Como he cambiado recientemente de trabajo, también ha cambiado mi forma de desplazarme, así que he podido abandonar el pulido hormiguero del metro de Shanghai, con sus aglomeraciones y sus surrealistas anuncios animados y optar por una alternativa mucho menos futurista y subterranea pero desde luego mas divertida: el autobús público.

Los autobuses shanghaineses (al igual que los taxis, que tienen un parecido notable con el muy español y entrañable Seat 131 Supermirafiori y de los que hablare otro día) poseen una carroceria, amortiguación, capacidad de frenado, prestaciones y estilo de conducción que podriamos calificar definitivamente como vintage y son una de esas cosas que me hace tener la impresion de vivir en un extraño bucle temporal, a saltos entre 1975 y 2137.

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Como todos los medios de transporte, tiene sus normas no escritas sobre uso y convivencia entre usuarios, en el interior del vehiculo, y otros utiles y seres movientes (coches, peatones, perros y gente en bici) en el exterior del mismo.

1/ La primera norma, es que el autobus shanghainita se mueve al menos al doble de velocidad, si no mas, que el resto de los vehiculos que pueblan la calzada e ignoran totalmente cualquier norma de circulacion, hasta el punto de convertir un viaje rutinario hasta la oficina en una escena digna de lo mas loco de Death proof.

La carretera es suya y de nadie mas. Esto es así, y sospecho que en realidad, el proposito de los autobuses aquí no es tanto el transporte de pasajeros, ni cumplir con ninguna clase de horario o continuidad (porque la frecuencia de paso es totalmente aleatoria, y no es nada raro que pasen dos autobuses de la misma línea seguidos y en veinte minutos no aparezca ninguno), sino que en realidad se trata de una especie de prueba de estrés para comprobar la entereza, nervios de acero y animo suicida de los conductores y conductoras (que hay muchísimas) y destinarlos después a algun trabajo de mas categoría, como piloto de cazas, de F1, astronauta, o cualquier otra cosa relacionada con romper la barrera del sonido que pueda tener en mente el PCCH.

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Esto es importante, tanto dentro como fuera del autobus, como diria Tom Wolfe en Electric Kool-Aid Acid Test porque:

-Si estas cruzando un paso de cebra, aunque el semáforo este verde, el autobusero/a NO va a parar, ni a frenar, solo se va a limitar a pitarte como un loco desde una distancia de unos 200 metros y hacerte temer seriamente por tu integridad física, asi que corre. Corre MUCHO.

-Si estas en la parada esperando o quieres bajarte del bus,tienes 15 segundos exactos para usar las puertas, ni uno más ni uno menos. De vez en cuando hacen una excepción y recogen a algun rezagado, o abren a alguna abuela a la que no le ha dado tiempo de llegar hasta la puerta (la única manera de conseguir este trato de favor es berrear TENGSHIA, TENGSHIAAAAA, como si te fuese la vida en ello) pero no les suele hacer mucha gracia.

-Si acabas de subirte al autobús, tienes que encontrar algo a lo que agarrarte y tienes que hacerlo DEPRISA. Cualquier retraso, desenredando los cascos del móvil, guardando las llaves o tirando una lata de refresco a la papelera puede hacer que acabes estrellándote contra el parabrisas ante los AIYOOOS y exclamaciones de un monton de diminutos testigos de la Revolucion Cultural, tú veras lo que haces.
2/ Si el autobús es el rey de la carretera, el jubilado chino es el rey del autobús. Este es su feudo y su castillo rodante, y mientras se desplazan hacia su reserva al aire libre en el Parque LuXun (AKA Parque Luisín) para dar paseos, bailar y cantar a grito pelado en karaokes improvisados, te lo harán saber utilizando el lenguaje universal del codo en los riñones. A diferencia del metro, donde impera la ley del gremlin y la jungla, en los autobuses SI hay que cederle el asiento a los lao ren, embarazadas y gente que viaja con niños, pero sobre todo, a los lao ren, así que:

– Como la media de edad de los usuarios está en esa franja indeterminada entre los 75 y los 150,  si estás en edad de trabajar no vas a poder sentarte mas de tres minutos seguidos jamás, a menos que el autobús este prácticamente vacío (y eso es casi tan raro como encontrarse dinero en la calle). En cuanto apoyes tu gordo culo laowai en el asiento, el autobús llegara a la siguiente parada a escandalosas velocidades, aparecerá una diminuta y adorable anciana y tendras que levantarte entre Xiexies y Qingwens si no quieres que se te caiga la cara de vergüenza,  así que en mi opinion no merece la pena ni intentarlo.

– Ya os he comentado en alguna ocasión que los jubilados chinos son asombrosamente fuertes y ágiles, como gimnastas deportivas atrapadas en cuerpos octogenarios y creo que esto no se debe tanto al tai chi como a utilizar durante años los autobuses de línea. Cuando una se sube a un autobús, además de agarrarse fuerte e intentar mantener el equilibrio hay que desplazarse de manera más o menos sutil entre parada y parada para acercarse a la puerta de salida, en un ejercicio similar al que haría una Nadia Comaneci de andar por casa entre punto y punto de agarre. Es inevitable llevarse algún que otro empujón y que alguna señora de 1,20 metros se te cuele por debajo del sobaco. Que no cunda el pánico, depurareis vuestra técnica según os vayais acercando a los 60.

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– Los lao ren han desarrollado un método infalible para comunicarse con los conductores/as, y es gritarles al alimón. Por ejemplo, cuando el autobús toma una curva cerrada o va realmente deprisa, o un pasajero  especialmente decrépito tropieza, TODO el autobús entona un sonoro AIYOOOO, o UUUUHHHH, o OOOOOHHHH. Os animo a que os sumeis al coro ululante, porque relaja muchísimo y además es muy divertido imaginarse la escena desde fuera: el conductor con cara de velocidad, el autobús a 120 por hora sin rozar prácticamente el suelo, los venerables señores gritando AIYOOOO… En fin.

– Os comentaba que hay que ir desplazandose poco a poco hacia la puerta de salida, pero es MUY importante no ponerse justo delante de la puerta hasta llegar a vuestra parada. ¿Por qué? Muy sencillo: si os poneis justo a un lado, las puertas se abren como un resorte y es fácil hacerse daño, y si os poneis justo en el centro, en unos segundos os veréis atrapados entre la masa de ancianos venerables que avanza desde la puerta de entrada y la horda de los que vienen de la parte trasera del autobús y quieren bajar; las leyes de la física harán de las suyas y el rozamiento entre dos masas aceleradas que se mueven en direcciones opuestas originaría un efecto de TORSIÓN  sobre vosotros, vuestro bolso, vuestros cascos, vuestro café cutre del Lawson… que os hará girar como una estúpida peonza laowai ante las risas del resto de los pasajeros. Es muy desagradable, así que hacedme caso y colocaros cerca de la puerta, pero no DEMASIADO cerca.

Esto ha sido todo, otro dia hablaremos de taxis, motocarros y otros métodos de transporte. Au revoir!

GrindhouseDeathProof1

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