciendo la media. Después de los dos años trabajados, ya ha hecho ganar a su jefa ¡Por lo menos 230 dolares!

Otra, después de un año de esta clase de vida, con no poco esfuerzo, consiguió convencer sin que nadie se enterara a una de las trabajadoras externas de que escribiera para ella una carta destinada a su familia, suponemos que el papel, el sobre y el sello salieron de la solidaridad de alguna otra. Escrita y mandada la carta y después de pasar un mes sin recibir respuesta, medio esperanzada y medio muerta de preocupación, aún espera ver aparecer a su madre, venida hasta Shanghai para llevarla de vuelta a casa. Lo que no sabe es que esa carta acabó, por vueltas que da la vida, en manos de su jefa, que cuando vuelva hoy del trabajo la está esperando acompañada de dos de sus capataces. De un salto, con la cara roja de furia la agarra por el pelo y la emprende con una mezcla de palos, patadas, gritos e insultos – ¡Te voy a matar, puta! ¡Estas son las historias que cuentas por ahí!

-¡Tres comidas al día y así me pagas!

-¡Te voy a matar! ¡Vas a servir de ejemplo!

-¡Quien la ha escrito! ¡Habla! ¡Habla!

Todas las rodean, presenciado como corre la sangre y oyendo los gritos de una y otra empiezan a temblar… Parece que el ejemplo, realmente ha surtido efecto. Cuando se ha cansado de la paliza, la arrastran hasta el edificio que sirve como alojamiento a la familia de los jefes, donde la encerraran en algún cuarto para que reflexione sobre sus faltas toda la noche. Esa noche en los dormitorios de las trabajadoras no se escuchara un solo ruido, más que un gemido sordo, el de un ejercito de esclavas que en mitad de la oscuridad, con los ojos clavados en el techo, lamentan su suerte entre sollozos.

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La constitución del cuerpo humano es a veces una cosa realmente muy rara, por la fábrica han pasado muchachas gordas y saludables como un cebón, que en cuestión de días se partieron como una rama seca, y antes de pasar un mes ya estaban muertas. Por el contrario, esa, que ya era tan delgada que parecía un esqueleto cuando llegó, ha sido capaz de aguantar un día tras otro. En lucha contra la muerte cada minuto que pasa, aún tiene la fuerza de voluntad para seguir viva. Cada comida dos cuencos de arroz, doce horas de trabajo, entre un ruido, entre humedad y polvo, trabaja, en silencio, mecánicamente, sin parar un momento, una y otra vez, exprimiendo de ese saco de piel y huesos hasta la ultima gota de sangre y sudor que pueda quedar en su interior. Mirando a esta famélica señorita-maquinaria generadora de beneficios, no puedo evitar pensar en las garzas negras que usaban los barqueros cuando era niño, estos pájaros, que se parecen mucho a un cuervo, pasaban todo el día posados en fila sobre la borda, atados con una cuerda larga por una de sus patas a una argolla clavada en la barca. De cuando en cuando echaban a volar, para lanzarse en picado en busca de un pez y volver con su trofeo a la barca, donde el dueño mediante suaves tirones extraía de sus buches el premio. Escupir y volver a pescar, pescar y volver a escupir, después de todo un día de pesca, el dinero de la venta de los peces conseguido con su esfuerzo, no era para ellas, sino para sus dueños. A ojos de un niño, no había con ellas ningún maltrato, los barqueros se ocupaban de criarlas y las daban de comer hasta que se hartaban, pero ahora, que esta relación se ha establecido entre personas ¡Ni siquiera se toman tantos cuidados!

Para estas miles a las que se deja morir de hambre, no existe luz, no existe calor, no existe esperanza…no hay leyes ni humanidad. Solo técnica, mecanismos y sistemas, aplicados hasta las últimas consecuencias y posibilidades descubiertas en veinte siglos de progreso y ciencia, y contra los que no se opone conciencia, ni solidaridad ni protestas. Forjadas entre golpes de martillo y abrasadas por las chispas que saltan desde las urnas en las que se cuela el metal fundido ¿Por qué este calor no produce llamas? ¿Es que el fuego que pueda liberarlas se ha extinguido?

Da lo mismo, contra la llegada del nuevo día que ya se acerca, no sirve de nada oponer resistencia. Alguien habló de los cuerpos de los obreros enterrados bajo cada traviesa, yo también quería advertir a sus señorías que prestaran atención a las protestas de los espíritus encadenados a los ejes de hilado que giran y giran.

Escrito en Shanghai en 1936.

1En el perímetro donde antiguamente se situaba esta factoría, se sitúa un centro comercial, en la que entre otras marcas, tiene un punto comercial ZARA.

2Esta empresa sigue existiendo, Mitsui es uno de los mayores conglomerados industriales japoneses, su casa madre sigue siendo, como entonces, un banco de inversiones.

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