En el anterior capitulo dejamos a nuestras niñas en cruel intersección, en manos de malvado villano sicario de C.A.P.I.T.A.L. Sociedad Limitada, volvemos a la historia que las ha traído, desde el hogar devastado hasta factoría textil en la que han de descubrir que la gran ciudad, oh ramera inmoral, no es como se la han pintado. ¿Resuena este folletín en su corazón arrasado por promesas de prosperidad y de puestos destacados?

Y sin más preámbulo pasamos a la segunda parte de este serial que esperamos les esté agradando.

Las que tienen que servir (II)

Traducción de Míster Holmes, del original 包身工 de Xia Yan.

Justo pasadas las cuatro y media de la madrugada, cuando la escasa luz no arroja sombras y la última estrella aún no se ha apagado, los callejones entre los edificios residenciales de estilo de ultramar que alojan a nuestras señoritas invitadas desde el agro, ya están llenos. Recibidas por esa brisa fresca y cargada de un poco de humedad con la que tan habitualmente el cielo bendice a los habitantes de la ciudad levantada entre canales y aguas estancadas, se arremolinan alrededor de los grifos allí instalados, se gritan entre ellas, se lanzan agua unas a otras y se intentan quitar las fibras de algodón que forman nudos en su pelo entre tirones de peine desdentado. Mientras el jefe o alguno de sus capataces las vigila, apoyado indolente a un lado de la puerta y sujetando un fajo que contiene los documentos de identificación de sus trabajadoras, dándose aires de taquillero de estación ferroviaria situada en un país de fabula solo poblado por niñas.

En el interior del edificio tras limpieza general consistente en colgar de las paredes las esteras que sirven como colchón a sus moradoras, todo esta dispuesto para el desayuno. Mise en place de unas decenas de cuencos y un puñado de palillos distribuidos rodeando desenfadadamente una gran olla llena de unas –ligerísimas– gachas de arroz. La ración establecida es de tazón por trabajadora, de lo que por las mañanas y noches son gachas y al mediodía arroz digamos que blanco, refrigerio este último que se reparte en la fabrica para más comodidad de las niñas. De receta en absoluto vulgar, las gachas se componen de una pizca de granos de arroz, un puñadito del socarrado que se pega a la olla y un toque de poupurrí de trozos de arroz roto y otros ingredientes secos, que se complementan con generosa ración de esos restos de tofu que allá en el pueblo se usan para alimentar a los cerdos. ¿Añadir a la receta verduras? En estos ambientes se consideraría verdaderamente extravagante, pero se conoce que entre los jefes de la especie benevolente, estos gustan de recorrer los mercados para encontrar las hojas de remolacha, zanahoria y apio más en flor, que sumergidas en una delicada salmuera habrán de servir de delicatessen para sus empleadas.

El salón comedor solo cuenta con dos bancos para sentarse, pero aunque contara con más, las dependencias son obviamente insuficientes para recibir a las treinta comensales que justo en este momento entran en enjambre, haciéndose con un cuenco y que tras catar el manjar con desparpajo lamiendo los pegotes del mismo que han rebosado desde la olla sobre la mesa, presentan su tazón, que comen en cuclillas o de pie aquí y allá. Algunos días, como el cumpleaños de la jefa o el jefe o el día de paga, la ración puede ser más abundante, otros días las que entran tarde en el comedor por ser su turno de limpiar las habitaciones o vaciar las letrinas, se encuentran con una olla vacía. Sus quejas mueven a la jefa a rascar cualquier resto que se pueda haber quedado pegado en la olla y tras añadir algo de agua fría y mezclarlo todo, vuelve a colocar enfadada la olla frente a estas herramientas baratas, cuyo mantenimiento considera que no debería ser tan oneroso.

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-¿Otra vez haraganeando? Cuando acabe contigo vas a tener motivos de veras para no levantarte ¡Así aprenderás!

