Muchas veces cuando los privilegiados laowais culogordo emigramos, o nos emigran, aquí al Mandato del Cielo, venimos con una serie de imágenes y clichés en la cabeza importados de distintas películas, libros y productos culturales. Cada culogordo tiene su lista y es el propio País del Centro y sus habitantes  y costumbres los que se ocupan  de desmentir o confirmar estas ideas con mayor o menor dureza.

Por ejemplo, no es raro encontrarse aquí a laowais culogordo, (normalmente varones cisgénero heterosexuales, a partir de ahora LCVCsH) que después de consultar un par de foros de internet, viajan ilusionados  al Zhong Guo pensando que esto va a ser como un vídeo de Biggie Smalls, con la gente ofreciéndoles billetes de 100 yuanes por su cara bonita y un montón de chinas faldicortas y despatarradas esperando que las impregnen, biológicamente hablando. Sobra decir que la realidad no es así, ni mucho menos, y la carita de decepción y los comentarios en consecuencia van de lo risible a lo directamente grotesco, pero de esto, del infame Bar Rouge y de las moscas y la mierda y la fauna que comenta en shanghaiist hablaremos más a fondo otro día.

Al tema. En mi lista de clichés culogordo particular hay un poco de todo:  El Imperio del Sol y todos los libros de memorias (bueno, todos los libros en general) del gran JG Ballard; los cómics sobre las aventuras asiáticas de Guy Delisle (en concreto Shenzen y en menor medida Pyongyang); La Linterna Roja de Zhang Yimou; el pabellón chino de la Feria de Muestras de Gijón; el Nihao y el ChinoPlazaEspaña de Madrid, con sus fabulosas empanadillas; El Último Emperador de Bertolucci, Blade Runner, El expreso de Shanghai, el rollo expat asquerosete de Los Nombres de Don DeLillo…

Pero la perla de la corona y niña de mis ojos, en lo que a prejuicio chinófilo se refiere siempre ha sido y siempre será la tienda del dueño original de Gizmo en Gremlins I. No sé si os acordareis de ese sótano de iluminación tenue lleno de trastos de inspiración Ming y cosas raras, con su dueño opiómano y tuerto y su becario de ocho años de edad, a mi me vuelve loca.

En el año y pico que llevo aquí en Shanghai, en general me he encontrado mucho más Ballard del que imaginaba y bastante más DeLillo del que me hubiese gustado, la dosis justa de Blade Runner y de Shenzen (de momento y gracias a CROM) y toneladas de deliciosas empanadillas y otros manjares, pero eso si, muy, muy poco rollo Gremlins, y a la Niña Gafotas Interior, con su debilidad por lo fantástico-sobrenatural la tengo algo decepcionada, porque venirte a la otra punta del mundo, a la patria de los Mogwai y el misterio oriental para encontrarte un Zara detrás de otro… pues ya me diréis.

Por suerte para ella, hace un par de semanas hicimos una pequeña excursión al Kai Xuan Men Dasha, que es un sitio que aunque tiene de Ming lo que yo de rubia y está desde luego, bien iluminado (muy a la china, con neones de esos cegadores que hacen que la gente tenga la piel verde) desde luego está lleno de cosas MUY raras, por no decir rarísimas, y mas chinas y misteriosas que el culo del Gran Timonel. Bienvenidos, señoras y señores al Mercado de la Salud y el Juguete Sexual de Shanghai

El edificio, desde fuera, con su forma de U invertida, no anticipa en absoluto las maravillas que nos vamos a encontrar en el interior. El vestíbulo, con sus floripondios y su suelo lleno de serrín recordaba vagamente al que sale en Dawn of the Dead, la de Romero, o a cualquier otro centro comercial chino sólo que mucho mas sucio, pero en cuanto te pones a dar vueltas por las tres primeras plantas…

Sacos llenos de pétalos de flores secas para infusiones,de todos los colores imaginables, setas desecadas del tamaño de la palma de mi mano, lagartos listos para infusion, penes de ciervo, estrellas de mar, todo tipo de vegetales secos llenando sacos a rebosar, frascos con bichos raros en formol, astas de animales desconocidos, pequeños moluscos y raices y cortezas sumamente misteriosas, caballitos de mar secos… Todo a mayor gloria de la virilidad, fertilidad, potencia y calidad de los diversos aspectos de las artes amatorias. Como una enana me lo pase.

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En la cuarta planta, estaba la zona moderna del asunto. Detrás de un enorme cartel que decía, “niños no” se escondían toneladas de ropa interior sexy de ínfima calidad, disfraces diversos, dildos y similares de todos los colores y formas imaginables, algunos con un packaging muy divertido, como vereis a continuación, y una asombrosa cantidad de artículos BDSM, látigos, esposas, elementos restirctivos, fucking machines, y bueno, de todo un poco.

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Aunque la iluminación recordaba vagamente a la difunta Librería Sexológica de Madrid, el ambiente en general se parecía bastante mas al de cualquier mercado chino, como el de mascotas de Xizang Lu o el de ropa de Qipu Lu aunque con menos afluencia de público (gente pegando voces, mercancía amontonada, batiburrillo de chismes llenos de polvo, señoras haciendo punto, regateo salvaje…) que al de cualquier sex shop al uso, vamos, que no había señores furtivos, ni tufo a ambientador de fresa, ni desde luego vibradores caros expuestos en elegantes vitrinas con amables dependientes. La visita merece la pena, aunque no seais fans de los Gremlins y si en algún momento pasáis por aquí, os recomiendo que os acerquéis a echar un vistazo y comprar un té de lagarto, un poco de hongo tibetano o un gigantesco vibrador fucsia. Aquí tenéis la dirección.

NOTA: Como se que me lo vais a preguntar: SI, me he comprado algo, en concreto un disfraz de ninja sexy, compuesto por un bañador de manga larga y capucha que deja los ojos al descuberto y unos nunchakos, todo de riguroso plástiquillo negro. Costaba 10 euros y no pude resitir la tentación, que queréis que os diga. Y NO, no voy a subir fotos de como me queda puesto, así que menos cachondeo, que nos conocemos.

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