Hoy es 1 de Octubre, Dia de la Nación aquí en el Mandato en el Cielo. Hace un año exacto que me vine a China a probar suerte, y os puedo decir que pasado este tiempo, las cosas han ido, en general, bastante bien. Muchas veces echo de menos Xipanya con una nostalgia fadista digna de Amalia Rodrigues, adaptarse resulta sumamente duro, amiguitos, (aunque muy divertido a ratos), sigo hecha una analfabeta funcional y en ocasiones, esto no parece otra cosa que un manicomio disfrazado de casino de Las Vegas y rezo a Crom por un lanzallamas portátil, como bien sabéis los que me leéis en facebook. Pero por otra parte, tengo que reconocer que en muchos aspectos, el País del Centro se ha portado bastante bien conmigo, sobre todo en los laborales, y a eso veníamos.


En estos meses, mi status como laowai culogordo ha pasado de pseudo estudiante y freelance ocasional a Alien Worker de casi pleno derecho, ejerciendo además mi profesión habitual, que es el diseño gráfico.  Teniendo en cuenta el panorama en Xipanya, tanto para el trabajador en general como para el dedicado a la cosa gráfica; las condiciones en China (obviando toda su leyenda negra sobre explotaciones diversas y timos al laowai) son en mi experiencia bastante mejores que en mi país de origen, sobre todo en lo que a contratación y trato al empleado se refiere. La diferencia, y ya siento decirlo, viene a ser la misma que la que hay entre comerse un dalky del Día (marca Día) y un coulant de chocolate en un restaurante de una estrella Michelín. Analicemos:

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  • Aunque adoro trabajar como freelance, porque odio vestirme para la oficina, me encanta trabajar en casa y me permite conocer a mucha gente distinta, esa figura laboral no existe como tal aquí en China; o eres empresario, o eres currito, y eso a la larga iba a resultar un problema, cara a visados y sobre todo, a pago de impuestos. Por otra parte, aunque trabajando como freelance con agencias chinas (con base aquí en Shanghai y en Singapur, no chinas 100%) no he tenido ningún problema (gente organizada, muy trabajadora, que paga al día, con un ambiente estupendo, en un entorno en el que tus jefes te valoran el trabajo, etc…) el flujo de trabajo no era ni mucho menos constante, y otros clientes, en concreto, empresas españolas, no respondían ni de lejos tan bien (porque no es normal, o al menos, no muy conveniente que tarden más de seis meses en pagarte por un proyecto, ni que ni se respeten decisiones de diseño, ni se cumplan los plazos de entrega por sistema, ni se incluyan las fotos de agencia en un presupuesto, ni que pretendan sacar lo que cuestan esas fotos del ya escaso presupuesto de diseño, o sea, el mío). Así que decidí sacrificar mi libertad freelancera para conseguir más estabilidad y hacer algún contacto, aunque sé que la cabra tira al monte y volveré a la oficina en casa en algún momento.

 

  • Partiendo de la base de que tengo cierta experiencia profesional en lo mío, un book bastante decente y ya cierta edad, realmente, no sabía a qué atenerme. La lógica indicaba que tenía posibilidades, la experiencia previa en el País del Dalky (marca Día), apuntaba a que me iba a dar una castaña como un piano, pero había que probar suerte. Ni corta ni perezosa, dediqué una semana a pulir mi book y página web, actualizar el linkedin y el domingo, en vez de descansar, me dediqué a mandar correos con mi CV, pretensiones económicas y aviesas intenciones a todos los estudios, agencias de publicidad y editoriales que encontré y a comer patatas fritas con auténtica ansiedad. En total, un paquete de Pringles, una bolsa de Cheetos y unos 200 emails.

 

  • Resultado: el 70% de los correos tuvieron respuesta, y de hecho, me siguen llegando emails de vez en cuando (los envié en junio). De todas estas respuestas, alrededor del 60% fueron amables negativas, bien porque no necesitaban a nadie, bien porque no les interesaba mi perfil chinoanalfabeto y más bien analógico. Las respuestas positivas se tradujeron en un buen número de entrevistas de trabajo, alrededor de 18, que hice en un plazo de quince agotadores días. El trato, en cada una de ellas, fue exquisito. Todos los entrevistadores se habían tomado la molestia, ya no de leerse el CV, sino de mirarse el book de cabo a rabo (y no es un book corto), informarme de la actividad de la empresa y las condiciones económicas, y lo más importante: decirme inmediatamente si el perfil les interesaba o no. Nada de “ya te llamaremos”, nada de esperar correos que nunca llegan, nada de falsos autónomos ni cochinadas con el dinero, ni con la visa de trabajo. También me felicitaron por las ilustraciones, y os puedo jurar que es en Xipanya es algo que no me ha pasado JAMÁS en una entrevista, o al menos no sin que me pidiesen una gratis justo después y llevo en esto unos quince años. Varias de las personas con las que me entrevisté me tienen añadida a linkedin, aunque no llegásemos a un acuerdo, y ya os digo, a día de hoy, me siguen proponiendo freelances, entrevistas, o directamente ofertas de trabajo.

