Hoy he sido una cimmeria muy mala y me he ido a visitar el Chenghung Miao, un templo taoísta, a adorar a dioses que no son Crom. Pero como se que a Crom le da exactamente igual, y mientras siga violando campos y cortando las cabezas de mis enemigos todo va a ir de cine entre nosotros, tampoco pasa nada por quemar un poco de incienso en honor al Dios de la Ciudad de Shanghai. Nunca se sabe cuando puedes necesitar un bonus extra de divinidad y es bueno hacer amigos en las altas esferas.

Para llegar al templo hay que atravesar una zona comercial que recrea la arquitectura del antiguo Shanghai en plastiquillo dorado y, al menos un sábado por la tarde, es un autentico manicomio. Esta abarrotado de tiendas de souvenirs y gente pegando gritos, sacándose fotos y comiendo cangrejos peludos rebozados, dimsum, brochetas de fruta con caramelo y un montón de cosas de aspecto y olor bastante apetecibles. Es un sitio que da mucha hambre, y podría resultar incluso divertido si no tuvieses que utilizar las partes duras del cuerpo para avanzar entre la muchedumbre.

Como el Dios de la Ciudad es un dios pequeño, el templo tampoco era muy grande. Casi mejor, porque aquí los templos y los centros comerciales siempre parecen mas pequeños de lo que son en realidad, y llegado cierto momento te arrepientes de haber entrado a buscar un cable conector tele-portátil o postrarte ante dioses paganos.

Nada mas entrar, había un montón de gente quemando incienso en honor a los dioses del Norte, Sur, Este y Oeste. El ritual consiste en comprar incienso a una señora muy borde, encenderlo en un brasero enorme y hacer tres reverencias mirando hacia cada uno de los puntos cardinales: la entrada, una zona con estatuillas de dioses menores, la segunda ala del templo y la tienda de regalos.

La segunda ala del templo está dedicada al Dios de la Ciudad (una estatua con pelo de verdad en la barba) y sus dos colegas, el Dios de la Prosperidad (que tenía a su derecha al de la Guerra) y el de la Literatura. A estos les echamos unas monedillas, a ver si nos sale algún trabajo y los de wordpress se deciden a mandarme el mail de confirmación para el blog.

En esta zona también había unos cuantos sacerdotes taoístas rezando y  tocando música tradicional, (estridente pero armónica al mismo tiempo, muy avant garde) y una serie de estatuas dedicadas a varios  oficiales, o generales, no nos quedo muy claro,  al servicio de los peces gordos. La mas chula de todas era la de un tipo calvo con bigote que tenía un par de manos saliendo de las cuencas, con los ojos en las palmas de las manos (una imagen que a algunas de las mujeres que lean esto les resultara bastante familiar). Recogimos de una especie de cubo, que recordaba a un concurso de la tele, el mensaje que el Dios de la Ciudad tenía preparado para nosotros, y que espero traducir esta semana, y nos preparamos mentalmente para abandonar la tranquilidad relativa del templo y volver a la casa de locos que había ahí fuera.

El conjunto era bastante bonito y abigarrado, aunque salvo una representación de Lao Tze con los ocho trigramas del IChing (o el símbolo de Dharma en Lost, como mas os guste) tampoco vimos demasiadas referencias taoístas. Eso si, el contraste entre la solemnidad pomposa de las grandes catedrales europeas y un tipo quemando incienso y haciendo reverencias hacia una maquina de refrescos es bastante interesante. Aunque los budistas y taoístas sean todos unos no barbaros que no adoran a Crom, tengo que reconocer que ese pragmatismo a la hora de rezar hace que me caigan bastante bien.

He aprendido a decir crudo, cocinado, saltear y la hora, con sus medias y sus cuartos. También he aprendido a cambiar el idioma por defecto en el Word.

Crudo: 生/Shēng/seng
Cocinado: 熟/Shú/shu
Salteado:炒/Chǎo

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