Como ya sabéis, me he matriculado en Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, en parte para estudiar algo de chino y en parte, no lo voy a negar, para conseguir el visado de seis meses que me permita residir y trabajar aquí. Os confesare que a mi Empollona Interior, después de tantos años acomplejada por haber estudiado una pseudo FP y no haber sufrido el parto de una tesis, le hacía ilusión eso de la Experiencia Universitaria y comprarse portaminas, bolis de esos de cuatro colores y cuadernos del Angry Birds, (está claro que no sabía en que berenjenal nos estábamos metiendo todas mis Petardas Interiores, y que ahora os contare)

El SISU es un sitio bastante curioso y desde luego tiene mucho mas encanto que cualquier facultad española en la que haya puesto un pie. Está lleno de zonas ajardinadas, guardias de seguridad, gatos callejeros y estudiantes en chanclas que van como pollo sin cabeza. Todos los edificios son rosa pastel y tienen letras doradas con el nombre en la entrada: El Gimnasio, El Centro Floral, El Edificio Administrativo… a excepción del edificio número2, que es donde tramitan los papeles de admisión. Esto lo descubrí después de vagar por el campus durante más de una hora y caerme en un par de charcos el día del mini-tifón, que fue cuando decidí pasarme por allí por primera vez.

También tiene una cafetería rollo Starbucks con un café bastante decente, una tienda para comprar refrescos y chucherías, un restaurante que funciona con cupones y una residencia de estudiantes, que de largo es mi edificio favorito. El vestíbulo esta forrado de arriba a abajo con mármol rosa, apliques de plástico dorado y falsas alfombras persas que le dan cierto aire de casino/ prostíbulo de finales del XIX. En la planta baja hay un ATM; no uno, sino dos acuarios enormes flanqueando la recepción; un piano automático, de esos que tocan versiones de los Beatles y el tema principal de Titanic ad nauseam, cristaleras enormes y una máquina para cambiar moneda que habla con el tono exacto de Madre, el ordenador de Alien. Ardo en deseos de ver las habitaciones de estudiantes, aunque me temo que como no tengan falsos biombos antiguos y lámparas forradas de polyester imitación seda me voy a llevar una decepción.

El resto de los edificios no son para nada tan ostentosos, y sospecho que la construcción es un tanto mediocre. Por ejemplo, el día del mini-tifón, la planta baja del numero 2 se inundo completamente, aunque eso no impidió que en un gesto valeroso y muy cimmerio, atravesase aquel charco enorme y consiguiese llegar a la segunda planta a entregar los papeles. No sé si las secretarias de admisión se mostraron impresionadas por el halo heroico que sin duda me acompañaba, porque el maquillaje se me había corrido hasta hacerme parecer uno de los Misfits, o porque iba dejando pequeños charcos de agua sucia a mi paso, pero me dejaron gastar toda su caja de pañuelos de papel y fueron excepcionalmente amables conmigo, así que les he comprado una botella de blanco alsaciano para que se lo tomen a mi salud.

Pasemos al curso académico en si. Yo estoy cursando el grado de principiantes absolutos de chino. No sé el resto de los grupos, pero el mío es una especie de Instituto Degrassi meets United Colors of Benetton, lleno de chavalines con sombreros ochenteros, cabezas a medio rapar y chalecos de plumas venidos de todos los rincones del planeta. El efecto Degrassi se incrementa espectacularmente cuando se sientan a charlar en los descansos en las escaleras de la entrada, ahí casi puedes oír dentro de tu cabeza la sintonía de la serie.

En mi grupo somos 18. Hay cuatro japoneses, dos coreanas, un nutrido grupo de ucranianos, un portugués, dos españoles (El Prenda y yo) una chica francesa, cuatro kazajos, un chico árabe y un suizo. En cuestión de edad, sospecho que soy la más vieja de todos, con la odiosa excepción del Sr. Kimoto, un sesentón japonés que con su sola presencia y sus hanzis perfectos, me recuerda todos los días que el buen estudiante de chino no tiene edad (En defensa del Sr. Kimoto, y mía también, diré que su nacionalidad le hace tener una ventaja competitiva importante en lo que a escritura ideogramática se refiere, aunque los japoneses pronuncian chino incluso peor el español medio. Chúpate esa Kimoto).

En general son chavales muy majos, y ya empiezo a cogerle confianza a la chica francesa, al brasileño y a la chavala kazaja que se sienta a mi lado, que me chiva las respuestas y, como yo, es adicta a los Wrigleys Doublemint sabor limón.

He aprendido a decir hamburguesa, filete de pollo, pierna de pollo y demasiado caro

Hamburguesa:汉堡/hànbǎo/hanpao
Filete de pollo:鸡 排/Jī pái/iiphai
Zanca de pollo:鸡 腿/Jī Tuǐ/ iithui
Demasiado caro: 太贵了/tài guì le/thai kui leee (hay que decirlo con cara de pena, si no no funciona)

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