    La única excepción a esta norma fue un estudio de diseño rarísimo. El jefe, que era todo un personaje, hablaba inglés como Emilio Botín (DEP) y estuvo más bien disperso mirándose las uñas hasta que empezamos a hablar de dinero. Me hizo la entrevista en un despacho infecto, con una tonelada de papeles encima de la mesa y una máquina de remos en el suelo. Pagaban poco, unos 900 euros al cambio, me pidieron una ilustración de prueba, se la entregué y nunca más se supo. Os diré que casi me molesta menos que no me hayan pagado la ilustración que averiguar si efectivamente usaba la máquina de remos en horario laboral, o para qué demonios quería allí aquel chisme. Quizás fuese fan de House of Cards, de Van Damme o se le había caído a alguien de un camión. Nunca lo sabremos.

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  • Finalmente, recibí un par de ofertas en firme y me decidí por un estudio pequeño de la zona de Jingan Temple, con gerencia mixta, mitad china, mitad inglesa. Me había recomendado la gente con la que trabajé de freelance, algo que les agradeceré ad nauseam, y en general no me puedo quejar, o no mucho. El sueldo está bastante bien (1200 euros al cambio, impuestos y seguro médico aparte, con el nivel de vida y gasto que tengo aquí, me permite hasta ahorrar y darme algún capricho)  comida incluida ( y nada de piojosos cheques restaurante eh, auténtica y deliciosa comida china casera, preparada por una auténtica y deliciosa señora china que me dan ganas de abrazar a diario), compañeros de trabajo agradables, chinos y franceses; buen ambiente y no demasiado lejos de mi casa (aunque los viajes en metro sean casi como el tren ese de Snowpiercer, en el vagón de cola)

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Resumiendo, la experiencia de buscar y encontrar trabajo aquí, está como decía al principio, a años luz de la que podría haber tenido en Xipanya hoy. Si os dedicáis al diseño, sobre todo al diseño web, tenéis buen inglés, o mejor aún, buen chino y estáis pensando en emigrar, China me parece una buena opción, con muchísimas empresas en las que probar suerte y desde luego ganas de contratar a gente que sepa lo que hace. Y pagarles, obviamente.

Por supuesto, no todo es un camino de rosas, y otro día os contaré, por ejemplo, el rocambolesco proceso administrativo para conseguir el visado de trabajo+permiso de trabajo+permiso de residencia, que aún no he concluido y que hará las delicias de los fans de Franz Kafka,  Kraftwerk  y las fotos de carnet a toneladas.

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Trabajar aquí también tiene sus contras, obviamente. Aquí ya no es que no haya café para todos, es que no hay café PARA NADIE. Trabajan como auténticas mulas, ocho horas sin descanso, ni charletas, ni nada de nada, si acaso un par de cigarrillos furtivos y para de contar. Comen en media hora, o menos, el ritmo de trabajo es infernal y la dedicación absoluta. No es que esto sea en si malo, y a lo mejor estoy quedando de vaga, pero creo que en trabajos creativos, dedicar un rato a charlar con los compañeros, de tipografía, de cine, o del tiempo, buscar referencias y descansar un poco la cabeza es fundamental para la calidad del trabajo, también tomarse las cosas con cierta calma, y mimo, y aquí eso desde luego, se estila poco.

El diseño gráfico es diseño, aquí, en Xipanya y en la luna, y lamentablemente el mercado chino reproduce (o adopta, no me queda claro) muchos de los vicios occidentales en lo que a trabajo diseñil se refiere,  hasta el punto en el que estoy por jurar que hay en algún rincón de China un Álvaro Sobrino velando por la profesión en los mismos términos, o al menos debería.

Muchos clientes, y esto según me comentaban los de la agencia en la que trabajé de freelance es cultural 100%, tiran de despotismo imperial a la hora de trabajar. Negocian presupuestos hasta la ultimísima coma y exigen sumisión total y absoluta a cambio de sus yuanes; si te toca algo de moda o lo que viene llamándose life style, Crom te pille confesada, porque a tu alrededor todo el mundo se convertirá en una Diana Vreeland de quinta categoría,  ojos rasgados y estrecha cartera… Nada nuevo, me diréis, pero si además lo mezclas con las diferencias culturales y de mercado, que son bastantes, el analfabetismo funcional y el inglés ratonero (mío, no de ellos, se entiende, aunque lo del inglés es vicio compartido) que complican enormemente la comunicación, y el ingente volumen de trabajo, puedes acabar volviéndote a ratos un remedo desquiciado de Mad Max o la loca de Audition y echando de menos incluso a Mariano Plasmático y su videoarte, las colas del INEM y el vuelva usted mañana.

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Con todo, diseñatas, os animo a venir y probar. Corremos el riesgo de que esto sea otra burbuja de diseño, como la que vivió Xipanya hasta 2000 y pico, tan vinculada a la inmobiliaria y al síndrome olímpico, y que aquí parece tener un gemelo obeso y desquiciado (aunque comunista y eso puede acabar salvándo los trastos, para bien o para mal) y que en unos años se vaya todo a hacer puñetas, pero al menos estaréis una buena temporada sin probar laboralmente un maldito Dalky, que ya es mucho, y Xipanya no se va a mover del sitio. Hasta otra!

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