Tras la gran huelga1 y la aparición de movimientos que dicen defender lo que ellos llaman los derechos de los trabajadores, los propietarios han descubierto súbitamente una nueva consideración por las necesidades de esta maquinaria barata de manufactura china. Según se dice, el cambio obedece a razones puramente empresariales, al fin y al cabo el material con la que están construidas es débil carne y hueso, por lo que si son sometidas al estimulo de las mayores privaciones, han de responder descubriendo en si mismas una capacidad productiva que nunca hubieran sospechado poseer.

Pero a veces se da que alguna de estas tontas topan con alguna de esas ideas raras que se han puesto de moda, y la influencia de estas ideologías, hace que ni siquiera matándolas de hambre se les puede obligar a trabajar. Por si fuera poco, en los últimos tiempos los obreros han empezado a cada vez en mayor numero abandonar la fábrica Las razones, sean cuales sean, son desconocidas para los propietarios, maldita la falta que hace perder el tiempo en estas averiguaciones. Cierto experto con gran experiencia, sostiene que es imperativa la mejora de las condiciones de trabajo, que el uso de la fuerza no puede acabar con las demandas de este movimiento que llaman del 30 de Mayo, y que si estas demandas fueran atendidas no sería necesario recurrir a la amenaza de la fuerza para mantener el orden.

¿Veredicto?

– No, de ninguna manera, aplicar estas ideas ridículas, ese benevolentismo (así han bautizado a esta teoría) a todas luces excesivo, no, no y no- La solución es seguir trayendo, a cada vez mas, de esas crías del campo, a esas trabajadoras contratadas, para sustituir a esos trabajadores por jornada tan preocupados por sus derechos.

En primer lugar, las crías pertenecen a sus cuerdas. Por un periodo -estipulado por contrato legal- de tres años liberadas de la libertad de “hacer” o “no hacer”. Y como cada día de su trabajo supone el usufructo de su jefe, en caso de enfermedad o indisposición, se puede contar con un adulto responsable que utilizará todos los medios para persuadirlas de la necesidad de mano de obra de la fábrica, ya sea con patadas o a palos.

Tomemos el ejemplo de esa (que es aplicable a otra cualquiera)… Una mañana especialmente fría, asustada por el intenso frío y por la mordedura del viento gélido que soplaba fuera, se arrastró hasta una de las esquinas de la habitación, se hizo un ovillo y ahí se quedó escondida. Al darse cuenta que la encargada de la olla no estaba en su puesto, y al responder sus compañeras de cuarto -Esta mañana de verdad que está muy mala- fue mandado el capataz a ver que pasaba. Los capataces son, si no familiares del jefe, matones y macarras locales de cierta reputación, ángeles exterminadores de barriada con potestad sobre la vida y la muerte de sus habitantes. En seguida se oyeron los quejidos de la cría, que haciendo gestos, intentaba comunicar que aquella mañana no tenía fuerzas e imploraba comprensión hacia la silueta del némesis que se recortaba en la puerta.

-Así que fingiendo estar enferma, aquí te traigo tu medicina-

Y la agarró del pelo tirando para levantarla, ante su negativa de pataleos y arañazos, recurrió a una patada, y luego, como marca la costumbre, a otra y otra…Pero la paliza se vio rápidamente detenida ¡Entre los gritos de dolor del macarra! Que se quejaba del daño que se había hecho pateando aquel saco de huesos puntiagudos, la resistencia fue finalmente sofocada cuando con mano ágil procedió a coger un cubo de agua que otra llevaba y lanzó su contenido sobre la cabeza de la enferma. El frío de invierno, la sensación del agua helada y la amenaza de otro remojón fue más de lo que podía soportar y se incorporó, recibida por una jefa que se reía enseñando mucho los dientes.

– Vaya con la enfermita, un poco de agua fría ha bastado para curarla.

Y este es un ejemplo como otro cualquiera.

lqs202 Segundo, están recién traídas del pueblo, la mayoría procedentes en origen de andurriales sobre los que los jefes ejercen un control casi total, al menos en lo que a la entrada y salida de información se refiere. Rodeadas por muros y carteles -zona de trabajo, prohibido el paso- estas señoritas de provincias quedan aisladas del mundo de ahí fuera, lo que ofrece solidas ventajas competitivas en la gestión de estos recursos casi humanos. De este modo, a las cinco de la mañana, con puntualidad británica se ve aparecer a la puerta de la factoría a estas cuerdas de trabajadoras, entregadas en mano por el propio jefe o alguno de sus capataces, de la misma manera son recogidas al toque de silbato de las seis de la tarde. Los resultados de esta estricta observancia de los procesos de higiene y esterilización en la manipulación de la mano de obra enlatada son evidentes, asepticamente protegidas del resto de trabajadoras y de las bocas siempre sucias de las vecinas, libres de toda influencia perniciosa o idea descarriante que pudiera producir fermentación o infección bacteriana del producto.

Finalmente y despues de todo son mano de obra barata. Traídas a la fabrica por su jefe son bautizadas con el nombre de aprendiz, significando su periodo transitorio en el que seran observadas y juzgadas deux ex machina, catalogada su valía productiva y confirmadas en el nombre de peón aquellas que se adapten a los procesos conformantes de la moderna producción en serie, a la Ford, convertidas ellas mismas de materia bruta a producto manufacturado.

A las primeras se les paga por sus jornadas de trabajo -de 12 horas- entre 10 y 15 céntimos de dólar, ocupándolas en limpiar el suelo de la fábrica, abriendo las balas de algodón, separando y limpiando de materia vegetal e impurezas, transportando el material hasta las máquinas sobre sus hombros después de haberlo preparado en fardos y en otros procesos para los que no es necesaria la posesión de técnica ninguna. Unas semanas después ya se consideran preparadas para accionar las maquinas que convierten la materia prima en producto de consumo y son asignadas a los trenes de apalizado, a las cardadoras, maquinas hiladoras y las bobinas que chum-chum-chum hacen girar el algodón sobre si mismo vuelta tras vuelta. En países extranjeros el desbroce de las balas, el esponjamiento del algodón y el trabajo en los largos trenes que preparan el material golpeándolo mecánicamente esta reservado a obreros de sexo masculino, en Shanghai, los propietarios no son observantes de estos preceptos prejuiciosos e inferencias gubernamentales, no considerando que sean labores fuera del alcance de una niña china en perfecto uso de casi todas sus facultades, lo que añade a la satisfacción de romper viejas convenciones obsoletas la del ahorro, ya que lo mismo que puede hacer un obrero, lo hacen estas chicas por una tercera parte de su sueldo…

¡Ay, progreso! Que se te invoca solo cuando interesa, como se te usa y se te usa para convertir la tumescente carne en pulido material de oficina… Procesos manufactureros y mercantiles, origen y destino de hombres y mujeres de los siglos que empiezan por 2 ¿Lograreis hacer de estas brutas, sangre y barro procedente de la jungla, un solido mecanismo que no sufre si no es por falta de eficiencia?

Quedan invocados todos a seguir descubriendo la respuesta a este y más desconocidos aún por conocer en la siguiente entrega de nuestro serial art decó: Las que tienen que servir.

¡No se lo pierdan!

1Con la gran huelga me refiero a los sucesos del 30 de mayo de 1925, en los que tras la cuarta reunión nacional del comité del Partido Comunista, se produjo una manifestación contra el gobierno, las condiciones sociales y económicas y la agresión japonesa en el norte de China. La fecha de esta protesta dio nombre a la reacción social que se produjó contra el gobierno del Kuomintang -movimiento del 30 de Mayo- que daba fe de la brecha cada vez mayor entre el KMT y los comunistas y que terminaría en guerra civil.

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